domingo, 9 de abril de 2017

Dos que no quieren?

La confluencia de Podemos e IU en Asturias, una quimera

Alberto Garzón saluda al alcalde de Langreo, Jesús Sánchez, en presencia de Ramón Argüelles, el pasado viernes.
Alberto Garzón saluda al alcalde de Langreo, Jesús Sánchez, en presencia de Ramón Argüelles, el pasado viernes. / JUAN CARLOS ROMÁN
  • Pese al acuerdo suscrito por Garzón y Argüelles en la coalición priman las voces contrarias a diluirse en la formación morada, que tampoco ve nada claro el entendimiento


El documento suscrito el viernes por el coordinador federal de IU, Alberto Garzón, y el líder de la organización en Asturias, Ramón Argüelles, sobre la forma de encarar los procesos de confluencia en la izquierda alternativa con vistas a las elecciones autonómicas y locales de 2019, sirve para evitar un conflicto abierto entre las dos direcciones y, por tanto, para ganar tiempo. Pero su trascendencia real es «escasa», según admiten fuentes de distintos sectores de la coalición. Aunque el documento prime el entendimiento con Podemos como eje, lo cierto es que los recelos hacia esa opción son enormes en el seno de Izquierda Unida, y tampoco ese camino genera una especial ilusión en la formación morada. Trasladar al Principado el formato de alianza en el Congreso, bajo el paraguas de Unidos Podemos, es a estas alturas de la película una quimera.
Las aguas internas de IU de Asturias bajan revueltas. El malestar con el proceder de Argüelles, que había mostrado su respaldo a un primer documento que aglutinaba a las distintas corrientes internas y que reforzaba la identidad y el perfil propio de la organización ante un eventual proceso de confluencia con Podemos, del que finalmente se descolgó, es muy fuerte. «Ramón, has faltado a tu palabra», le espetó, molesto, el representante de una organización local de las cuencas en la reunión del máximo órgano de dirección del pasado jueves. Que el coordinador se negase a informar en el citado encuentro del documento que horas después iba a sellar con Garzón, menos contundente a la hora de marcar distancias con la formación morada, no hizo sino incrementar y multiplicar la irritación.
La cuestión es que el primero de los documentos, el que no llegó a cuajar y que era más contundente en la defensa de IU ante un eventual riesgo de disolución en Podemos, aseguraba a Argüelles una mayoría estable dentro de la organización en Asturias con la que ahora no cuenta. El coste a pagar era, probablemente, un enfrentamiento abierto con Garzón y con la dirección federal, que presionó para tumbar ese texto político. El coordinador ha salido del embrollo valiéndose del apoyo de quienes, sin estar por la labor de una confluencia en toda regla con la formación morada, tampoco querían un choque frontal con Garzón de impredecibles consecuencias. El resultado representa una patada hacia delante al balón, pero sin tener muy claro a qué jugar.
Lo que es un hecho es que, hoy, en el seno de IU son mayoría quienes no están por la labor de acudir a la cita autonómica y local de 2019 bajo un formato de confluencia similar al de Unidos Podemos. El temor a que el proyecto, las siglas y la identidad propias se pierdan bajo el hipotético mayor empuje del partido morado está sobre la mesa. Una cosa es estrechar relaciones, tejer estrategias conjuntas y que eso se traslade tanto a la Junta General como a los ayuntamientos. Pero, desde luego, nada de candidaturas compartidas o apuestas por el estilo. «En ese caso estaríamos abocados a la desaparición», razona un veterano dirigente de IU.
Hay malestar con el proceder de Argüelles, pero también con el de Garzón, al que se acusa de viajar a Asturias a imponer sus tesis «cual virrey que acude a visitar las colonias», según lamentan desde el entorno de la corriente de Fernando Díaz Rañón, la más crítica con el devenir de los acontecimientos. La que promueve someter a criterio de la militancia la presencia de IU como organización con identidad y proyecto propio en las elecciones de 2019, consulta que quiere ejecutar esta primavera.
Pero en la dirección los tiempos que se manejan son otros. Se apunta a un debate sosegado a partir de la remisión del documento pactado con Garzón a las organizaciones locales y al conjunto de la militancia, para a continuación someter al voto de las bases bien el texto resultante, bien una pregunta directa. Algo que, probablemente, se llevaría al otoño. Si la caldera interna no estalla antes.
En todo este proceso juega un papel trascendental el otro actor implicado, Podemos, cuya relación con IU en el Principado no ha sido precisamente de cariño. La formación fue arrastrada en Asturias a la confluencia para las generales a regañadientes y el resultado se quedó muy lejos del esperado. Sus responsables siempre han defendido un proyecto político transversal y han rechazado el giro a la izquierda -al que se vio obligado- que supone pactar con IU. De ahí que su secretario general, Daniel Ripa, preguntado ayer por este periódico, pida paciencia y tiempo antes de decidir cómo abordar el escenario futuro.
Admite Ripa que la relación con IU ha mejorado desde la llegada de Argüelles y constata la necesidad de forjar una alternativa «diferenciada» al PSOE en Asturias. Pero cree prematuro determinar cómo. En los ayuntamientos, por ejemplo, no habrá una doctrina general y se analizará caso por caso. Y en cuanto al escenario autonómico, repetir el formato de alianza estatal no gusta. Podemos tiene pendiente su propia asamblea, el congreso de los partidos 'clásicos'. Y la realidad de IU es la que es. Todo está por escribir.

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