Sí, sigue estando ahí, el famoso techo de cristal que impide que las mujeres accedan a puestos de responsabilidad. Pero este techo no es una fatalidad. Las personas son las que deciden los ascensos; las personas son las que fijan las condiciones y el marco de la evolución profesional. ¿Personas? La mayoría de las veces, son hombres que, cada vez más, deben justificar su presencia y por esta razón nadie puede pretender que las cosas no cambien.
Dicho esto, el ascenso de las mujeres a puestos de "suplentes adjuntas" (de hombres, se entiende) o las profesiones de fe gratuitas de los jefes de empresa maduros que se declaran de repente a favor de la introducción de cuotas estrictas de mujeres, señalan una impostura más que otra cosa. Los que exigen la aplicación de estas cuotas deberían dimitir de inmediato si realmente quieren que les creamos. Después de todo, nadie es irremplazable y hay de sobra trabajadoras cualificadas, ¿quién se atrevería a pretender lo contrario?
En el ámbito europeo, la comisaria Viviane Reding [que desea imponer cuotas de mujeres en los consejos de administración] tiene razón. Desde hace un tiempo, los países de la UE se esfuerzan por cumplir las disposiciones de sus respectivas Constituciones y sus obligaciones en materia de respeto de los derechos humanos, así como por hacer que se aplique la igualdad de género en la vida cotidiana. Esto va más allá de la simple regla del derecho: a toda sociedad liberal le interesa que cada uno pueda encontrar la felicidad a su manera. ¿Cómo se pueden conciliar entonces los numerosos intereses familiares y profesionales que están en juego? Esta misión es ante todo competencia de los Estados y Bruselas no debe inmiscuirse.
La aplicación de cuotas en los consejos de administración no resuelve el problema de las numerosas madres de familia encasilladas en el mundo profesional por sus jefes, pero también por su propio cónyuge.
Pero sobre todo, la UE sigue serrando la rama en la que se asienta. Al deseo de Viviane Reding de reforzar la función política de la Comisión (¿sigue siendo viable?) se oponen los deseos de los países que sostienen a la Unión Europea. Si se acepta el sermón sobre la necesidad de "más Europa" es únicamente por la crisis de la deuda. Si no fuera así, ya no se repetiría.
En la práctica, la competencia omnipresente de la UE, que a menudo cuenta con el apoyo de los Estados miembros, es una de las causas de la crisis de confianza que sufre Europa. Si, además de ello, intensifica la dosis de dirigismo moral, una cosa está clara: la Unión debe entrar en razón.