lunes, 13 de mayo de 2013

Encuentros en la Cumbre....


Duke Ellington & Joan Miró en la Fundación MaeghtDuke Ellington & Joan Miró en la Fundación Maeght
En 1966 el empresario de jazz Norman Granz organizó un encuentro entre estos genios del XX. La cita tuvo lugar una mañana soleada de Julio en St. Paul de Vence, una villa medieval del sur de Francia, y quedó inmortalizada en una filmación.
CASUALIDAD Y OPORTUNIDAD EN LA FUNDACIÓN MAEGHT
El empresario Norman Granz se hallaba en plena producción del Festival de Jazz de Juan-le-Pins (1) en el que ese año actuaron Ella Fitzgerald, Jean Luc Ponti, Charles Lloyd y Keith Jarret.
Granz producía y editaba desde 1950 una serie de audiovisuales, Improvisations (2)un documento hoy ya clásico en la historia del jazz. Cerca de Juan de Pins se encuentra la villa medieval St. Paul de Vence, donde la Fundación Maeght (3) había abierto en 1964 su museo y decidió filmar para Improvisations en sus preciosos jardines una sesión con el trío de Ellington,Woodyard a la caja y bombo, Lamb al bajo y el propio Ellington al piano.
Cuando el equipo de producción llegó a los jardines de la fundación para preparar la grabación se encontró con una sorpresa:Joan Miró estaba trabajando esos días en la insatalación de algunas de sus obras por encargo de Marguerite y Aimé Maeght,(4) propietarios del museo. Los Maeght poseen galerías en Nueva York, en París y otras grandes capitales. El museo de la fundación en St. Paul de Vence conserva piezas de Bonnard, Georges Braque, Alexander Calder, Marc Chagall, Alberto Giacometti, Fernand Léger, Eduardo Chillida y Joan Miró entre otros. El paraje es singular. Se trata de un edificio diseñado por el arquitecto Josep Lluis Sert (5) rodeado de un extenso jardín mediterráneo. El conjunto es un monumental espacio expositivo en que se puede contemplar pinturas, esculturas y diseños de los autores más significados del arte contemporáneo. Fue inaugurado en Julio de 1964 por el entonces ministro de cultura francés André Malraux. (6).
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Escultura de Giacometti a la entrada de la Fundación Maeght
Joan Miró aceptó la propuesta de Granz de inmediato. La casualidad propició una oportunidad que ha dejado una joya documental para amantes del jazz y de la pintura, para amantes del arte.
La cita se fijó entre las diez y las once de una soleada mañana de Julio de 1966. Los músicos estaban cansados porque habían actuado la noche anterior en el Festival de Juan de Pins y aún resonaban con resaca en sus oidos las notas del concierto.
Las obras de Giacometti recibieron a los músicos en la entrada del edificio de Sert y durante un trecho anduvieron hacia la puerta principal junto a uno de esos personajes filiformes que se dirigía a la sala dedicada al escultor en el museo.
Miró salió al encuentro de Ellington y fueron presentados formalmente. Tras intercambiar formulismos de rigor y repasar lugares y amistades comunes el pintor les invitó a seguir sus pasos como guía de honor que iba a ser desde ese momento. Granz les recordó el plan de producción y el tiempo de que disponían para que lo administrasen con sabiduría.
Lo hilarante de este encuentro es que tanto el español como el americano simulan ante la cámara una conversación animada durante el recorrido por el jardín-museo de losMaeght. ¡Y no se entendían porque ni Joan hablaba inglés ni Duke entendía el francés! Pero ambos eran personajes públicos acostumbrados en mayor o menos medida a actitudes histriónicas cuando alguna cámara andaba al acecho.
El pintor explicó al jazzman la actividad artística de laFundación Maeght de la que Ellington había oído hablar someramente. Les enseñó los jardines de un museo que aún hoy supone una propuesta artística peculiar entre las muestras europeas de esta envergadura por su carácter privado. Acompañó a sus huéspedes hasta las piezas deGiacometti, Chillida y las de otros autores por las que pasearon apresuradamente. Hay esculturas con esas firmas en los jardines de la entrada.
Ya en el interior del edificio principal les condujo a través de la sala que alberga la obra de Giacometti. Lamb y Woodyard ya habían hecho un mutis furtivo hacia el foro musical.
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Sala de Giacometti en la Fundación Maeght
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Mosaico de Braque en un estanque
De cuando en vez Granz se dejaba ver con la mirada clavada en su muñeca para reclamar celeridad. Temía que no quedase tiempo para la grabación que era la causa esencial de su presencia en en ese enclave. La compañía de Miró era un aditamento, un valor añadido. Miró se percató en seguida de los avisos y marcó un ritmo más ligero.
Abandonaron el cuerpo principal del complejo museístico y accedieron al jardín trasero del complejo.
Si Giacometti había plantado en su recorrido cada vez más acelerado figuras hieráticas en trance ensimismado, Braqueaplastaba bajo el agua un mosaico de figuras graciosas que pretendían nadar azules en el fondo de un estanque.
Ellington sólo fijaba la mirada en la dirección del puntero virtual de los brazos de Joan porque de sus palabras no extraía ninguna indicación útil. El desconocimiento mútuo de los idiomas sólo genera interlocutores incompatibles y si además quien gobierna el camino tiene prisa, el caos expositivo es inevitable.
Ellington estaba cansado. La noche anterior había terminado agotado y el español andaba y hablaba cada vez más deprisa. Se habían cruzado con las figuras deGiacometti que también alargaban sus zancadas presurosas. Los peces de Braque se cimbreaban ágiles bajo el agua y desaparecieron a los dos pasos del estanque que quedó atrás. Se acercaron a unos metales pesados posados sobre la tierra. Eran cuerpos de silencio que abrazaban, mecían, peinaban, cortaban, acariciaban o besaban el aire y denotaban voluptuosidad lenta que sosegó la trágala creciente que Miró había impuesto a esa  parte del recorrido. Chillida se presentaba por primera ante el compositor yanqui. ¡Qué impresión! ¡Eran piezas compuestas con armonías retorcidas sobre sí mismas para no ser nunca ellas mismas! ¡Buscaban la eternidad de su música sin moverse de su peana! ¡Era jazz en estado puro denso como el timbre de su Big Band!
Retorció sus cervicales para despedir la imagen pasada con la urgencia requerida por el genio cano con sus ademanes que anticipaban la siguiente estación. Y es que Miró tenía muy claro dónde iba a matar el accelerando para abordar un aire de andar andante.

" Limbo Jazz "

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