jueves, 15 de enero de 2015

Carlos Slim y el Oviedo C.F.

¿Es el Oviedo algo más que un capricho para Carlos Slim?

El magnate hila fino: lleva invertidos más de 1.300 millones en España en plena temporada de saldos
Ángel Falcón

ÁNGEL FALCÓN

JUEVES 15 DE ENERO DE 2015
"Cuando vives para la opinión de los demás, estas muerto. No quiero vivir pensando en cómo voy a ser recordado". La frase es un latiguillo más de Carlos Slim, uno de los tres hombres más ricos del mundo y máximo accionista del Real Oviedo. El magnate mexicano ha aprovechado la crisis española para penetrar lentamente (y en temporada de saldos) en el mercado español y su presencia en el club azul no debería ser testimonial, sino una oportunidad que puede abrir otras puertas. Sus inversiones suman ya cerca de 1.300 millones de euros. Ha aprovechado los tiempos de crisis para posicionarse. Sigue a su ritmo, a espaldas del resto.
"En la riqueza misma, lo importante no es cuánto se tiene, qué se tiene; sino qué se hace con ella". Desde esta perspectiva, el multimillonario mexicano está gestionando su fortuna en España. En vacas flacas, Slim ha penetrado en FCC como mayor accionista, con una participación del 25,6% y una inversión cercana a los 700 millones de euros. A eso hay que unir los 500 millones que pagó por la adquisición a Caixabank de 439 oficinas de la entidad catalana. Lo hizo a través de Inmobiliaria Carso. La relación con La Caixa se había iniciado en 2008, cuando la entonces Caja compró una participación de Inbursa, una de las innumerables empresas del mexicano. En 2011, Slim realizó el viaje de vuelta y entró en la entidad catalana a través de la compra de 900.000 acciones de Criteria. Pagó 4,5 millones, solo el doble del dinero empleado en Asturias.
La estrategia de Slim en el Oviedo tiene una aspiración lógica. El ascenso a Primera División. Es en ese momento cuando las inversiones se pueden monetizar. Se hablaría entonces de un club que habría sacado de Segunda B y que habría crecido a su antojo, casi como un capricho. Pero en Primera se unen varios factores: la enorme exposición mediática, con matices cada vez más universales, y los jugosos derechos de televisión, un mercado muy cercano a Slim, como ya se ha visto con la compra del León y el Pachuca.

Cadena de contactos

Y otro plus, añadir nuevos nombres a su larga cadena de contactos. Esa clave ha sido fundamental en el modelo de gestión que Slim ha practicado desde siempre: las relaciones personales como fuente de negocio. El Oviedo puede ser otra plataforma para penetrar en el fútbol europeo, a la manera de otros muchos magnates mundiales que extraen beneficios de imagen e influencia. Florentino Pérez es el principal exponente. Si la inversión de dos millones de euros sirvió para salvar al club ovetense de la desaparición, ese dinero puede tener retorno económico en unos años. Slim hila fino. “España tiene futuro”, ha asegurado en más de una ocasión. Habrá que seguir atentamente la estrategia de Carso en la capital del Principado. 
Slim controla más de 200 empresas y da trabajo a 250.000 trabajadores. Aunque ya acumulaba una importante fortuna, el aldabonazo definitivo fue la privatización de los teléfonos mexicanos, Telmex. Ingeniero civil y con raíces libanesas, el magnate confía a las relaciones personales gran parte de su éxito. "Estructuras simples, organizaciones con mínimos niveles jerárquicos, desarrollo humano y formación interna de las funciones ejecutivas. Flexibilidad y rapidez en las decisiones. Operar con las ventajas de la empresa pequeña que son las que hacen grandes a las grandes empresas". Es su ideario.
Grupo Carso, máximo accionista del Oviedo, se expande por terrenos como los seguros, la minería, las telecos, las finanzas, la hostelería, la distribución o la construcción, en su mayor parte empresas muy pujantes. En España ha protagonizado además otras inversiones. Llegó a tener el 3% de Prisa y ha adquirido un 0,5% del capital de Gas Natural. A través de las rebajas de la crisis, va ampliando su imperio. El Oviedo también se presenta como una oportunidad, más allá de un capricho aupado por aquella campaña en las redes sociales que propició su salvación. 

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