jueves, 10 de diciembre de 2009

Mc Coy se acerca al problemón.

Y dá muchas en el clavíto.

España era la cigarra del cuento y ha llegado el invierno@S. McCoy - 10/12/2009

Si algo ha demostrado esta crisis es el valor imperecedero y universal de los cuentos infantiles, cargados de mensajes educativos a través de sus moralejas finales. Nos saciamos de repetírselos a nuestros hijos como lecciones a aprender, especie de impronta que queremos que se les quede de amenazas a evitar y actitudes a adoptar. Pasamos por fábulas, leyendas y relatos, como por tantas otras cosas en la vida, de puntillas. Nos suele importar más el continente, engañar a las tripas del cariño insuficiente, que el contenido. Somos ya mayores, pensamos, para que se conviertan en elementos de reflexión en la madurez. Qué gran equivocación. Si no volvéis a ser como niños… Hoy les traigo cigarra y hormiga 2.0 por partida doble.

Desde que se inició la crisis, hemos advertido por activa y por pasiva que aquí había un problema de base, que era el exceso de crédito del sistema o el sobredimensionamiento de la economía financiera frente a la real. Hemos subrayado una y otra vez que las cosas no se solucionarían en tanto en cuanto tal cuestión no se resolviera. Hemos censurado el traspaso de endeudamiento privado a las finanzas públicas al recordar que las deudas tienen dos problemas, que generan intereses y hay que pagarlas y que el Estado, en última instancia, es sostenido por el resto de los agentes económicos a través de los impuestos o de mermas en los servicios dependientes de la Administración. O sea, por el sacrificio de usted y mío. Hemos denunciado que la financiación ajena a bajo coste no es ilimitada y menos aún en un entorno de competencia. Hemos puesto de manifiesto que no es lo mismo deber un duro sin política monetaria o cambiaria propias que con ellas y, por tanto, que no es equiparable la situación española con la británica o la norteamericana. Y así sucesivamente.
Hemos sido especialmente plastas con todos estos temas en las últimas tres semanas. Si el día 19 recordábamos la imposibilidad de la cuadratura del círculo (políticas asistenciales no productivas y recurrentes como base del dispendio administrativo con dinero de terceros), apenas cuatro días más tarde cuestionábamos el escaso margen de maniobra de los Estados ante la debilidad de la actividad productiva y de servicios frente a la alharaca financiera; mientras que hace dos lunes señalábamos que una de las lecciones de la crisis de Dubai es la imposibilidad de confiar en primos de Zumosol que nos saquen las castañas del fuego, al día siguiente poníamos sobre la mesa la condición de faro de los acontecimientos acaecidos en Grecia sobre el futuro de España. Cuando cogemos una perra, no la soltamos.
Y ésta viene de lejos. Inauguramos la temporada 2009-10 con la Antología del Disparate Fiscal de Zapatero, seguimos a finales del mes de septiembre recomendando disfrutar mientras durara la burbuja que facilitaba la vorágine de liquidez auspiciada por gobiernos y bancos centrales y rematábamos el 13 de diciembre haciendo esa cuenta de la vieja que permitía concluir que cada españolito soporta 87.000 euros de deuda sobre sus hombros. No tiene mérito: si recuerdan el último artículo de la semana pasada, basta con poner sentido común, perspectiva y algo de profundidad al análisis y no contaminarlo con mensajes derivados del propio instinto de supervivencia. Y, como concluía en la primera de las piezas adjuntadas, “o servidor es muy melón, o en todo esto hay algo que no cuadra”. Hemos sido, informativamente hablando, la hormiga del cuento a la que las cigarras nos han querido mandar al hormiguero, extasiados por el penetrante olor de las revalorizaciones bursátiles, el retorno de la propensión al riesgo y el entorno idílico de tipos bajos (expansión monetaria), inflaciones sostenidas (escasez d materias primas) y crecimientos débiles pero positivos (política fiscal sin precedentes).

Ahora los peores augurios empiezan a materializarse. Y el problema es que, como ha quedado demostrado en el caso Dubai o el en propio fenómeno griego, las espirales negativas son difíciles de romper toda vez que de la solvencia crediticia de un país depende gran parte del riesgo asociado a las empresas que la integran. Y el deterioro en la percepción de la incertidumbre sobre estas últimas puede llevar a la activación de determinadas cláusulas de financiación que, o bien eleven los diferenciales a aplicar a sus deudas, o bien les obliguen a su inmediato repago, complicando de este modo su situación financiera. Lo que hasta ahora parecía un riesgo lejano y nos permitía vivir como si no hubiera un mañana, empieza a asomar la patita aquí y ahora. Y no hay reacción posible salvo drásticos programas de ajuste sobre los que, por cierto, el mercado ha pasado como una apisonadora en aquellas naciones en los que se han tratado de aplicar. Too late, parecen querer decir.

Durante muchos años, y volvemos de nuevo al principio, España ha sido económicamente la cigarra de Europa. Aprovechó los fondos europeos y la entrada masiva de mano de obra extranjera para cantar las bondades de un modelo productivo con pies de barro. Incrementó el producto por el uso intensivo de los factores de producción y se olvidó de la productividad. Tierra-inmobiliario, trabajo-inmigración y capital-deuda interna y externa. Esa fue la excusa para auto auparnos a la Champions League de la macro mundial. Mientras, nuestros vecinos europeos, especialmente Alemania, hacían los deberes y, en lugar de mirarse al ombligo, se centraban en posicionarse en un entorno global a la vez que ajustaba su estructura política, económica y social a tal realidad. Trabajaron como hormigas para cuando llegara el invierno. Con las primeras nieves de diciembre, las puertas de su despensa se han cerrado, bastante te ayudamos en el pasado deben pensar. Sólo queda pasar hambre y frío y, si fuera posible, aprender de los errores. ¿Será mucho pedir?
(5/5 | 14 votos)

No hay comentarios: