domingo, 30 de octubre de 2022

Sócrates, excepciopnal pelotero, firme baluarte de la opción Lula...

Lula y Sócrates: “Ganar o perder, pero siempre con democracia” Socrates Sócrates, futbolista brasileño Nuevatribuna JOSÉ ENRIQUE RUIZ SAURA29 DE OCTUBRE DE 2022, 18:06 A menudo te topas con gente que está “encantada de conocerse”. Algunos de ellos son los que necesitan ser siempre más intelectuales que tú y que cualquiera. Por ejemplo, si quiero dedicar un ratito de mi tiempo a ver un partido de fútbol con mis hijas pequeñas, a veces me dicen que el partido, que todo lo relacionado con el fútbol, es vacío o alienante. Bueno, será así si tú lo dices, pero déjame ser “borrego” mientras me distraigo un ratito a la semana en casa, por favor. Además, se olvidan de que, en el mundo de hoy, este deporte tiene una capacidad de emocionar, ser fuente de inspiración, construir simbología y generar contracultura, que no se da en ningún otro. Quizás por haber sido capaz de lograr todo eso al mismo tiempo, y por hacerlo de forma épica, siempre he sentido predilección por un equipo brasileño: el Corinthians de los años 1982/84, la “Democracia Corinthiana”, capitaneada por mi admirado Sócrates. Llevo años intentando conseguir su camiseta con el dorsal número 8 y letras rojas a la espalda. El Brasil que deja Bolsonaro Ha habido muchos equipos brillantes desde los inicios del fútbol hasta la actualidad, es cierto, pero la “Democracia Corinthiana” fue el único donde todos sus miembros (dirigentes, jugadores, técnicos, utilleros, empleados, etc.) pudieron decidir mediante votaciones democráticas cómo se debía funcionar: estrategias de juego, horarios de entrenamiento, pretemporadas, fichajes… incluso, cómo distribuir el dinero del club. El voto del utillero valía lo mismo que el del capitán del equipo… ¡bravo! Seguro que muchos pensarán que hacer eso sólo puede conducir al caos, pero se equivocan. De hecho, ese equipo fue campeón dos años consecutivos y logró que el estadio estuviera abarrotado durante aquellas temporadas inolvidables. El Corinthians, capitaneado por mi admirado Sócrates, pudieron decidir mediante votaciones democráticas cómo se debía funcionar: estrategias de juego, horarios de entrenamiento, pretemporadas, fichajes… Pero la cosa no quedó ahí, viendo que multitud de aficionados que les seguían estaban entusiasmados con los valores democráticos que estaban transmitiendo, Sócrates y el resto del equipo quisieron llegar más lejos y decidieron erigirse en firmes opositores al régimen dictatorial que estaba oprimiendo a Brasil desde 1964. “Ganar o perder, pero siempre con democracia” es su lema más recordado de los muchos que mostraron durante varias temporadas al salir al césped. Dentro y fuera del campo, este equipo y sus estrellas fueron un referente en la defensa de derechos y libertades para su pueblo durante esos años convulsos. Bolsonaro puso en riesgo las instituciones y el sistema democrático El propio Sócrates, llegando aún más lejos, retó a la dictadura y amenazó con marcharse de Brasil (en ese momento era el líder de la selección nacional y el jugador más emblemático del campeonato) si el parlamento no aprobaba una enmienda que pedía la implantación de un nuevo régimen político basado en elecciones libres y directas. La enmienda no fue aprobada, y Sócrates decidió fichar por la Fiorentina y marcharse a la liga italiana culpando de ello a la dictadura. No obstante, ahí va un spoiler: esta decisión del futbolista no fue sino un nuevo golpe mediático en toda regla que acentuó el proceso de descomposición en que se encontraba ese régimen político y, tan sólo un año después, los acontecimientos precipitaron la ansiada apertura democrática del país. Sócrates respondió que lo que realmente le emocionaba era venir a un país en donde, por fin, podría leer a Antonio Gramsci en su lengua materna… lo dicho, un genio Cuando Sócrates aterrizó en el país transaplino, la prensa local se apresuró a preguntarle si estaba orgulloso de venir a la catalogada como mejor liga de fútbol del mundo en ese momento. Y es que la liga italiana, llamada Calcio, era considerada en ese momento como la NBA del fútbol mundial. Pues bien, ni corto ni perezoso, Sócrates respondió que lo que realmente le emocionaba era venir a un país en donde, por fin, podría leer a Antonio Gramsci (pensador represaliado por Mussolini y fundador del Partido Comunista Italiano) en su lengua materna… lo dicho, un genio. Probablemente, Sócrates y sus compañeros de la “Democracia Corinthiana” verían con tristeza que un nostálgico de aquella dictadura militar, como es Jair Bolsonaro, haya vuelto a estar al frente de Brasil. Hay mucho impresentable suelto por la vida, pero es que Bolsonaro llegó a decir que la dictadura cometió el “error” de no haber matado a más gente… en fin, vomitivo. El sueño de Bolsonaro es un Brasil de ciudadanos armados Aunque Sócrates ya no esté, algunos de sus antiguos compañeros de equipo mantienen fidelidad a su legado y, como ocurre con Walter Casagrande, no dudan en hacer campaña para desalojar democráticamente del gobierno a un Bolsonaro que no ha roto su cordón umbilical con la dictadura. Lamentablemente, por el contrario, también han proliferado otros futbolistas de alto nivel en activo y retirados que, movidos por ideas religiosas o intereses económicos, promueven abiertamente el apoyo a Bolsonaro. Es el caso de Ronaldinho, Neymar, Rivaldo, Kaká, Pelé o Robinho, entre otros. Quien también lo ha hecho ha sido Romario, que ha sido reelegido diputado bajo las siglas del partido de Bolsonaro. En su época de jugador del Barcelona, Romario zanjó una discusión con su entrenador, Johan Cruyff, recordándole que, de los dos, él sí era todo un campeón del mundo. Quizás ese sea uno de los problemas, que el dinero y los éxitos deportivos hagan a estas estrellas olvidarse de cuáles fueron sus orígenes y cómo sigue siendo la vida en las favelas Quizás ese sea uno de los problemas, que el dinero y los éxitos deportivos hagan a estas estrellas olvidarse de cuáles fueron sus orígenes y cómo sigue siendo la vida en las favelas de las que ellos tuvieron la suerte de salir. No obstante, gran parte de la afición brasileña al fútbol tiene memoria y un criterio muy claro para valorar a sus grandes deportistas: “Podrás haber ganado un mundial de fútbol, pero nunca serás como Sócrates”, le dijeron unos aficionados hace unos años a Romario en los inicios de su carrera política. Bolsonaro provocó un apagón cultural en Brasil En Sao Paulo, el Corinthians siempre ha sido identificado como el equipo de la población de las favelas, frente a otros clubs que son asociados a las clases altas. Y precisamente entre la hinchada corinthiana, se encontraba Lula, que ya fue presidente de Brasil durante 8 años y ahora anhela derrotar electoralmente a los defensores de esa dictadura contra la que él y su queridísimo amigo Sócrates lucharon durante los años 80 en las calles y los estadios. Para ello, la vida y obra del larguirucho futbolista con nombre de filósofo griego, sigue siendo fuente de inspiración. Así lo dijo el propio Lula: “La contribución generosa de Sócrates al Corinthians, para el fútbol y para la sociedad brasileña jamás será olvidada”.

Cave el art. de Cercas en el País....

Hijos de la Transición y nietos de la Guerra Civil Carrillo-González-y-Suárez Santiago Carrillo, Felipe González y Adolfo Suárez Roberto R. Aramayo ROBERTO R. ARAMAYO 30 DE OCTUBRE DE 2022, 11:31 Las ilusiones generadas por el triunfo de Felipe González en 1982 fueron tan colosales que debían defraudar por definición. Pero con todo su desgaste de popularidad no fue meteórico. Ganó cinco elecciones generales y tuvieron que aliarse muchas circunstancias para propiciar su relevo al frente del gobierno. Esto no significa que fuera perfecto, ni muchísimo menos. Una vez en el poder hubo de adoptar decisiones que decepcionaron a los más forofos y no servían para convencer a sus detractores, pero no dejó de hacerlo. Me ha impresionado un artículo de Javier Cercas publicado en El País con ocasión del 28-O. Aquellas elecciones que tuvieron lugar año y medio después de una intentona golpista muy compleja, relatada por el propio Cercas en Anatomía de un instante. Más de diez millones de votos dieron un vuelco electoral que no se suponía tan amplio. Jóvenes en la treintena y la cuarentena ocuparon La Moncloa como ministros. España se modernizó. Se hicieron reformas de calado con mucho tiento. ¿Eran mejores los políticos de la Transición que los actuales? Había que neutralizar al ejército y no soliviantar a la Iglesia nostálgica del nacional catolicismo. La banca, el capital y los empresarios debían aceptar esta nueva orientación política en tiempos económicamente complicados, con elevadas tasas de inflación. Los atentados etarras intentaban convulsionar a las Fuerzas Armadas y generar un derrumbamiento del sistema. Había no pocos frentes abiertos. Hubo que pactar y renunciar a un programa de máximos que se revelaba inaplicable. Pese a ello se consiguió una sanidad pública universal y los avances en materia educativa tampoco fueron menores. Entramos en Europa, se organizó la Expo y las Olimpiadas del 92. Entretanto se fueron dejando pelos en la gatera y se dio al traste con el apoyo sindical, siendo así que Nicolás Redondo apostó en Suresmes por Felipe, cuyo alias era Isidoro por aquel entonces. La gran estructura organizativa del Partido Comunista había dado mucho juego en la clandestinidad, pero un viejo partido socialista con timoneles recién electos recibió esta encomienda histórica De repente gobernaba España un andaluz con gracejo que tenía las Memorias de Adriano en su mesilla de noche y gastaba una labia en que hechizaba sin remedio al auditorio. El vicepresidente Guerra escuchaba música de Mahler. La gran estructura organizativa del Partido Comunista había dado mucho juego en la clandestinidad, pero un viejo partido socialista con timoneles recién electos recibió esta encomienda histórica. Es comprensible que sin haber vivido aquella época, un sector de la izquierda con algún mando en plaza y en medio de la cuarentena, echen de menos quiméricos contrafácticos que les hagan despotricar del Régimen del 78. Sin embargo, Pablo Iglesias (no me refiero ahora desde luego al histórico fundador del PSOE) forzó elecciones varias veces para obtener la batuta y por ello se ha jubilado prematuramente de la política, igual que han hecho Albert Rivera y Pablo Casado. ¿Qué habrían hecho durante la Transición como líderes políticos? Cabe imaginarlo. Golpe de Estado real para cambiar el rumbo de la Transición Cono nos recuerda Cercas preferimos proclamarnos nietos de quienes protagonizaron una Guerra Civil y despreciamos el ser hijos de quienes hicieron la Transición. Quienes asistimos muy jóvenes a la muerte de dictador y vivimos en primera persona las dos décadas posteriores no podemos compartir ese desprecio, por mucho que pudiera defraudarnos en su momento. Cono nos recuerda Cercas preferimos proclamarnos nietos de quienes protagonizaron una Guerra Civil y despreciamos el ser hijos de quienes hicieron la Transición Ciertamente algunos habríamos preferido un régimen republicano, que se deshicieran los acuerdos con el Vaticano y, puestos a pedir, un millón de cosas más. Pero la perspectiva histórica permite hacer un balance menos exigente y reconocer unos indudables logros, lo cual no significa obviar los errores de bulto que también se acumularon. No se trata de santificar cualquier tiempo pasado, pero poco se gana con demonizar hechos que admiten lecturas más positivas. (Pandemia franquista) Segunda Transición. Desmontar el franquismo Gracias a esa Constitución totalmente perfectible, que contempla una intolerable inmunidad para el Jefe del Estado, pueden reivindicarse derechos que se han revertido y luchar por una justicia social que aminore las extremas desigualdades o una inquietante precariedad que roba el futuro a la juventud mejor formada de nuestra historia reciente, cuya dedicación da cien vueltas a sus maestros. Entre las revoluciones y el reformismo no hay término medio. Se trata de ajustar las reformas necesarias que hagan prescindibles los procesos revolucionarios. Los maximalismos están muy bien para contentar a los partidarios, pero no suelen conseguir tanto como las complejas negociaciones entre puntos de vista muy enfrentados. Vetar de antemano todas las propuestas o candidaturas de otras fuerzas políticas no sirve absolutamente para nada.

sábado, 29 de octubre de 2022

Recordatorios....

Izquierda y derecha política, controversia e infalibilidad Captura Roberto R. Aramayo ROBERTO R. ARAMAYO 29 DE OCTUBRE DE 2022, 11:45 En 1789 los delegados presentes en la Asamblea Nacional francesa se posicionaron con respeto al peso que debía tener el veto del rey dentro de una nueva constitución. Los partidarios de darle al monarca un mayor protagonismo se colocaron a la derecha del presente, lugar ocupado tradicionalmente por quienes ostentaban mayores honores y privilegios. El resto se colocó a la izquierda. De ahí proviene una distinción política que permanece como una referencia orientativa pese a las geometrías variables y la transversalidad. Con el primer grupo se asocian los valores de autoridad, conservadurismo, mantenimiento de orden y tradiciones religiosas o de cualquier otra índole. El segundo se caracterizaría por primar la igualdad y la solidaridad, así como el derecho de autodeterminación y la justicia social. Obviamente no se trata de acaparar estos u otros rasgos como si fueran una caricatura, porque se tratarían más bien de acentos o énfasis en sus respectivas prioridades. Los nuevos chivos expiatorios y el síndrome de Eichmann Sin embargo, hay algo que suele caracterizar a progresistas y conservadores. A la izquierda le da por criticarlo todo y eso incluye muy en primer lugar a las fuerzas políticas de su predilección, con las que se muestra harto exigente, al punto de preferir no votarlas para no verse nuevamente defraudados. En cambio los conservadores cuentan con un voto menos volátil, que tiende a olvidar fácilmente los escándalos de sus partidos o a justificarlos como meras insidias y conspiraciones urdidas exprofeso. Los conservadores cuentan con un voto menos volátil, que tiende a olvidar fácilmente los escándalos de sus partidos o a justificarlos como meras insidias y conspiraciones Se cultiva el arte del olvido selectivo envuelto en frases memorables, como la del despido en diferido y nada es cierto salvo alguna cosa que sí lo es. El edificio de Génova ya no se vende, ni se recuerda porque prometieron hacerlo, no sea que pueda refrescar la memoria. Los medios utilizados para volatilizar cuanto documentaba la caja B administrada por Bárcenas y las conversaciones de Cospedal con Villarejo ahí están, pero no avergüenzan. Las ranas de la charca madrileña y los ex ministros de Aznar que han pasado por la cárcel o el propio Tamayazo tampoco. La lista de tamaños desaguisados es prácticamente interminable y su calibre ni siquiera se difumina con el consabido argumento del “tú más”. Pero nada de todo eso importa, si te pones a calumniar infatigablemente al adversario político, que se junta con todo tipo de malas compañías, como los filoetarras y los independentistas, por no hablar del feminismo radical. Comparado con eso qué son las comisiones astronómicas e inexplicables autorizadas por el Ayuntamiento madrileño. De otras cosas más vale ni hablar, que Casado lo intentó y acabó fulminado por la paladina del neoliberalismo y aventajada discípula madrileña del trumpismo. La banalización del odio De la propia gestión poco suele hablarse. Dan más juego las promesas. Bajar los impuestos una y otra vez sin precisar dónde irían los consiguientes recortes presupuestarios. Proclamar sin desmayo que todo va estupendamente y que hacerlo mejor sería imposible. A la gente le gusta oír algo así, que le hace abrigar la Ilusión de poder prosperar, aunque no haya indicio alguno de tal cosa sea mínimamente viable con un discurso tan vacío y sin consecuencias positivas tangibles para la mayoría. Dialogar y alcanzar consensos resulta muy complejo. En cambio pontificar y dinamitar los acuerdos es algo tremendamente simple, que no requiere mayor esfuerzo La diferencia es que dialogar y alcanzar consensos resulta muy complejo. Por eso se inventó la democracia. En cambio pontificar y dinamitar los acuerdos es algo tremendamente simple, que no requiere mayor esfuerzo. Al optar por esta cómoda vía no hace falta conseguir votos que respalden tus propuestas. Basta con vetar las contrarias para no desmontarlas cuando haya ocasión. Da igual de lo que se trate. Se veta porque sí y sanseacabó. Dogmática e infaliblemente, como si fuera un edicto papal. Estar en posesión de verdades eternas tiene sus ventajas. Exponer una nueva excusa para no renovar el CGPJ retrata muy a las claras al nuevo presidente popular. Poco le importa dejar malparado al poder judicial y dar la impresión de tener algún interés por no cambiar su actual composición, aun cuando ya lo demande la Unión Europea calificándolo de grave anomalía democrática. Son tantas las excusas acumuladas que seguramente incluso se contradigan mutuamente. Más poco puede importar eso a quienes frecuentan en sus discursos los hierros de madera. Lo sorprendente hubiera sido que Feijóo mantuviese su palabra, el muy cuco. Cuca Gamarra se desdijo en el mismo día, pero tiene costumbre. Pregúntenle por Pablo Casado.

viernes, 28 de octubre de 2022

Expectantes....

El Principado garantiza que el plan de La Vega será «coherente y respetuoso con el patrimonio» La Consejería de Cultura sostiene que cuenta con «mecanismos legales» para la preservación y descarta la declaración BIC del complejo fabril ALBERTO ARCE OVIEDO. Viernes, 28 octubre 2022, 00:34 Hablar de la fábrica de armas de La Vega es hacerlo de patrimonio industrial. También de una de las manzanas de oportunidad más importantes de la geografía urbana ovetense. La reordenación de los terrenos pretendida por el Ayuntamiento, el Principado y Defensa deberá estar muy finamente hilada para no destrozar lo uno ni desaprovechar lo otro

Mandatos Éticos...

Yolanda Díaz retira la Medalla al Mérito en el Trabajo al golpista José María Fernández de Ladreda Premiado en 1943 por la dictadura, fue ministro de obras públicas con Franco y alcalde de Oviedo/Uviéu durante la dictadura de Primo de Rivera. Por Diego Díaz Alonso 28 octubre 2022 Foto: Twitter del Ministerio de Trabajo La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ha anunciado este jueves que en aplicación a la Ley de Memoria Democrática, que entró en vigor el 20 de octubre, retirará a diez franquistas la Medalla al Mérito en el Trabajo. Entre ellos, el dictador Francisco Franco. Entre los nombres ligados a la dictadura que la ministra ha privado de honores figura el de José María Fernández de Ladreda, reconocido en 1943 con la Medalla del Ministerio. Nacido en Oviedo/Uviéu en 1885, estudió la carrera militar siguiendo con la tradición familiar, pero también cursó estudios de química. De ideas monárquicas y derechistas, con la dictadura de Primo de Rivera fue alcalde de su ciudad natal. Tras un tiempo como profesor en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Oviedo, con la Segunda República regresó a la política, siendo uno de los dirigentes asturianos de la Confederación de Derechas Autónomas y uno de los más firmes partidarios del regreso de la Monarquía. Tras el fracaso de la Revolución de 1934 reclamó ejecuciones y mano dura para los obreros revolucionarios. En 1936 participó en el golpe de Estado en Oviedo/Uviéu organizando un grupo de voluntarios en la ciudad, tomada por los militares sublevados aprovechando la partida de las milicias de izquierdas a Madrid. Tras la Guerra Civil, en 1945, Francisco Franco le nombra ministro de Obras Públicas, cargo que ocupa hasta el 19 de julio de 1951. Fallece en Bobes, Siero, en 1954. José María Fernández de Ladreda Uno de sus nietos fue presidente del Club de Tenis de Oviedo entre 2008 y 2015 y concejal de la oposición en el PP entre 2015 y 2019. “No estamos volviendo al pasado en ningún caso, estamos mirando al futuro. Estamos asumiendo un mandato ético, y ahora legal, ineludible, que niega la amnesia y otorga la justa y debida reparación. Porque sobre el dolor, la muerte y la indefensión de miles y miles de personas es imposible construir un futuro en firme”, ha fundamentado la vicepresidenta Yolanda Díaz la decisión de la puesta en marcha de este expediente.

" Isidoro " Fotografíado...

Felipe González, el mejor presidente de la derecha española El periodista Xuan Cándano, que en noviembre publicará en Hoja de Lata "No hay país", un repaso a la historia reciente asturiana, adelanta aquí algunas claves de su próximo libro. Por Xuan Cándano 28 octubre 2022 Cartel del PSOE en 1982 Se atribuye a Zhou Enlai, primer ministro chino con Mao Tsé Tung, la frase “es demasiado pronto para saber” cuando fue preguntado en París por los periodistas sobre la revolución francesa de 1789, aunque parece comprobado que se trataba de una confusión en la traducción y el líder comunista se refería en realidad a Mayo del 68. Con el felipismo, de cuyos inicios se cumplen ahora 40 años, se podría decir algo parecido. No son muchos y ya tendrán oportunidad dentro de unos años historiadores y analistas, con la rigurosa perspectiva que da el tiempo, de exponer sus argumentos. Lo que ya se puede vislumbrar es que el felipismo será sometido a una revisión crítica, como ahora lo es la Transición, a la que los gobiernos de Felipe González están tan vinculados, aunque haya quien sitúe su final justo cuando llegó al gobierno el sevillano tras arrollar en las elecciones generales del 28 de octubre de 1982. Otras opiniones dan por finalizada la Transición cuando perdió las de 1996. De momento lo que abundan son loas, hagiografías y adhesiones entusiastas en libros y medios de comunicación, algo que recuerda a cierta unanimidad en el fervor por la Transición antes del 15-M de 2011 y que corrobora que ese revisionismo sobre el felipismo va a ser inevitable. Llama también la atención ahora el retroceso en las libertades, especialmente en la de expresión, en relación a lo que ocurría hace cuatro décadas, algo que no tiene relación con políticas o gobernantes, sino con la salud democrática de la sociedad. Cuarenta años atrás sería impensable que un libro crítico sobre el felipismo como el que finalizó hace muchos meses Gregorio Morán (“El jugador de billar”) no encuentre quien lo publique, tras rechazarlo la editorial que se lo había encargado. El desmoronamiento por su derecha y por su izquierda de sus adversarios, UCD y PCE, dieron al PSOE, que también acertó con su propuesta de cambio y con la imagen pública de sus jóvenes dirigentes, la mayoría absoluta más holgada en la historia de la democracia española, incluyendo el periodo de la II República: 202 escaños. Era una extraordinaria muestra de confianza en el proyecto que encabezaban Felipe González y Alfonso Guerra y una generosa licencia que otorgaba el pueblo al PSOE, desaparecido en la lucha antifranquista, para abordar las reformas pendientes desde los años 30. Un cierto relato canónico sostiene que esas reformas pendientes desde la guerra civil, sobre otros tantos asuntos de Estado que la provocaron, eran cuatro: la militar, la religiosa, la territorial y la política. El PSOE tenía una fuerza abrumadora y un consenso social impresionante para llevarlas a cabo. Los resultados serían dispares. Tuvo éxito la democratización del Ejército, que venía a ser su sometimiendo al poder civil en un país donde prevalecía lo contrario desde el siglo XIX, con asonadas militares y golpes de Estado. El último había fracasado el año anterior, en febrero de 1981, la astracanada de Tejero, que favoreció muchísimo la gran mayoría absoluta de octubre de 1982. El Ejército intervencionista, que no ganaba guerras fuera de España pero sí lo hizo contra su propio pueblo en 1939, pasó a la historia y se integró en la OTAN tras un referéndum en 1986 donde el carisma de Felipe González y el control de los medios públicos de comunicación fue esencial para el triunfo del “sí”que defendían los socialistas, desdiciéndose del nada lejano “de entrada no”. Con los privilegios de la Iglesia el PSOE se inhibió. La Constitución recoge una aconfesionalidad difícil de observar en la práctica y los gobiernos de Felipe González otorgaron a la Iglesia católica otro privilegio, que a la vez es un negocio, que acabó suponiendo un problema que llega hasta hoy: los conciertos educativos. La Iglesia sigue contando con el recurso de la educación en España, imprescindible para sus intereses ideológicos y económicos. En la cuestión territorial, el choque entre el nacionalismo español y los periféricos, no se pueden pedir soluciones, ni al PSOE ni a partido de gobierno alguno, porque José Ortega y Gasset tenía razón: el problema catalán solo se puede conllevar. Felipe González se tuvo que enfrentar al terrorismo de ETA y en el caso de Cataluña pactó con Jordi Pujol, retrasando las pulsiones secesionistas, inevitables periódicamente, al menos una vez por siglo. Para ello miró para otro lado en el escándalo de Banca Catalana, el primero que salpicó a la familia Pujol. “La participaciòn ciudadana, oxígeno esencial en la democracia, languideció hasta hacerse ínfima” En cuanto a la política, la primera demanda era la básica, la democracia, esa excepción en la historia de España. Ya había llegado con las elecciones de 1977 que dieron el triunfo a la UCD de Adolfo Súarez y a los socialistas les tocaba afianzarla y ampliarla. Su papel en esa tarea es muy discutible. La participaciòn ciudadana, oxígeno esencial en la democracia, languideció hasta hacerse ínfima, lo que se notó mucho en movimientos como el obrero o el vecinal, que habían tenido mucha fuerza desde el tardofranquismo. El PSOE, que apenas tenía cuadros en comparación al vigoroso PCE del antifranquismo, abrió las puertas a todo el mundo y por ella se colaron oportunistas, trepas y vividores de lo público. El sistema se convirtió definitivamente en una democracia de partidos, transformados en grandes empresas de intereses e influencias, entre los que el socialista se convirtió en el más poderoso. El PSOE secuestró al Estado, puso a las instituciones al servicio de la partitocracia y anestesió a la sociedad civil, desde entonces débil e irrelevante. La mejor muestra fue lo que entonces denominó Alfonso Guerra “la muerte de Montesquieu”, la subordinación del poder judicial al ejecutivo y al legislativo con la reforma del Consejo General del Poder Judicial en 1985, que puso desde entonces todos sus nombramientos en manos de los partidos. Y sin separación de poderes no hay democracia. Se suele identificar al felipismo con la modernización de la sociedad española, pero eso también merece una reflexión. España se llevaba modernizando desde el desarrollismo franquista de los años 60, con la industrialización, la emigración del campo a la ciudad y la aparición de una clase media en ascenso. Los socialistas no trajeron la modernidad a España, pero es cierto que le dieron un buen arreón con la entrada en la Unión Europea y la llegada de millonarios fondos comunitarios. Aunque hubiera sido inevitable con cualquier gobierno y con la luz con la que podemos contemplar hoy aquella época no parece que la negociación haya sido muy exitosa: el país de camareros y jóvenes licenciados emigrantes en el que se ha convertido España viene de ahí. Inauguración de la exposición del PSOE sobre los gobiernos socialistas. Foto: PSOE En mi opinión los dos grandes éxitos y las mejores aportaciones del felipismo al desarrollo y el progreso de la sociedad española fueron sus políticas en relación a las mujeres y la potenciación, cuando no la creación, de los servicios públicos. Los avances con la mujer, sociales, laborales y legislativos, con la primera ley del aborto de la restauración democrática, se deben sobre todo a socialistas feministas como Carlota Bustelo, que impregnaron con su ideario a todo el partido. La sanidad pública no llegó con el PSOE, pero amplió sus prestaciones y su red de hospitales. Y en otros servicios públicos, como la asistencia social, los socialistas fueron incluso vanguardia, una tarea que incluye a ayuntamientos y autonomías. Pero modernizar España va más allá de lo material y lo económico, del aumento de las rentas y la riqueza. También tiene mucho que ver con lo moral, con el combate contra ancestrales vicios que lastran a la sociedad española desde el nacimiento de su Estado, algo que conoce mejor la antropología social que la política. Pero desde los gobiernos y con las leyes se puede y se debe actuar con eficacia contra ellos, aunque sea con objetivos a largo plazo. Y esa tarea moralizante, probablemente la más importante a acometer en 1982, facilitada por una mayoría parlamentaria socialista aplastante y una oposición conservadora diezmada, sigue pendiente en España y será muy difícil que otro ciclo histórico la favorezca. España es un país moderno en relación a sus leyes, sus infraestructuras o las nuevas tecnologías, pero no ha erradicado el caciquismo, el clientelismo y el enchufismo, enormes lastres paralizantes. Mariano José de Larra se quedaría muy sorprendido con la pervivencia del “vuelva usted mañana”. Esa debilidad moral de la propia sociedad y la conversión del PSOE en una engrasada y eficaz maquinaria de poder, que se adaptó a los viejos vicios nacionales en vez de combatirlos, hizo inevitable la aparición de la corrupción en el felipismo. Es sorprendente que en los análisis y repasos benevolentes de estos días se incida siempre en el terrorismo de Estado de los GAL como el gran agujero negro de Felipe González, obviando la corrupción generalizada en sus últimos años en La Moncloa, que fue lo que provocó su derrota electoral ante José María Aznar en 1996. El llamado por los socialistas “Sindicato del crimen”, un grupo de periodistas críticos, la mayoría conservadores, no se inventó nada. El felipismo se ahogó en la charca de la corrupción, más que en los desagües del Estado, y aquella peste llegó a afectar a sus grandes pilares: el Banco de España, la Guardia Civil y la emisión de moneda. Se dice que Felipe González es un gran hombre de Estado y de eso hay pocas dudas. Cuestión diferente es tenerlo por un gran presidente y un gobernante de izquierdas. Su época es la de la conversión de la socialdemocracia al neoliberalismo, algo que culminaría con éxito al frente del gobierno británico Tony Blair. Se entendió mucho mejor con banqueros, grandes empresarios e influyentes medios de comunicación que con la izquierda social, que le montó varias huelgas generales. Esas relaciones con los grandes poderes se estrecharon tras su salida de la política y hoy es uno más entre ellos, no ya solo un excelente portavoz. La derecha lo aprecia y lo añora. Normal: fue el mejor presidente conservador de la historia de España. ETIQUETASactualidad_cabeceraFelipe GonzálezPSOEtemes_cabecera

Vá de Gigantes...

Un gigante americano de los hipermercados quiere revolucionar el mercado en Siero y crear 300 empleos L.F. REDACCIÓN SIERO Polígono de Bobes, en SieroPolígono de Bobes, en Siero Costco, la segunda cadena más grande del mundo, estudia invertir 30 millones en unas instalaciones en el Polígono de Bobes 28 oct 2022 . Actualizado a las 05:00 h. Comentar · 3 El Polígono de Bobes (Siero) está de moda. La llegada de Amazon ha puesto al resto de parcelas en el mapa y la multinacional de la distribución tendrá, si todo sale según lo previsto, un vecino de renombre. Se trata de Costco WholeSales, la segunda cadena de hipermercados más grande del mundo, solo por detrás de la también americana Walmart. El gigante del comercio estudia invertir 30 millones y crear 300 puestos de trabajo en Asturias.