Las tres claves que refuerzan a 'Fort Euro'
Por Pedro Calvo
Un, dos, tres responda otra vez. ¿Cómo ha evolucionado el euro contra el dólar en 2011? Seguramente, muchos responderían que la divisa europea ha perdido valor contra la estadounidense. Tendría toda la lógica que fuera así, puesto que la secuencia de noticias negativas ha sido constante este año.
En abril, Portugal se convirtió en el tercer europaís rescatado, tras Grecia e Irlanda; ese mismo mes comenzó a reconocerse la posibilidad de que Atenas quebrara; en agosto, el Banco Central Europeo (BCE) se vio obligado a comprar deuda pública italiana y española... Y así hasta la última semana, en la que Italia se ha asomado definitivamente al precipicio y España no se encuentra demasiado lejos...
Con todos estos ingredientes, ¿cómo va a subir el euro? Pues, por muchas flechas que haya recibido, la fortaleza del euro sigue siendo un hecho. Hasta la fecha, la moneda única se aprecia un 1,9 por ciento contra el billete verde en 2011, hasta los 1,363 dólares, con arreones que a lo largo del año le han acercado a los 1,50. La cuestión: ¿a qué responde que Fort Euro no esté sintiendo daños mayores, cuando además un debilitamiento de la divisa europea ayudaría a paliar en parte, vía exportaciones, el perjuicio que la crisis soberana está provocando en la economía? Tres respuestas lo explican.
1 Tipos de interés más altos. Las polémicas subidas de los tipos de interés que el BCE realizó en abril y julio de este año situaron el precio oficial del dinero en el 1,5 por ciento, el nivel más elevado entre las mayores potencias del mundo (G-7). Aunque la entidad monetaria europea ha comenzado a recular, puesto que el pasado 3 de noviembre ya redujo los intereses al 1,25 por ciento, esta cota todavía es más alta que la vigente en Estados Unidos (0-0,25 por ciento), Reino Unido (0,5 por ciento), Japón (0,1 por ciento) y Canadá (1 por ciento). Mientras los tipos permanezcan en el 1 por ciento o por encima, actuarán como soporte para el euro.
2 ¿Imprimir más euros? Nein! Junto con los tipos, existe otra diferencia entre la política del BCE y la de sus principales homólogos. Mientras la Reserva Federal (Fed) de EEUU, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón han creado más dinero para introducirlo en sus respectivas economías mediante compras masivas de deuda pública y privada, la institución europea es mucho más tímida en este terreno. Aunque la mayor diferencia no es el volumen, sino el procedimiento, ya que el BCE retira de circulación la misma cantidad de dinero que destina a comprar bonos. Así, pese a que desde mayo de 2010 ha dedicado casi 200.000 millones de euros a la adquisición de títulos, eso no significa que haya introducido ese dinero en la eurozona, ya que ha sacado del sistema ese mismo montante. Es decir, lo que da por un lado, lo quita por otro, en una maniobra conocida como esterilización.
La argumentación del BCE para actuar así descansa en dos pilares: el primero, no contravenir su mandato de garantizar la estabilidad de los precios en la región; y el segundo, no mezclar a la política monetaria, de la que se encarga la entidad, con la política fiscal, que es potestad de los gobiernos.
Sin embargo, los últimos acontecimientos, esta vez con Italia en el papel estelar, están incrementando la presión para que el BCE se despoje de sus complejos ortodoxos. "Es necesaria una decisiva acción del BCE. Debe incrementar a gran escala las compras de bonos e indicar a los mercados financieros que apoyará a la deuda durante más tiempo. Las preocupaciones de que mayores adquisiciones causarían inflación a medio plazo son infundadas. En la actual disyuntiva, la deflación es un riesgo más grande que la inflación", demanda Marie Diron, economista del Ernst & Young Eurozone Forecast. "Al final el BCE mirará al precipicio y dirá: olvidemos todas las reglas, tenemos que comprar deuda", declaró ayer el Premio Nobel de Economía Paul Krugman en una entrevista con el rotativo alemán Handelsblatt.
Si, finalmente, la entidad presidida por Mario Draghi da su brazo a torcer -con el permiso de Alemania- y acepta comprar muchos más bonos sin esterilizar esas adquisiciones, ese viraje sí podría estimular una mayor debilidad del euro.
3 Nadie quiere una divisa fuerte. En las circunstancias actuales, ninguna nación quiere tener una divisa fuerte. Países como Suiza y Japón, por citar los principales casos, han intervenido directamente para frenar sus monedas; otros, como EEUU o Reino Unido, han inducido la debilidad de sus monedas con sus políticas monetarias. Como el BCE no ha actuado en el mercado y su estrategia monetaria es más restrictiva, por comparaciones esta realidad se convierte en el tercer gran soporte del euro.
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