Corren ríos de tinta sobre la deflación. Que si la hay, que si no la hay, que si es buena, mala o mediopensionista, que si el término se refiere a la inflación subyacente o a la general (cuando al final todos los caminos llevan a Roma), etc. Twitter se llena de debates al respecto, algunos con argumentos tan demagógicos como que cómo va a ser malo que baje el precio de la leche, especialmente para las madres con hijos pequeños, sin pararse a pensar que cuando la inflación es “de la mala”, es decir, porque la economía está estancada y no sólo porque baje la gasolina, cierran muchas empresas o ven como se reducen sus ventas y sus márgenes. Eso complica sobremanera el alimento y el bienestar no ya de los niños, sino de toda la población.
Pero no se preocupen. No vamos a entrar en si la deflación es buena o mala. Por un motivo muy sencillo: para el ahorrador y el inversor no es buena ni mala. Simplemente “es”. No es más que un escenario –ciertamente, poco habitual para un español- donde también se puede ahorrar, invertir y obtener un buen rendimiento. Es buena si ahorradores e inversores organizan su cartera para obtener el mejor resultado posible en dicho escenario. Y es mala si no lo hacen. Así que mi primer consejo es tan sencillo como que no se pierda en debates y elucubraciones sobre si la deflación es buena o mala, porque, eso, per se, a quién más afecta es a la economía real, no a la financiera. Usted ahorrador o inversor, tiene una capacidad de maniobra que no tiene una empresa, o un asalariado al que le bajan el sueldo porque la empresa gana menos. Y dispone de activos e instrumentos financieros totalmente adecuados a dicho escenario.
Así que, pare evitar el ruido, que solo beneficia a quienes buscan sus 15 minutos de gloria en los medios de comunicación, a ahorradores e inversores –hablamos sobre todo de inversores conservadores- lo que de verdad les importa es la realidad. Porque no querer ver la realidad es malo en la vida en general –los anglosajones tienen una frase para esto que me encanta “la realidad muerde”-, pero en ahorro e inversión el mordisco puede resultar fatal.
Ha sido fatal para los rentistas –y no es un adjetivo peyorativo, es un perfil de inversión– que pasaron de o no tuvieron acceso a mi consejo de hace años de “fijar” rentabilidades vía bonos europeos y españoles – o fondos de renta fija que invirtieran en estos activos (ver, entre otros “Que error, que inmenso error” o “Un 5% relativamente seguro”). Fatal porque, con todos mis respetos, cuando su asesor, sea bancario o de otro tipo, le aconsejó ese depósito al 4% en lugar de bonos del banco –o del Estado o de una empresa de buena calidad crediticia a un interés igual o superior, o, insisto, más fácil todavía, un fondo de inversión que tuviera esos activos en cartera- lo hizo fatal.
Usted ahorrador o inversor, tiene una capacidad de maniobra que no tiene una empresa, o un asalariado al que le bajan el sueldo porque la empresa gana menos. Y dispone de activos e instrumentos financieros totalmente adecuados a un escenario deflacionista
Le estaba aconsejando/vendiendo pan para hoy y hambre para mañana. Pan durante un año al 4%. Acostumbrado al 4% y al 3%, el 0,5% actual es pasar hambre Y lo que es peor: va a pasar más que el perro de un ciego, porque pronto el 0,5% será el 0,20% o incluso más adelante el 0%. Mientras, el bono aquel sigue dando hoy el 4% anual o más. Y así hasta que venza. Y de la plusvalía obtenida con la bajada de tipos y mejora de la calidad crediticia de España y sus empresas mejor ni hablamos para no amargarle el fin de semana a quién no siguió o no le dieron ese consejo, que no es mi intención.
Vamos a los hechos: ESTAMOS en deflación. Si hablamos de que hay inflación cuándo el IPC es positivo, ¿por qué nos ha dado ahora por buscarle tres pies al gato con su contraria? Hay deflación cuando el IPC es negativo. No le den más vueltas. Buena o mala. Da igual. Por prudencia académica y pragmatismo se añade la "coletilla” -que me parece muy adecuada- de que ese IPC negativo se mantenga “durante un periodo suficientemente largo de tiempo”. Claro, no vamos a hablar de deflación en el caso del año del 2009, que tuvimos IPC negativo un mes como consecuencia del pánico financiero por el estallido de una crisis. Pero ahí se quedó la cosa. Luego repuntó. Por eso hay que esperar y ver. Pero aquí, señores tertulianos, tuiteros y políticos, llevamos ya seis meses de IPC negativo y venimos de AÑOS de caída del mismo. Si eso no es una tendencia, y de largo plazo, ¿qué lo es?
Hay un argumento muy aceptable -pero pragmático, que no académico u oficial- que es el que dice que no se puede hablar de deflación hasta que elIPC subyacente –que es el que no incluye alimentos y energía para así eliminar la volatilidad de los mismos– se mantiene sus correspondientes seis meses en negativo. Pero ese argumento no es válido en el escenario actual. Lo sería si el IPC general fuera a subir en breve, pero no es el caso, porque está pendiente que se traslade a las gasolinas la caída del precio del petróleo y luego esto al IPC. Y porque la economía europea va a tardar bastante tiempo en animarse y crecer como, por ejemplo, la norteamericana (ellos 4%, nosotros 0,3%). No les voy a aburrir con una explicación de cómo se traslada la desinflación general a la subyacente, pero les mostrare lo que importa en los negocios y las inversiones: el resultado
Y para muestra, nada como un gráfico: vean cómo, pese a hacerlo de forma más lenta y con “paradiñas”, al final el IPC subyacente (línea roja) converge con el general (línea negra) cuando este último desciende durante un periodo amplio de tiempo. Lleva dos años y cuatro meses bajando y eso no va a cambiar en breve, porque el petróleo no va subir en mucho tiempo. E insisto: la caída del mismo no se ha trasladado a las gasolinas. La formula para trasladarlo se hizo respetando más intereses empresariales e impositivos que de los consumidores. Pero al final hay que trasladarlo, al menos gran parte, así que nos van a tener que bajar mucho más el precio de la gasolina. Ya lo verán. También da la sensación de que la subyacente (línea roja) se ha quedado parada en el 0%. No se engañen: si observan con atención, verán que siempre lleva ventaja la general (línea negra), pero a la larga esta última “tira” de la subyacente.