viernes, 4 de mayo de 2012

Europa no traga....

Más presión sobre la banca desde Europa

03.05.2012Editorial
Entre la alabanza y el apremio, el presidente del BCE, Mario Draghi, expresó ayer en voz alta lo que los mercados llevan diciéndole semanas al Ejecutivo de Mariano Rajoy: el ímpetu reformista exhibido en estos primeros cuatro meses y medio de gobierno transmite buenas sensaciones, pero las medidas adoptadas hasta la fecha son aún insuficientes para arrojar luz sobre el futuro de la economía española y devolverle la credibilidad perdida.
Junto al mayúsculo desafío que representa cuadrar las deslavazadas cuentas públicas, reduciendo el déficit público en 5,5 puntos porcentuales de PIB entre este año y el que viene, España tiene en la inconclusa reforma del sistema financiero su otro gran flanco débil; una herida que más de cuatro años después sigue sin cicatrizar, pese a las ingentes provisiones realizadas desde entonces y al proceso de centrifugación sufrido por el sector, y que ha suscitado una renovada y cada vez más virulenta desconfianza entre los inversores. “Si tienes un problema con el sistema financiero, afróntalo”, dijo ayer un expeditivo Draghi en referencia a España. Y es palmario que el estado de salud de la banca española sigue ocupando un papel central en las dudas de los mercados hacia España, fruto del impacto que la recesión está teniendo –y seguirá teniendo en los próximos meses– sobre la morosidad y la calidad de la cartera de las entidades, pero también de las sospechas, alimentadas un día sí y otro también desde diferentes instancias internacionales, entre ellas el FMI, sobre el verdadero alcance de los activos problemáticos en balance. Por eso, como ayer señaló Draghi, que no dudó en cantar las verdades del banquero desde Barcelona, urge concluir cuanto antes el saneamiento del sector financiero para frenar la espiral de desconfianza y especulaciones que fustiga a la banca española. La velada invitación del presidente del BCE a hacer uso de los instrumentos específicos del Mecanismo Europeo de Estabilidad para financiar esa depuración es tentadora, pero el episodio de Irlanda, cuya petición de fondos a Europa para reordenar su banca fue asimilada a un rescate del país en toda regla, no está propiciando ese paso al frente de un gobierno que, como es lógico, no quiere verse estigmatizado. Pero los problemas de dinero se resuelven con dinero y en un escenario en el que la banca española está al límite de sus fuerzas y las arcas estatales exhaustas, la solución europea no debería verse como algo descabellado ni tampoco como una mácula.

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