lunes, 10 de marzo de 2014

Mucho Paco...de Lucía.


La sombra de Paco de Lucía es alargada


  • (acontecimientos)

El recuerdo al guitarrista recientemente desaparecido marcó el concierto de Estrella Morente

Hace cinco años, Estrella Morente debutó en el Carnegie Hall, uno de los grandes templos de la música internacional, que ha sido escenario de veladas inolvidables a lo largo de la historia. En la soledad de su camerino, la cantaora recordaba, al concluir la velada, que en las paredes de aquel auditorio permanecía la memoria de los artistas flamencos desaparecidos que lo pisaron en su día, como Carmen AmayaSabicas. Cinco años después, Estrella Morente ha vuelto al Carnegie Hall, y su extraordinario concierto ha estado marcado por el recuerdo de dos figuras fundamentales en su vida y su carrera: su padre, Enrique Morente, y Paco de Lucía, faro y estandarte del flamenco actual. Los dos compartieron en su día este escenario. Y Estrella cantó con el alma de su padre y las cuerdas de la guitarra del algecireño anudadas a la garganta.
La repentina muerte de Paco de Lucía ha sido para los flamencos una puñalada difícil de arrancarse; el dolor de la herida todavía está muy vivo. José Carbonell, Montoyita, miraba al Carnegie Hall la víspera del concierto y la voz se le llenaba de lágrimas al recordar el día en que tocó junto a Paco en él. Estrella Morente, pocos minutos antes, había teñido con su recuerdo la conversación que mantuvo con un puñado de periodistas. Y es que la sombra de Paco de Lucía es, en el mundo del flamenco (en el de la música y la cultura españolas), demasiado alargada. «Las cuerdas de la guitarra están llorando por Paco de Lucía», cantaba ayer Estrella Morente antes de dejarse inundar por un mar de aplausos.
Estrella Morente, qué duda cabe, es una de las grandes embajadoras del flamenco actual. Su presencia despierta en el público una excitación especial. Y ayer, en el Carnegie Hall, en el concierto organizado por elFlamenco Festival, se vivía esa expectación. Caminando muy despacio, envuelta en penumbra, apareció Estrella Morente, apenas distinguida su figura. Y alzó su voz poderosa, rotunda, algodonosa... El único sonido en medio del silencio. Y tuvo su primera ovación.
Ha crecido mucho Estrella Morente en estos últimos años. Un periodista le preguntaba el día anterior cómo había influido en ella el desgarro producido especialmente por la muerte de su padre, y ella decía quecuando uno se mete la mano en el pecho se emociona, para bien y para mal, y hay que mirarse adentro y dosificar esa emoción. Y el cante de Estrella Morente es verdaderamente emocionante, intenso, sentido. Canta, lo dice ella misma, con libertad. También con una mezcla sabrosa de juventud y de madurez. Sus canciones bañan, pasa por ellas como si caminara por la arena de una playa, dejando su huella leve y fugaz.
Le costó, sin embargo, encontrar el abrazo del auditorio, al que fue llevando poco a poco a su terreno hasta lograrlo y entregarse, literalmente, a él, bajando al patio de butacas a cantar el «Volver» de Gardel, un himno ya en su carrera, que es en su voz nostalgia esperanzada. Con su último trabajo, «Autorretrato», como columna vertebral de su concierto, Estrella cantó, una vez más, arropada por sus músicos (su familia), donde destacaron Montoyita, con un conmovedor solo dedicado, ¡cómo no!, a Paco de Lucía, y Enrique Morente Carbonell, Kiki (su hermano), poseedor de una voz caldosa y sugerente.

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