Las nuevas formas de crédito tardarán en llegar a Europa
Para Europa, es la búsqueda financiera del Santo Grial: una forma de obtener nuevas formas de que el crédito fluya a la economía. Con los bancos en retirada, Europa necesita una alternativa al crédito bancario como fuente de financiación de las empresas, y los sectores de la propiedad y las infraestructuras. Las aseguradoras y las gestoras de fondos son buenos candidatos para cubrir ese vacío. No obstante, los prestatarios no deberían inquietarse.
Tomemos el crédito corporativo: los préstamos de los bancos de la eurozona a las empresas han caído un 8% desde su máximo de 2009 de 4,9 billones de euros, según datos del BCE. Los créditos bancarios todavía representan el 80% de la financiación de deuda corporativa. En cambio, en EEUU, las fuentes no bancarias son las que cubren el 80% de la financiación de las empresas; de estas, las aseguradoras desempeñan un importante papel. Los bonos y los préstamos de la empresa privada, que ofrecen mayor flexibilidad que los mercados públicos, representan el 30% de los activos bajo gestión frente a las aseguradoras europeas, que sólo cubren una franja de entre el 4% y el 8%, según Société Générale.
Las aseguradoras buscan nuevas fuentes de beneficios. Los bonos tradicionales ofrecen una rentabilidad demasiado baja, pero las nuevas normas de Solvencia II, que todavía no han entrado en vigor, encarecerán las inversiones en renta variable. La rentabilidad del crédito a la empresa privada podría experimentar una subida de un punto porcentual frente a los bonos comparables, apunta Société Générale.
El problema es que las normas de Solvencia II aún tienen que concretarse, ya que las negociaciones están estancadas por los conflictos de intereses de los diversos mercados de seguros de Europa. En teoría, las aseguradoras deberían ser capaces de igualar sus predecibles deudas a largo plazo con préstamos a largo plazo más rentables. La realidad es que nadie puede ponerse de acuerdo sobre las deudas adecuadas que son apropiadas como garantía frente a activos potencialmente poco líquidos o sobre las inversiones de riesgo que los reguladores tolerarán donde estén en juego los ahorros del contribuyente.
Las restricciones propuestas, que los activos tengan una calificación crediticia de BBB o superior, por ejemplo, podrían limitar las opciones de inversión de las aseguradoras. Normalmente en los préstamos se permite que los prestatarios elijan cómo van a devolver el dinero. Además, las agencias de ráting normalmente no evalúan los créditos privados.
Los reguladores siguen dudando si confiar en los modelos internos de las compañías, sobre todo teniendo en cuenta que muchas aseguradoras carecen de los empleados y la experiencia para descubrir oportunidades de crédito y medir el riesgo crediticio. Las aseguradoras están estudiando el terreno. De momento, Axa se ha asociado con Crédit Agricole y Société Générale; por su parte, Legal & General trabaja con créditos inmobiliarios. Gestoras de activos como ING Investment Management están fomentando sus servicios de intermediarios para la inversión de seguros en nuevas clases de activos. Sin embargo, muchas aseguradoras siguen manteniendo una actitud de cautela, conscientes de que las inversiones tendrán que sufrir una reestructuración cuando la nueva normativa europea salga adelante.
En realidad, tardarán en llegar verdaderas alternativas al crédito bancario. Como muchas de las últimas innovaciones que vive Europa, sus beneficios se evaluarán en el futuro, pero de momento no aportan soluciones a la actual crisis.
Lea el artículo original publicado en The Wall Street Journal Europe's Long Road to New Lending
Más información en www.europe.wsj.com
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