domingo, 19 de octubre de 2014

La muerte lenta del Ciclismo...

El ciclismo español y su incierto futuro

Diego Ruiz de la Peña reflexiona sobre el pasado reciente del ciclismo y el cambio de ciclo que se avecina
Viernes10 de octubre de 2014
Asturias 24
Las hojas muertas se le escaparon al sempiterno Valverde, paradigma del ciclista absoluto, que con su segundo puesto en la clásica lombarda, el pasado fin de semana, cerraba una espléndida temporada rubricada con el bronce en el mundial de Ponferrada y el premio de ostentar el nº 1 del ranking mundial de la UCI, el mejor ciclista del año. Terminada ya la temporada para los corredores españoles, podemos decir que el año ha sido bueno para el ciclismo patrio en términos de resultados conseguidos.
Una Vuelta a España con dos españoles en el pódium, la tercera de Alberto Contador, el sexto pódium para Valverde, que también quedó cuarto en el Tour de Francia, y un buen número de pruebas por etapas y de un día del calendario internacional completan una buena temporada para los nuestros. Un año 2014 que finalizará con un ciclista español, Valverde, y un equipo español, el Movistar, a la cabeza del ranking mundial de la UCI pero que, sin embargo, ha sido el año en que de manera más evidente se ha visto la falta de relevo. Y es que nuestro ciclismo vive en la actualidad una realidad engañosa, la que ocultan con los méritos de una generación dorada las carencias del relevo inmediato. Son ya demasiadas temporadas en las que el peso de los triunfos ha recaído en un puñado de corredores que, sin duda, han escrito buena parte de las mejores páginas de la historia del ciclismo español, pero que están ofreciéndonos los bises de un espectáculo que dura ya una década. En este tiempo los corredores españoles ha traído para casa 12 vueltas grandes, 8 medallas en los mundiales, han conquistado clásicas hasta entonces reservadas para corredores de otras latitudes y han liderado repetidamente el ránking mundial, de la misma manera que Rafa Nadal lo ha hecho en tenis, aunque con mucha menos atención mediática. Para el recuerdo quedará la temporada 2008, en la que el ciclismo español logró Giro (Contador), Tour (Sastre), Vuelta (Contador) y hasta unos Juegos Olímpicos con el asturiano Samuel Sánchez.
Pero este año han sido varias las alarmas que se han encendido y que anuncian un preocupante cambio de ciclo. En el Giro de Italia sucedió algo tan sorprendente como significativo: por primera vez desde 1998, es decir, tras 16 temporadas, ningún español figuró entre los 20 primeros clasificados de unagrande (en el caso concreto de la ronda italiana habría que remontarse hasta 1979). Bien es cierto que no sucedió lo mismo en el Tour, con el 4º puesto de Valverde y el 10º de Zubeldia, (aunque solo uno más completa la lista de españoles entre los 20 primeros) pero si tenemos en cuenta que el primero cumplirá 35 años la próxima temporada y el segundo 38, no parece que se trate precisamente del futuro del ciclismo de nuestro país. También la Vuelta a España contó con un buen número de españoles entre los primeros puestos, algo por otra parte lógico al tratarse de la vuelta nacional, pero de nuevo mirando las partidas de nacimiento el dato se nos revela preocupante, y es que tenemos que descender hasta el puesto nada menos que 28º de la clasificación final para encontrar al primer ciclista español que baja de los 30 años, en este caso Mikel Landa (24) una de las promesas de nuestro país.
El caso español contrasta con el de otros países, algunos emergentes en esto del ciclismo, como Australia, Reino Unido o Polonia, que están viendo florecer equipos y prometedores corredores como Michal Kwiatkowski (24), Michael Matthews (24) o Rafal Majka (25), que ya son referencia en las carreras más importantes . Al mismo tiempo, los países del viejo ciclismo vuelven a ostentar una posición cada vez más dominante o ven reverdecer laureles como el caso francés, que cuenta con una de sus más prometedoras promociones de las últimas décadas con Warren Barguil (22), Romain Bardet (23), Arnaud Démare (23), Thibaut Pinot (24), Nacer Bohuanni (24) o Pierre Rolland (27). Colombia vuelve a brillar con sus escarabajos Nairo Quintana (24), Carlos Betancur (24), Rigoberto Urán (27) y Julián Arredondo (26). Bélgica y Países Bajos renuevan a sus clasicómanos con Sep Vanmarcke (26), Jan Vakelants (28) o Wilko Kelderman (23) y presentan a hombres para grandes vueltas como Bauke Mollema (27) y Tom Dumoulin (23). Incluso Italia puede sacar pecho con uno de los ciclistas con mayor futuro en la actualidad, Fabio Aru, que con 24 años ha sido 3º en el Giro y 5º en la pasada Vuelta. En España, en cambio, nos dirigimos hacia un período oscuro donde no se vislumbran nuevos nombres capaces de dominar en las grandes vueltas, ni tan si quiera en las grandes pruebas de un día del calendario World Tour, las carreras de máximo nivel en ciclismo.
La desaparición, al final de la pasada temporada, del equipo Euskaltel Euskadi ha sido un duro golpe para el ciclismo en nuestro país, que se ha quedado únicamente con el poderoso Movistar como única formación en la primera división del ciclismo, el UCI Pro Team. Y es precisamente aquí donde se refugian el mayor número de corredores españoles que están demostrando un alto nivel competitivo a lo largo del año. Jesús Herrada (24), los hermanos Ion y Gorka Izaguirre (25 y 27), Jonathan Castroviejo (27) o Beñat Intxausti (28) han demostrado ser grandes corredores de equipo en vueltas de tres semanas y también poder brillar en diferentes disciplinas como la montaña y el crono, pero la realidad es que ninguno ha alcanzado el nivel necesario como para considerarlos futuros campeones, tal y como ahora puede ser el caso del mencionado Aru o el francés Bardet, que con solo 23 años ya ha sido 15º y 6º en las dos últimas ediciones del Tour de Francia.
Como no podría ser de otra manera, el problema está en la base. Si solo contamos con un equipo profesional en la máxima categoría del ciclismo, lo mismo ocurre en la “segunda división”, la de los Equipos Profesionales Continentales, donde hoy España solo tiene al Caja Rural frente a los 5 que tenía, por ejemplo, en 2006. Cada vez hay menos equipos y el número de licencias en categorías inferiores ha descendido notablemente durante la última década, pudiendo afirmar que, en estos momentos, apenas contamos con cantera en nuestro país. Baste otro dato: en los recientes mundiales de Ponferrada el primer junior se clasificó en el puesto 54º, mientras que en la categoría sub-23, solo un corredor español entró en el primer grupo de 39 corredores.
Ni siquiera el ilusionante proyecto de Fernando Alonso para formar un equipo ciclista en 2015 parece haber fructificado. Un proyecto al que muchos se aferraban como un acicate para reactivar el mercado de este deporte, especialmente en España, y que ahora deriva en una apuesta con un inicio a más largo plazo.
De manera paralela, la desaparición de estructuras profesionales y equipos en categorías inferiores ha ido de la mano de la reducción de competiciones en nuestro país. Un gran número de pruebas han menguado el número de sus etapas, cuando no han desaparecido, algo que ha ocurrido en todas las categorías sin excepción.

EL CASO ASTURIANO

Asturias ha sido siempre una región de amplia tradición ciclista, tanto por el número de corredores que han llegado al profesionalismo como por la afición a este deporte. La situación del ciclismo en el Principado es perfectamente extrapolable al resto del territorio español. Aquí hemos visto desaparecer las 3 competiciones profesionales que teníamos  en los últimos 17 años. Primero fue la Vuelta a los Valles Mineros, cuya última edición se disputó en 1997; después, el lento declinar que desde los primeros años 2000 sufrió la Vuelta Ciclista a Asturias obligó a la reducción del número de etapas, absorbiendo la Subida al Naranco, que dejó de celebrarse, junto con el Critérium de Ases, en el mes de septiembre. Finalmente, y tras una larga agonía, despojada ya del lustre y atención mediática de tiempos pasados, la anunciada muerte le sobrevino este mismo año a la ronda asturiana.
En cuanto a la base, tanto el número de competiciones como de licencias en las categorías inferiores han descendido bruscamente. Como nos indica el exciclista profesional Santi Pérez, actual seleccionador asturiano en categoría junior: “En mi época tenían que poner un límite de 200 corredores por prueba, ahora en juveniles tenemos 25 licencias y en sub-23 el número es aún más bajo. Para un chaval de 17 años como yo era una gozada salir a entrenar y encontrarte con profesionales como Marcelino García y otros a los que podías ver fácilmente; casi todos los días había noticias en la prensa sobre el Clas-Cajastur, el ciclismo estaba muy presente”. La coyuntura económica es una de las razones por las que el deporte base está pasando por tan mal momento: “El ciclismo es un deporte tan competitivo que no basta solo con el entrenamiento, es necesario participar en muchas pruebas pero con la actual crisis a los equipos, que ven como cada vez hay menos carreras en su región, no siempre les resulta posible realizar desplazamientos”. Para revertir esta situación la receta es clara: “Necesitamos patrocinadores que inviertan en el ciclismo, proyectos profesionales y trabajar más intensamente con la base. Nos ha tocado vivir las mieles pero la buena época, que ahora está llegando a su ocaso, va a ser difícil que vuelva”.
Como en la escalera de Penrose, una serie de efectos entrelazados, sin un principio claro y con un final incierto, han situado al ciclismo español ante su oscuro destino. La dificultad para encontrar patrocinadores, la escasez de estructuras profesionales, la debilidad manifiesta de la cantera, la desaparición de competiciones y, por qué no decirlo, el escaso e injusto tratamiento que los medios de comunicación españoles han dado a nuestro ciclismo en los últimos años, dando prioridad a los casos de dopaje frente a los casos de éxito fruto del sacrificio, el esfuerzo y la calidad de unos ciclistas que han situado a nuestro país en lo más alto de este deporte, son ingredientes que conforman un panorama borroso que, una vez pasada la página de los Contador, Valverde yPurito, quizás nos aboque a recordar con nostalgia estos últimos tiempos dorados.

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