Demandas justísimas...
José Andrés Sánchez Pedroche, UDIMA: "No hay que descartar más demandas contra las agencias de rating"
Patricia Pérez Zaragoza
El rector de la Universidad a Distancia de Madrid estima que estas empresas han abusado de su poder
José Andrés Sánchez Pedroche, considera que la demanda
contra S&P por parte del Gobierno de Estados Unidos puede venir
acompañada de otro tipo de litigios, contra las otras agencias, y por
parte incluso de inversores. Cree que es urgente un cambio en su
metodología. En su opinión, el modelo actual de estas empresas revela
una clara posición de abuso de poder y una peligrosa falta de incentivos
a la innovación.
El Gobierno de Estados Unidos ha puesto en marcha una demanda civil en contra de Standard & Poor's y su matriz, The McGraw-Hill Companies, sobre las calificaciones de bonos hipotecarios, ¿Saldrá adelante la demanda?
Lo relevante es que el Gobierno norteamericano se haya decidido a dar el paso, siguiendo la estela de otros como el australiano o el italiano que incluso han adoptado decisiones de acusación por la vía penal. El resultado en este tipo de demandas siempre es incierto, pero al menos servirá para poner de manifiesto una metodología muy singular de las agencias de rating.
¿Podrían iniciarse también medidas contra Fitch y Moody´s?
Sin duda. Todo dependerá de las circunstancias concurrentes, pero en principio no hay inconveniente, una vez adoptada la decisión más problemática que es siempre la inicial de litigar.
¿Prevé más demandas contra las agencias por parte de inversores?
No es descartable, sobre todo en el caso de una sociedad tan judicializada como la norteamericana, pero es más factible que el peso de estas acusaciones descanse en los órganos reguladores.
¿Cree que los fallos de las agencias de rating han sido causantes, en parte, de la crisis financiera?
La responsabilidad de la crisis que actualmente padecemos es acusadamente plurifactorial. No quedan exento ningún agente. Las agencias de rating no pueden ponerse de perfil en este asunto, por mucho que lo pretendan. No ayudaron especialmente en los momentos previos a la debacle (al no advertir convenientemente de la que se avecinaba) y tampoco parece que lo estén haciendo ahora (ejerciendo una acusación agorera que resulta extraordinariamente discutible). Puede decirse que se han limitado a aprovecharse de su cómodo papel en el que insisten que sus juicios no sustituyen al análisis del inversor, sino que es un complemento al mismo, lo que no deja de ser más que un subterfugio para eludir sus propias responsabilidades. Excusas de mal pagador.
En su opinión, ¿qué habría que cambiar de la operativa actual de las agencias de rating?.
En primer lugar su propia metodología. Las agencias insisten en que las calificaciones no son más que previsiones sobre la solvencia de las diferentes organizaciones que valoran, aunque, a menudo, realmente determinan el comportamiento financiero de las empresas o entes públicos analizados. En este sentido, se consideraba que quienes tuviesen la máxima calificación estarían al abrigo de cualquier peligro de entrar en suspensión de pagos, fuese cual fuere su situación financiera, ya que el mercado confiaría en ese producto. Sin embargo, la quiebra de empresas con la máxima calificación, como Lehman Brothers en 2008, o Enron con anterioridad, ha desterrado esta creencia y como consecuencia las agencias sufren una importante pérdida de credibilidad. Muchos de los indicadores que emplean en sus calificaciones son cualitativos, por ejemplo, los referidos a la situación política y por tanto están sujetos a interpretaciones libres y a una acentuada subjetividad.
La falta de independencia es una de las mayores críticas que se les hace a las agencias de rating ¿usted cree que es así? ¿Por qué?
Efectivamente. Se trata de un oligopolio natural, en el que tan sólo tres grandes agencias dominan de facto el mercado. Y lo que es peor, dicho mercado cuenta con unas fuertes barreras de entrada. Además, la demanda, en este mercado, es inelástica, ya que un emisor debe pagar el precio requerido por la agencia de turno si quiere obtener una calificación, lo cual es requisito indispensable para acceder a determinados mercados. Esta falta de competencia tiene claras e inconvenientes consecuencias como son: el abuso de poder, un precio más elevado que el de equilibrio y una peligrosa falta de incentivos a la innovación. Resulta necesario abrir el campo a más agencias y a que éstas compitan por la transparencia en la metodología de sus valoraciones y calificaciones.
¿Qué futuro augura para las agencias de rating americanas? ¿En qué escenario se moverán en el caso de que la demanda de Estados Unidos prospere?
La normativa internacional de Basilea, FMI o de la propia UE ya está advertida de la necesidad de disciplinar más estrechamente a estos "reguladores", sobre todo si se quiere que sean más responsables de sus actos. En el futuro, asistiremos al final de la impunidad con la que los juicios negativos o positivos son emitidos por las agencias de calificación, pues todas ellas habrán de estar en disposición de demostrar -y además acabadamente- el porqué de sus conclusiones y la metodología concreta seguida en cada caso para verter la calificación finalmente otorgada.
¿Cambiará la fórmula de su negocio?
Necesariamente. No en cuanto al trabajo a realizar, que será similar, sino a la forma de hacerlo y a los requisitos necesarios a tal fin.
En Bolsa, S&P y Moody´s han recibido un fuerte castigo en los últimos días, ¿qué estrategias deberían poner en práctica para volver a recuperar la confianza de los inversores?
Resulta urgente la modificación de su metodología de trabajo. Antes del 29 de septiembre de 2010, el FMI acusó a las agencias de calificación de riesgo de contribuir a la inestabilidad financiera. No resulta de recibo que las agencias sigan actuando como hasta ahora. Por ejemplo, bajando sistemáticamente algunos escalones de los bonos de finanzas estructuradas que se usan en el activo de una nueva estructura, si previamente no han sido calificados por la misma agencia que se encarga de calificar esa nueva estructura. Esto fuerza a los emisores a calificar todas sus estructuras con la misma Agencia. En este mismo sentido, resulta inconveniente otra práctica habitual consistente en la búsqueda de la cautividad de los clientes al usar la llamada venta en lotes, mediante el cual la agencia sólo emite una calificación de una emisión si el emisor se compromete a calificar con ella nuevas emisiones mediante el pago de la correspondiente tarifa. Finalmente, tampoco puede alabarse precisamente que una fracción de los honorarios de las agencias sea negociable, lo cual incide directa o indirectamente sobre la calificación. Las Agencias de calificación están registradas como agencias periodísticas, por lo que legalmente sólo hacen labores informativas. No están sujetas, pues, a las reglas, es decir, a los derechos, deberes y responsabilidades de las firmas de auditoría que deben preservar la transparencia de sus informes y que responden con su patrimonio en caso de una quiebra que no se haya advertido y genere perjuicios a terceros. La falta de una entidad que evalúe a las propias Agencias y supervise su funcionamiento para garantizar que el inversor reciba la mejor información posible, es una necesidad sentida e imperiosa.
El Gobierno de Estados Unidos ha puesto en marcha una demanda civil en contra de Standard & Poor's y su matriz, The McGraw-Hill Companies, sobre las calificaciones de bonos hipotecarios, ¿Saldrá adelante la demanda?
Lo relevante es que el Gobierno norteamericano se haya decidido a dar el paso, siguiendo la estela de otros como el australiano o el italiano que incluso han adoptado decisiones de acusación por la vía penal. El resultado en este tipo de demandas siempre es incierto, pero al menos servirá para poner de manifiesto una metodología muy singular de las agencias de rating.
¿Podrían iniciarse también medidas contra Fitch y Moody´s?
Sin duda. Todo dependerá de las circunstancias concurrentes, pero en principio no hay inconveniente, una vez adoptada la decisión más problemática que es siempre la inicial de litigar.
¿Prevé más demandas contra las agencias por parte de inversores?
No es descartable, sobre todo en el caso de una sociedad tan judicializada como la norteamericana, pero es más factible que el peso de estas acusaciones descanse en los órganos reguladores.
¿Cree que los fallos de las agencias de rating han sido causantes, en parte, de la crisis financiera?
La responsabilidad de la crisis que actualmente padecemos es acusadamente plurifactorial. No quedan exento ningún agente. Las agencias de rating no pueden ponerse de perfil en este asunto, por mucho que lo pretendan. No ayudaron especialmente en los momentos previos a la debacle (al no advertir convenientemente de la que se avecinaba) y tampoco parece que lo estén haciendo ahora (ejerciendo una acusación agorera que resulta extraordinariamente discutible). Puede decirse que se han limitado a aprovecharse de su cómodo papel en el que insisten que sus juicios no sustituyen al análisis del inversor, sino que es un complemento al mismo, lo que no deja de ser más que un subterfugio para eludir sus propias responsabilidades. Excusas de mal pagador.
En su opinión, ¿qué habría que cambiar de la operativa actual de las agencias de rating?.
En primer lugar su propia metodología. Las agencias insisten en que las calificaciones no son más que previsiones sobre la solvencia de las diferentes organizaciones que valoran, aunque, a menudo, realmente determinan el comportamiento financiero de las empresas o entes públicos analizados. En este sentido, se consideraba que quienes tuviesen la máxima calificación estarían al abrigo de cualquier peligro de entrar en suspensión de pagos, fuese cual fuere su situación financiera, ya que el mercado confiaría en ese producto. Sin embargo, la quiebra de empresas con la máxima calificación, como Lehman Brothers en 2008, o Enron con anterioridad, ha desterrado esta creencia y como consecuencia las agencias sufren una importante pérdida de credibilidad. Muchos de los indicadores que emplean en sus calificaciones son cualitativos, por ejemplo, los referidos a la situación política y por tanto están sujetos a interpretaciones libres y a una acentuada subjetividad.
La falta de independencia es una de las mayores críticas que se les hace a las agencias de rating ¿usted cree que es así? ¿Por qué?
Efectivamente. Se trata de un oligopolio natural, en el que tan sólo tres grandes agencias dominan de facto el mercado. Y lo que es peor, dicho mercado cuenta con unas fuertes barreras de entrada. Además, la demanda, en este mercado, es inelástica, ya que un emisor debe pagar el precio requerido por la agencia de turno si quiere obtener una calificación, lo cual es requisito indispensable para acceder a determinados mercados. Esta falta de competencia tiene claras e inconvenientes consecuencias como son: el abuso de poder, un precio más elevado que el de equilibrio y una peligrosa falta de incentivos a la innovación. Resulta necesario abrir el campo a más agencias y a que éstas compitan por la transparencia en la metodología de sus valoraciones y calificaciones.
¿Qué futuro augura para las agencias de rating americanas? ¿En qué escenario se moverán en el caso de que la demanda de Estados Unidos prospere?
La normativa internacional de Basilea, FMI o de la propia UE ya está advertida de la necesidad de disciplinar más estrechamente a estos "reguladores", sobre todo si se quiere que sean más responsables de sus actos. En el futuro, asistiremos al final de la impunidad con la que los juicios negativos o positivos son emitidos por las agencias de calificación, pues todas ellas habrán de estar en disposición de demostrar -y además acabadamente- el porqué de sus conclusiones y la metodología concreta seguida en cada caso para verter la calificación finalmente otorgada.
¿Cambiará la fórmula de su negocio?
Necesariamente. No en cuanto al trabajo a realizar, que será similar, sino a la forma de hacerlo y a los requisitos necesarios a tal fin.
En Bolsa, S&P y Moody´s han recibido un fuerte castigo en los últimos días, ¿qué estrategias deberían poner en práctica para volver a recuperar la confianza de los inversores?
Resulta urgente la modificación de su metodología de trabajo. Antes del 29 de septiembre de 2010, el FMI acusó a las agencias de calificación de riesgo de contribuir a la inestabilidad financiera. No resulta de recibo que las agencias sigan actuando como hasta ahora. Por ejemplo, bajando sistemáticamente algunos escalones de los bonos de finanzas estructuradas que se usan en el activo de una nueva estructura, si previamente no han sido calificados por la misma agencia que se encarga de calificar esa nueva estructura. Esto fuerza a los emisores a calificar todas sus estructuras con la misma Agencia. En este mismo sentido, resulta inconveniente otra práctica habitual consistente en la búsqueda de la cautividad de los clientes al usar la llamada venta en lotes, mediante el cual la agencia sólo emite una calificación de una emisión si el emisor se compromete a calificar con ella nuevas emisiones mediante el pago de la correspondiente tarifa. Finalmente, tampoco puede alabarse precisamente que una fracción de los honorarios de las agencias sea negociable, lo cual incide directa o indirectamente sobre la calificación. Las Agencias de calificación están registradas como agencias periodísticas, por lo que legalmente sólo hacen labores informativas. No están sujetas, pues, a las reglas, es decir, a los derechos, deberes y responsabilidades de las firmas de auditoría que deben preservar la transparencia de sus informes y que responden con su patrimonio en caso de una quiebra que no se haya advertido y genere perjuicios a terceros. La falta de una entidad que evalúe a las propias Agencias y supervise su funcionamiento para garantizar que el inversor reciba la mejor información posible, es una necesidad sentida e imperiosa.
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