Reformas y reestructuración: lo que le pide la banca al nuevo Gobierno
Reformas estructurales que devuelvan la confianza
sobre la economía española y terminar rápidamente con la
reestructuración del sector financiero. Estas son las dos peticiones
principales del sistema financiero al Gobierno que salga elegido el
próximo 20-N. Pero dentro del sector hay diferencias sobre cómo se
debería estructurar la ayuda pública.
El sector financiero, por su parte, tiene claro que, para que la financiación vuelva a fluir hacia el tejido productivo, antes tiene que terminarse el proceso de desapalancamiento que está en marcha y con el que la economía se está purgando de los excesos cometidos en la época de bonanza. El crédito volverá a crecer cuando haya demanda solvente, opinan los banqueros, y para que esto ocurra la economía tiene que recuperarse.
De allí, la primera petición de la banca al próximo Gobierno: reformas estructurales. “Espero que el Gobierno que salga de las elecciones haga un programa económico que cumpla con esa denominación y que sea creíble”, declaró hace unos días el presidente de la Asociación Española de Banca (AEB), Miguel Martín en una intervención pública.
En sus intervenciones, los banqueros coinciden en que hay que actuar con urgencia. El presidente de BBVA, Francisco González, dijo recientemente en una intervención en la conferencia de la patronal de los autónomos ATA, que se necesita un "Gobierno valiente" para abordar con "urgencia" unas reformas que "no tienen color político". González, uno de los banqueros que menos ha escondido sus preferencias políticas (envió una nota de prensa para felicitarse cuando Zapatero anunció que adelantaría las elecciones), hizo estas declaraciones en presencia del líder del PP, Mariano Rajoy.
A su vez, el director general para América Latina de Santander, Francisco Luzón, afirmó esta semana que el nuevo Ejecutivo tendrá que "combinar políticas de ajuste y austeridad con políticas de salida y de crecimiento". Según Luzón, las elecciones del 20-N son "una oportunidad para que el país retome de nuevo la senda del crecimiento".
Para la banca, es clave que el nuevo Gobierno consiga reconquistar la confianza de los mercados y bajar así la prima de riesgo que, día tras día, pulveriza récords encareciendo de forma desmedida la financiación para el Estado y las empresas. En la situación actual, la banca no puede salir al mercado a financiarse, lo que a su vez repercute en mayores dificultades para conceder créditos.
La reestructuración
Si en las peticiones generales sobre la economía hay unanimidad entre los banqueros, los matices aparecen cuando el discurso se centra en el sector financiero. Claro que todos piden que se termine cuanto antes la reestructuración, pero no todos entienden esta petición de la misma forma.
El discurso de los bancos asociados a la AEB es el mismo desde que empezara la crisis: las entidades débiles tienen que desaparecer y ser absorbidas por las fuertes. Las ayudas públicas sólo se tienen que conceder a entidades viables y a cambio de una reestructuración seria. “No se trata de echar a unos cientos de empleados y cerrar oficinas con dinero público”, dice un directivo del sector, y añade que lo que se necesitan son más fusiones.
En su última intervención pública, Miguel Martín reiteró que los bancos no están en contra de que se utilice capital público, pero estas ayudas tienen que tener condiciones. “Bienvenido sea si cumple el objetivo de hacer entidades fuertes que puedan sobrevivir”, dijo el presidente de la patronal y añadió que “esas ayudas tienen que ser para ayudar al conjunto del sistema a reestructurarse”.
No se trata, obviamente, de la misma postura que defienden las entidades que sí han recibido ayudas públicas y que esperan seguir adelante y devolverla en los próximos años, para seguir existiendo como entidad autónoma. En este momento, hay cuatro cajas que han sido parcialmente nacionalizadas con la entrada del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), cuyos administradores están en los consejos para gestionar estas entidades.
En todo caso, en el sector cada vez cobra más fuerza la idea de que se acerca a pasos agigantados una nueva ronda de fusiones que, esta vez, implicará también a los bancos. La primera operación ya se ha anunciado: la absorción de Pastor por parte de Popular.
Pero para que los movimientos corporativos se amplíen, es decir para que las entidades más grandes y saneadas se decidan a absorber las que están peor, hace falta eliminar un obstáculo: la montaña de ladrillos que se acumula en los balances de la banca.
El banco malo
La creación de un banco malo donde las entidades puedan acumular sus activos inmobiliarios es otra de las peticiones del lobby bancario que, sin embargo, sobre este tema no acaba de encontrar una postura común.
Parte del sector financiero lleva tiempo presionando porque se cree un banco malo “colectivo” suportado con fondos públicos donde las entidades puedan aparcar su ladrillo hasta que la situación mejore. Algo que en las últimas semanas han pedido públicamente el consejero delegado de Sabadell, Jaume Guardiola, y el de CaixaBank, Juan María Nin.
“Ninguno de estos dos bancos parece necesitarlo por su situación actual. Así que lo más lógico es pensar que lo pidan pensando a eventuales adquisiciones”, comentan fuentes del sector. De hecho, muchos bancos consideran que el banco malo podría ser la chispa que desbloquee las fusiones. Sin embargo, de esta petición se han desmarcado los dos grandes bancos, Santander y BBVA.
El mensaje de los partidos sobre este tema tampoco está claro. El responsable económico del PP, Cristóbal Montoro, dejó entrever hace unos días que su partido sí estaría a favor de la creación de este instrumento. Sin embargo, el jueves Rajoy afirmaba, en una entrevista radiofónica, que el PP no se plantea esta opción y que considera que la reestructuración se tiene que acabar con más fusiones.
Lo que los bancos no quieren
Lo que el sector financiero tiene claro es lo que no quiere que haga el próximo Gobierno. En primer lugar, en la banca no hace gracia la propuesta del candidato socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, de poner un impuesto especial a las ganancias de las entidades financieras.
Cuando el pasado verano Rubalcaba lanzó la propuesta, añadiendo que el dinero recaudado se utilizaría para un fondo para fomentar el empleo juvenil, la banca no tardó en contestar. La AEB dejó claro que la mejor forma de crear empleo juvenil es lograr un "crecimiento de la economía fuerte y sostenido", para lo que se requieren "programas económicos que generen confianza y reduzcan la prima de riesgo".
Además, en el sector subrayan que las entidades financieras ya pagan el impuesto de sociedades, como las demás empresas, y que no se entendería ni siquiera desde un punto de vista jurídica por que deberían pagar un impuesto especial. “Por qué un banco sí y Telefónica no? pregunta retóricamente una fuente del sector.
Otro tema que preocupa a la banca es la dación en pago, es decir, que se modifique la ley hipotecaria para que los prestatarios respondan también con su patrimonio personal de la deuda contraída. Este tema estuvo muy caliente el pasado verano, a raíz de las movilizaciones de la sociedad civil de las que se hicieron eco algunos partidos. Sin embargo, a fecha de hoy no parece que ninguno de los dos partidos mayoritario esté dispuesto a defender este tema, aunque proponen fomentar que la banca ofrezca también hipotecas sin garantía personal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario