En todo lo aunténticamente global de alguna u otra forma aparece la economía CHINA.
En el alza de los productos energéticos, en las de las materias primas, en las emisiones de Deuda en Dólares o Euroquicos....y a sí hasta los Bancos USA intervenidos.
Una mirada inteligente a la metanacionalizacion de las Hipotecarias USA.
Estados Unidos muestra su sumisión financiera a China
GSEs, Fannie MAe, Freddie Mac, Hank Paulson, Mohamed El-Erian
@S. McCoy - 09/09/2008Deja tu comentario (2)
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De todo lo que he leído a lo largo de las últimas 48 horas acerca de la intervención, por parte del Tesoro norteamericano, de Freddie Mac y Fannie Mae, me quedo con una pieza que, probablemente, para muchos analistas habrá pasado completamente desapercibida. La firma Mohamed el-Erian en la edición de ayer de Financial Times, donde le atribuyen la importancia de una columna de opinión más. Grave error. El artículo es extraordinariamente interesante por varios motivos. Primero, la anécdota. El análisis del recién nombrado consejero delegado de PIMCO entra en contradicción con la postura de su gestor estrella, Bill Gross, firme partidario de una medida tan excepcional como aquella, visión de la que nos hacíamos eco en este Valor Añadido de forma azarosamente premonitoria el pasado viernes, hecho que debería encender las primeras señales de alerta en el lector avezado. Si ambos no defienden intereses contrapuestos, ¿qué hay detrás de este antagonismo?
Prudencia y alcance. La argumentación del antiguo responsable de las inversiones de Harvard se puede resumir en dos grandes principios. Uno, el impacto de lo extraordinario es menor sobre los mercados globales en tanto en cuanto se hace recurrente, extremo al que El-Erian se refiere en términos de menor laxitud temporal de sus efectos. No puedo estar más de acuerdo. Dos, la efectividad de la decisión dependerá de la capacidad de Estados Unidos para atraer nuevos capitales y coordinar internacionalmente políticas que permitan implantar el objetivo último que esta nacionalización encubierta quiere lograr: la estabilización de su mercado residencial y financiero. ¿Cómo?, ¿qué tendrá que ver una cosa con la otra? Evidentemente hay un por qué. Pues bien, esta cautela final es la que nos lleva de cabeza al corazón del Valor Añadido de hoy: la justificación se halla en el miedo a la reacción de China, principal tenedor de activos emitidos por Fannie y Freddie y pieza indispensable para mantener en marcha el engranaje financiero norteamericano.
De hecho, si no se hubiera producido el rescate a lo largo del fin de semana, ayer, casi con toda seguridad, la noticia objeto de comentario generalizado habría sido la siguiente: “El Banco Central de China necesita capital”. Publicada por el New York Times en su edición impresa del pasado viernes, y colgada en la web desde el día anterior, su existencia se expandió como la pólvora entre los foros más ilustrados. ¿Qué el mayor depositario de reservas foráneas del mundo necesita reequilibrar su balance? Si no fuera por las fechas de publicación, más de uno se lo hubiera tomado como una pesada broma. Y sin embargo no era así. La tesis central de los autores consistía en lo siguiente: pese a contar con un billón de activos denominados en dólares, el capital de la institución monetaria apenas alcanzaba los 3.200 millones. Una delicada posición que se había visto debilitada aún más por el fortalecimiento de la divisa local y la minoración de valor de los bienes financieros de su cartera, lo que se había traducido en pérdidas en términos reales, debido al repunte de la inflación, de hasta un 10% anual. Más allá de las soluciones internas que, al problema planteado, se le podían dar, el análisis incidía en el hastío de los chinos acerca de su papel como financiadores del déficit exterior estadounidense y el impacto que su ausencia de crédito adicional podía tener sobre el dólar, debilitándolo, o sobre los tipos de interés norteamericanos, aumentándolos, recetas tradicionales para corregir este tipo de desequilibrios.
Un hastío al que ponían nombre y apellidos los activos de Fannie Mae y Freddie Mac que, tanto el Banco Central chino como las instituciones privadas, conservaban en su cartera. Un volumen conjunto cercano a los 375.000 millones de dólares. Así, el pasado 29 de agosto, Bloomberg publicaba que la tercera institución privada del país, Bank of China Inc., había procedido en los dos últimos meses a liquidar cerca del 30% de su exposición a las llamadas GSEs. El círculo virtuoso que había permitido tanto al Tesoro estadounidense como a esta suerte de compañías con respaldo público financiarse, amenazaba con llegar a su fin debido a la desconfianza de los inversores y al continuado deterioro del mercado hipotecario. Y antes de que su ruptura se produjera de modo abrupto, y a causa del elevado volumen de vencimientos al que ambas entidades se enfrentaban a final de mes, Hank Paulson decidió tirar por la calle de en medio, una vez más, en fin de semana. Una intervención inevitable ya que, tal y como señalaba William Pesek en Bloomberg apenas un par de días antes, “no es que fueran demasiado grandes como para dejarlas caer. Es que eran demasiado geopolíticas como para permitir su colapso”.
Ahora en China estudian con estupor cuáles serán para sus cuentas públicas, más allá de los mensajes tranquilizadores iniciales, las consecuencias de haber creído en la inmunidad de aquellos valores financieros para los que, se suponía, había una garantía -cierto, más aparente que real- de las autoridades estadounidenses. Y más cuando la operación supone que el volumen de deuda del Tesoro se multiplique por dos de un plumazo lo que antes o después repercutirá en el nivel de financiación a obtener y, por ende, en la rentabilidad ofertada, que podría provocar un ajuste a la baja en el valor de sus posiciones actuales. Una preocupación que es espejo de la de la propia Estados Unidos. No hay que olvidar, tal y como recuerda el propio Pesek en una definición enormemente descriptiva, que el modelo productivo americano vive peligrosamente hipotecado, y que los titulares de dicho crédito contra el país no son sino China, Japón y otras naciones asiáticas que, cierto es, parecen disponer de pocas alternativas para sostener sus divisas y mantener la competitividad de sus exportaciones. Un difícil equilibrio de intereses en el que, aunque todos tienen algo que perder, los americanos parece que se pueden llevar, al final, la peor parte. Quizá sea precisamente ésa la causa que justifica que Wall Street fuera el mercado que, con menos euforia, recogiera lo que, sin duda, es un nuevo punto de inflexión en la crisis actual. Y es que cuando China estornuda... ¿Mundo al revés o Nuevo Mundo?
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