miércoles, 9 de noviembre de 2011

Elio... un adelantado.

Elio Berhanyer: "La moda es una industria y sólo lo ve Amancio Ortega"

08.11.2011MadridRosario Fernández. Siga al autor en
El modisto se queja de la falta de apoyo que ha recibido el sector. "Los gobiernos no han confiado en las posibilidades de la moda, no sólo como arte, sino como negocio".
Es uno de los grandes de la moda. A sus 82 años, este "joven", como él mismo confiesa que se siente, sigue amando profundamente su profesión. "Me casé con la moda y no me he divorciado", bromea Elio Berhanyer (Córdoba, 1929), aunque reconoce que "si hubiese nacido en una familia más rica me hubiese gustado ser arquitecto".

Él, que ha recibido multitud de homenajes, que tiene en su haber innumerables premios nacionales e internacionales –el último se lo ha concedido la revista Telva recientemente– destaca con humildad que "esos galardones no me los han dado a mí, sino a mi equipo porque, ¿qué es un director sin su orquesta?".
Berhanyer siempre creyó que España se convertiría, tras Francia e Italia, en el tercer país que mandase en el mundo de la moda. Unos deseos que no se han correspondido con la realidad, debido, fundamentalmente, "a la falta de apoyo por parte de los gobiernos, que nunca han confiado en las posibilidades del sector de la moda, no sólo como arte, sino también como negocio".

Berhanyer recuerda cómo en el año 1974 mientras el gobierno español decidía gravar la alta costura con un 60% sobre el bruto de las ventas, en Italia su ejecutivo optaba por eliminar todos los impuestos a este negocio para que floreciera. Ese gravamen provocó la muerte de la alta costura en nuestro país, de la que culpabiliza al gobierno de turno. Berhanyer, que llevaba trabajando en ella desde su primera colección creada en 1960 –después de haber trabajado en el diseño de vestuario de teatro– y representando a España por los cinco continentes con su savoir faire, tuvo que abandonarla en 1978 cuando ya la situación financiera de su taller se hizo insostenible.

Él no fue el único, otras casas, como la de Pedro Rodríguez o la de su tan admirado Cristóbal Balenciaga, "el mejor diseñador del siglo XX", también echaban el cierre definitivo. Pero mientras el de Guetaria se negó a pasarse al prêt-à-porter, el cordobés sí lo hizo, "aunque nunca me ha gustado. Sin embargo, he intentado que el prêt-à-porter que he presentado todos estos años en Cibeles se pareciera lo máximo posible a la costura, pero sin los costes de esta", confiesa. "Con el cierre de la alta costura España perdió la imagen del lujo", añade.

Clientas distinguidas
El modisto, que se bajó de las pasarelas a finales del año pasado, tras haber diseñado alrededor de 3.000 trajes y vestido a mujeres como la Reina Sofía -"es una mujer maravillosa y a la que vestí durante doce años"- o a la que se convirtió en su amiga, la actriz Ava Gardner en sus años en España, "la mujer más bella del mundo; era más guapa aún sin maquillar", también fue pionero en la colaboración con empresas. Así, diseñó uniformes para Iberia, el de las azafatas de la Copa Mundial de Fútbol de 1982 o el de las Fuerzas Armadas Españolas. En su opinión, "ha habido un divorcio entre el diseño y las grandes empresas textiles. El diseñador no tiene apoyo ni del Estado ni de las empresas. La moda es una industria y el único que lo ha visto es Amancio Ortega".

El diseñador cree que el problema actual de la moda española no tiene que ver con el talento, si no con que no sale de nuestras fronteras, "la única forma de que resplandezca es que salga fuera, pero para ello necesita inversión".
Este apasionado de los animales, especialmente de los felinos y de las plantas –"tengo plantas que me recuerdan a mi tierra"– está entusiamando con la cátedra que lleva su nombre que se imparte en la Universidad de Córdoba y que va por su quinta edición. "Me gusta la enseñanza, no sólo por lo que yo les aporto, sino por lo que aprendo de ellos. Ellos llegan con sus ideas renovadoras y revolucionarias y yo les digo que hagan cosas comerciales, que hay que ganar dinero".

Después de tantos años dedicados al lujo, Berhanyer reconoce que "el lujo es poder trabajar como tú quieras, usando telas muy buenas, teniendo a buenos bordadoras. Lo mejor es vivir de forma tranquila y modesta y que lo que hagas lo inviertas en tu trabajo. El lujo no es tan importante. Todo es mentira".

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