Echen un vistazo a este cuadro, gentileza de Sober Look. Expectativas a 10 años sobre el bono a 10 años en Europa y Japón.
La convergencia es innegable. El mercado ha dictado sentencia. Europa ES la nueva Japón, al menos por lo que los inversores descuentan de la rentabilidad futura de su renta fija.
Ahora váyanse a estos otros cuadros que tomo de Zero Hedge. Tendrán que ampliarlos para poder leerlos correctamente.
La comparativa impresiona por sus similitudes. No sólo eso; si se replicara el patrón japonés, en términos de precios y salarios, lo peor para la Eurozona estaría por llegar.
Cuando menos, impactante.
¿No hay solución? Sin duda, sí.
Pero, por más que se empeñen algunos, no pasa por la socialdemocracia, sino por el liberalismo moderado, aquel para el que el Estado pone límites basados en la seguridad y la subsistencia del conjunto. Lo que de verdad ha fallado en Japón es el cortoplacismo, el celo electoral de unos políticos miopes, incapaces de asumir las reformas estructurales necesarias para hacer sostenible el sistema y fomentar la iniciativa privada, que es la única que puede crear empleo y riqueza productiva.
La tercera flecha de Abe, la de los cambios en el modelo, ha quedado en el olvido siendo, como en el caso de Europa, la que tiene la clave para salir de esta situación. Lo que se está haciendo hasta ahora no sólo se limita a ayudar a la economía financiera, puro humo que se retroalimenta, sino que polariza la sociedad hasta el punto de poner en riesgo su cohesión y facilitar los extremismos, como ha quedado demostrado.
A nadie le interesa, sin embargo, tomar nota.
La política hace tiempo que dejó de trascender a sus mediocres actores, incapaces de pensar como estadistas. Los votantes se sienten abandonados por unas elites en busca de su perpetuación. Y la democracia se perviertehasta el punto de no ser reconocida en su esencia: la elección de los mejores en busca de lo mejor para todos.
Terreno abonado para advenedizos y oportunistas.
En fin.
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