El difícil papel del BCE
@Jesús Sánchez-Quiñones - 07/12/2010 06:00h
Por segunda vez este año, en noviembre se ha producido el cierre de los mercados de financiación para la mayoría de bancos y empresas, y el aumento de la rentabilidad exigida a las emisiones de Deuda Pública de los países periféricos del euro. Como consecuencia, se ha provocado una situación de máxima tensión en Europa con abultadas caídas en las bolsas de los países más afectados y rumores de rescate de Portugal e incluso de España.
Al igual que ocurrió en mayo, la presión de los mercados financieros se ha visto contrarrestada con el anuncio de medidas de ajuste adicionales por parte de los gobiernos periféricos, entre ellos España, y de forma prácticamente simultánea, con la prolongación temporal de la política monetaria de “barra libre” y la compra de bonos de los países bajo presión por parte del Banco Central Europeo.
Mantener la barra libre de liquidez a las entidades financieras tiene dos efectos paliativos: mitiga los problemas de liquidez de la banca, al menos a corto plazo, y permite a bancos y cajas adquirir bonos del Estado y depositarlos como garantía en el BCE con un suculento diferencial de tipos de interés que alivia las cuentas de resultados bancarias.
Pese a que no exista constancia fehaciente de ello, es fácil imaginar que las medidas adoptadas por el BCE estaban de alguna forma condicionadas a la adopción del anuncio de ajustes adicionales en determinados países.
Los inversores esperaban que el mensaje del BCE tras su reunión del jueves pasado hubiera sido más contundente: anunciando una prórroga más larga de la barra libre y un compromiso cuantificado de compra de bonos de los países periféricos. Finalmente, el mensaje fue parco en palabras, aunque no en hechos. La barra libre sólo se prorroga, de momento, hasta el primer trimestre del próximo año y, aunque no cuantificó la compra de bonos, en la práctica comenzó a adquirir bonos con mayor intensidad provocando un acusado descenso de los diferenciales de los bonos de los países más “estresados”.
Cada vez que el BCE adquiere bonos de países periféricos o concede liquidez extraordinaria a las entidades financieras con garantía de bonos de estos mismos países, está incrementando su riesgo ante una eventual reestructuración de dichos bonos. De acuerdo con Irwin Stelzer del Wall Street Journal, la actual exposición del BCE a la deuda soberana y bancaria de los países periféricos es tal, que en caso de producirse una reestructuración con quitas del porcentaje que descuentan actualmente los mercados, podría devorar la práctica totalidad de los recursos propios del propio Banco Central Europeo.
La intervención del BCE es necesaria para calmar las tensiones de los mercados y permitir una normalización de las condiciones de mercado para las emisiones de las entidades financieras y los Estados. No obstante, su actuación no resuelve el problema de fondo por sí solo, ni puede prolongarse y aumentarse de forma ilimitada sin implicar un deterioro creciente de su propio balance.
Para que los países más endeudados, debido a su deuda pública y deuda privada, puedan hacer frente a sus compromisos, es necesario crear las condiciones para recuperar el crecimiento económico y minimizar los déficit públicos. Ello conlleva ajustes de las cuentas públicas y tomar medidas que rompan el “status quo” actual que impide tasas más elevadas del crecimiento de la economía.
Las compañías cotizadas adquieren la confianza de los inversores cumpliendo año tras año las líneas de actuación anticipadas en sus planes estratégicos. De igual forma, los países sólo mantendrán la confianza de los inversores, que les financian, si ante una situación delicada como la actual anuncian un plan de actuación y lo van ejecutando paso a paso y sin demoras. Mala señal sería que las difíciles medidas necesarias sólo se adopten de forma espasmódica cuando los mercados financieros aprietan.
Lo más previsible para los próximos años es esperar una política monetaria expansiva, facilitando la financiación de entidades financieras y Estados, pero acompañada de una política fiscal restrictiva encaminada a crear las condiciones necesarias para volver a tasa de crecimiento razonables y que a la vez hagan desaparecer los déficit públicos en un horizonte temporal razonable. Nadie puede aumentar su endeudamiento año tras año sin límite.
Jesús Sánchez-Quiñones, director general de Renta 4
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