Cuarto Poder-BRUSELAS.- El próximo miércoles 15 de febrero, el Parlamento Europeo votará en sesión plenaria el texto del Acuerdo Económico y Comercial Global con Canadá, más conocido por sus siglas en inglés, CETA. El acuerdo de libre comercio entre los países de la Unión Europea y el socio norteamericano ha despertado suspicacias en algunos sectores políticos y sociales que consideran que éste pone en peligro derechos y buenas prácticas básicas de la UE. A unos días de su votación en la Eurocámara y tras varias reuniones, el grupo de los Socialistas y Demócratas europeos se ha visto incapaz de consolidar una posición común respecto al CETA.
cuartopoder.es ha hablado con buena parte de las delegaciones para conocer los motivos de las diferencias entre los socialistas europeos.
El grupo de los Socialistas y Demócratas Europeos (S&D) no tomará una decisión sobre su voto en el pleno de Estrasburgo hasta un día antes de la votación, según confirman fuentes del grupo a cuartopoder.es. El retraso es fruto de las diferencias entre los partidos que lo forman y de la indecisión de no pocos de ellos. Aunque lo cierto es que el acuerdo lleva meses cerrado, ha sido votado en comisión y, por tanto, no existe margen de negociación posible entre los actores ya que el texto es inamovible. Se trata sin embargo de una decisión política que a todas luces dependerá del debate en grupo para muchas delegaciones, mientras que otras ya han tomado una decisión en firme, independientemente de lo que el S&D decida como grupo.
Francia, a la cabeza de los detractores del CETA
Los socialistas franceses lideran las delegaciones que se oponen a la aprobación del CETA en el pleno. Fuentes del partido confirman a cuartopoder.es que pase lo que pasé en la reunión del próximo 14 de febrero, su oposición al acuerdo de libre comercio con Canadá es inamovible. Tanto es así que se han unido a los grupos de la Izquierda Unitaria Europea y los Verdes en sus críticas al tratado y han mantenido su voto contrario a la firma tanto en la Comisión de Comercio Exterior como en la de Medio Ambiente del Parlamento.
Para los socialistas y radicales franceses, el CETA es “inaceptable” e insisten en que el acuerdo va en la línea de una “liberalización excesiva” del comercio. La delegación francesa exige la exclusión de los servicios públicos del acuerdo, rechaza la cooperación regulatoria y el sistema de resolución de conflictos, además de exigir la inclusión de cuestiones climáticas y fiscales en el texto.
También el Parti Socialiste de Bélgica, que paralizó la firma del acuerdo durante semanas al oponerse la Región de Valonia, presidida por el soclialista Paul Magnet, a su firma, votará en contra del CETA. La eurodiputada Marie Arena justifica su oposición al tratado en “el déficit democrático de las negociaciones”, la fuerte influencia de los lobbies en el texto o las carencias en materia de lucha contra la evasión fiscal o el cambio climático.
Jean Keller, eurodiputado por República Checa, advierte que la posición de su partido no es unánime pero no respalda el tratado, tampoco el jefe la delegación Pavel Poc. A Keller le preocupa el abuso que puedan hacer del texto corporaciones no canadienses y el impacto que esto pueda tener sobre la negociación del TTIP, el acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, en punto muerto desde hace meses. Además, el eurodiputado considera que los cambios en el sistema de resolución de conflictos no son suficientes y “no eliminan la asimetría en favor de las corporaciones y contra los estados, contenidos en el borrador original del ISDS”.
También las delegaciones austríaca, portuguesa e irlandesa han mostrado su rechazo al CETA. Más división se aprecia en los eurodiputados británicos que han expresado votos contradictorios en sus intervenciones en comisión.
Alemania, la gran defensora del acuerdo
La delegación alemana, encabezada por Bernd Lange que es además el presidente de la Comisión de Comercio Internacional del Parlamento, es la más firme defensora del acuerdo y además una de las más grandes del grupo con 27 eurodiputados. Según Lang, el objetivo del acuerdo es regular la globalización, frente a políticas como las de Trump, basadas en el “proteccionismo inflexible y la dominación del más fuerte”. Es por ello, entiende el socialdemócrata alemán, que Europa debe defender “normas globales justas”. El presidente la Comisión defiende que el Parlamento tendrá voz y voto en la aplicación del tratado y por tanto, podrá controlarla, además de haber conseguido un importante cambio en el sistema de arbitraje, uno de los puntos más controvertidos del mismo. Cambios que Lang entiende son fruto del trabajo de los socialistas.
En la misma línea se ha expresado la delegación húngara. Fuentes de la oficina del eurodiputado Tibor Szanyi confirman a cuartopoder.es que Szanyi apoyará el CETA, tal y como ha venido haciendo en la Comisión, ya que entiende que el tratado “tiene en cuenta los intereses de ambas partes, al tiempo que ofrece la oportunidad de impulsar nuestras economías y exportaciones, y crear nuevos empleos y oportunidades de negocios”. Una opinión compartida por los eurodiputados socialistas finlandeses que ven además el acuerdo “como una oportunidad para obtener una mejor regulación, mejores derechos para los trabajadores y reglas para el mercado global”.
También la delegación danesa ha expresado su intención de votar a favor del texto.
Italia o España, entre los indecisos
La mayor parte de las delegaciones socialistas, sin embargo, han evitado pronunciarse sobre su voto antes de la reunión del grupo. Tal es el caso del partido con más eurodiputados, el Partito Democratico Italiano. Fuentes del partido confirman que asumirán la decisión mayoritaria que tome el grupo. Aunque lo cierto es que sus eurodiputados han votado a favor del tratado tanto en la comisión de Medioambiente como en la de Comercio Internacional. En esta misma línea se ha expresado también la delegación maltesa que apoyó el tratado en la Comisión de Medioambiente.
Al cierre de esta edición, el Partido Socialista ha rehusado pronunciarse por el momento sobre su posición en el voto de Estrasburgo de la próxima semana. En declaraciones a cuartopoder.es hace tan solo unos meses, la representante del PSOE en la Comisión de Comercio Internacional, Inmaculada Rodríguez-Piñero, reconocía que ciertos aspectos del tratado resultaban preocupantes. La también socialista Soledad Cabezón, votó en contra del texto el pasado mes de diciembre en la Comisión de Medio ambiente. No así Rodríguez-Piñero que apoyó la aprobación del CETA en comisión el 24 de enero. Fuentes del partido explican que las contradicciones de voto en éstas y otras comisiones responden simplemente a la disciplina de voto que establece el grupo socialista previamente. Estas mismas fuentes reconocen que en principio el PSOE es favorable al acuerdo, aunque los eurodiputados del partido se reunirán para definir su postura. Sin embargo, en línea con la posición seguida durante las fases previas al pleno, el voto estará en consonancia con la decisión mayoritaria del grupo socialista en Estrasburgo. Un grupo, sin embargo, completamente dividido en esta ocasión.
La aprobación del acuerdo solo precisa de mayoría simple. De modo que el texto saldría adelante con el apoyo del Partido Popular Europeo, los Conservadores y Reformistas y los liberales del ALDE. Un poco probable voto en contra de los socialistas en bloque, que prometieron un viraje en sus políticas tras el fin de la “gran coalición” con los Populares, podría poner de nuevo en apuros la consecución del CETA que Justin Trudeau espera celebrar con su presencia el 16 de febrero en Estrasburgo.
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