miércoles, 16 de enero de 2013

A los Vivítopes.....


El vino en América III: Chile


El Eco
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Lo primero que sorprende al llegar por vía aérea a Santiago de Chile son los anuncios de los agentes aduanales -por escrito, en la megafonía y no en pocas ocasiones en forma personal- recordando la absoluta prohibición de la introducción de alimentos, animales o cualquier tipo de vegetales. Los chilenos cuidan con celo inusual su ecosistema, el cual se encuentra aislado del resto del planeta por lo que nunca han sufrido plagas o enfrentado problemas acuciantes como la filoxera. La razón es simple Chile, por su topografía, está naturalmente protegido: al norte por el desierto más seco del mundo, Atacama, al sur por la Antártida, al este por la cordillera de los Andes y, finalmente, al oeste por el océano Pacífico. De esta forma cualquier epidemia o peligro desaparece antes de llegar a las zonas habitadas, tanto con vida vegetal como animal queda protegida creando condiciones ideales para la agricultura y ganadería.
La industria vitivinícola de Chile se desarrolla en la parte central del país, recordemos que tiene 4.300 kilómetros de largo por 177 de ancho, y son reconocidas cinco regiones que a su vez cuentan con varios valles. Esta son: Atacama con los valles de Copiapó y del Huasco, Coquimbo con Elqui, Limarí y Choapa, Aconcagua cuenta con tres uno del mismo nombre, Casablanca y San Antonio, Central con Maipo, Rapel, Curicó y Maule, finalmente Sur con Itata, Bío-Bío y Malleco.
El crecimiento ha sido acelerado, se ha sextuplicado el tamaño desde 1990, y ostenta el octavo lugar mundial de producción superando a Sudáfrica y a Alemania; más importante aún es que continúan creciendo tanto en producción como en consumo interno, los chilenos se han convertido recientemente en consumidores de vino llegando ya a un consumo per cápita anual de 15 litros ya cercano al de España. El país de los mapuches, con un poco más de 17 millones de habitantes, no representa más del 25 % del consumo de la producción chilena, por lo que vive de lo que se exporta principalmente a Europa y en menor cuantía a EEUU. Esto hace que se sitúen en el quinto lugar de los países exportadores, detrás de Italia, España, Francia y Australia.
Una de las características peculiares de la industria vitivinícola es que se encuentra altamente concentrada, ya que tres empresas controlan más del 75 % del mercado:Concha y Toro, San Pedro Tarapacá y Santa Rita. La primera detenta ya el octavo lugar mundial y ha ganado notoriedad por patrocinando al Manchester United con su vino insignia, Casillero del Diablo. La cuarta en dimensión, Viñedos Emiliana, es tan sólo de la décima parte de la más pequeña de las tres grandes lo que nos da idea de la diferencia entre ellas.
Sin embargo los líderes del mercado representan tan sólo el 50 % de las exportaciones, lo que nos indica que la oferta de los pequeños está orientada a los mercados internacionales.Los caldos chilenos ya han obtenido triunfos importantes en los concursos globales, equivalentes al juicio de París que catapultó la industria estadounidense de vinos, obteniendo el primer lugares con Chadwick en cata ciega contra las mejores propuestas de Francia e Italia.
Una ventaja que se agradece de la propuesta chilena es que se cuentan con vinos de calidad en todos los rangos de precio, lo que permite explorar con libertad las opciones disponibles, aprender y compartir. Los chilenos han construido una industria vitivinícola fuerte, con propuestas diferentes, innovadora y espíritu nacional. Hay que aprovecharlo. ¡Salud!

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