miércoles, 10 de diciembre de 2008

El Euribor todo un debate.

El diferencial entre el tipo real y el de referencia, debe de ajustarse al máximo, por el bien del consumidor de los servicios

bancarios de activo.

¿Hay que matar al Euribor? La crisis cuestiona su validez como referencia hipotecaria
Euribor, crisis económica


El Euribor, el tipo de interés al que están ligadas las penas y las alegrías de la mayoría de los españoles, ha perdido buena parte de su credibilidad. Hasta su patrón, el presidente del BCE Jean-Claude Trichet, ha cuestionado su validez al afirmar que continúa siendo "demasiado elevado" pese a los esfuerzos de la autoridad monetaria por reducirlo: una bajada de tipos de 1,75 puntos desde septiembre e inyecciones ilimitadas de liquidez a la banca. Esto ha reabierto el debate sobre si el Euribor sigue siendo la mejor referencia para calcular el tipo de las hipotecas.

La respuesta mayoritaria del sector es que es la mejor referencia, pero por falta de alternativas y por la enorme complejidad que conllevaría su sustitución, no porque el mercado funcione. Por eso mismo, lo que los expertos consideran indispensable no es sustituir el Euribor, sino que el mercado de crédito se normalice cuanto antes para que el exagerado diferencial con los tipos oficiales se cierre. Pero sí hay una noción extendida de que el mecanismo de fijación de este tipo de interés debería ser más transparente, una cuestión que suscita actualmente una viva polémica en EEUU y Gran Bretaña.

El Euribor no es más que la media del tipo de interés de los préstamos que realizan entre sí las 64 instituciones financieras más grandes de la eurozona a distintos plazos: la referencia hipotecaria es el tipo a 12 meses. Pero tras la quiebra del británico Northern Rock en septiembre de 2007, los bancos dejaron de prestarse dinero unos a otros por la desconfianza absoluta en los activos tóxicos que podían tener en balance y las pérdidas consiguientes. Aunque hubo cierta normalización en abril, otra quiebra en septiembre de este año, la de Lehman Brothers, volvió a cerrar a cal y canto el interbancario. Con lo cual el Euribor no refleja transacciones reales, sino que se trata de un tipo teórico al que los bancos estarían dispuestos a tomar prestado un dinero que nadie les presta. De ahí su falta de credibilidad.

No obstante, en las últimas semanas las contundentes bajadas de tipos han permitido al Euribor acumular 43 sesiones consecutivas a la baja, en las que ha pasado desde el 5,526% del 2 de octubre hasta el 3,661%, el nivel más bajo desde agosto de 2006. Y seguirá bajando para descontar un escenario que contempla que los tipos oficiales bajen hasta el 1,5% en 2009. No obstante, todavía el diferencial con esos tipos oficiales, en el 2,5% tras la histórica bajada de la semana pasada, es muy elevado: 1,161 puntos. Por otro lado, poco a poco empieza a mejorar la situación en el mercado, aunque las operaciones se concentran en los plazos más cortos. De hecho, en la última semana las entidades europeas han guardado 46.600 millones en el BCE en vez de prestárselos a las demás en el interbancario.

El bono a 30 años supone muchos problemas

"Las alternativas prácticamente no existen y, además, suponen una prima de riesgo adicional respecto al Euribor, que es la referencia que mejor se adecúa al comportamiento del mercado", asegura Juan José Rubio, vicerrector de la Universidad de Castilla-La Mancha. Una alternativa muy utilizada en otros países es referenciar las hipotecas a los bonos a 30 años, lo cual parece más lógico a priori porque es más próximo al plazo de las hipotecas que un tipo a un año. Pero "los bonos suelen tener fluctuaciones mucho más acusadas y erráticas que el Euribor, aparte de que sería bastante complicado determinar qué bono se toma: el alemán, el español...", añade Rubio.

Además, habría que tener en cuenta los ingentes problemas logísticos derivados de cambiar la referencia del Euribor en millones de hipotecas y emisiones de deuda de todo tipo. Pero también hay otra explicación ligada a la conveniencia de las entidades y del Banco de España: "Con la referencia del Euribor, está mucho más controlado el riesgo, porque es el tipo más alto que van a pagar los bancos como máximo, mientras que con el bono a 30 años, la evolución es impredecible y el riesgo se puede disparar", explica Ramón Forcada, director de análisis de Bankinter. Y eso seguramente obligaría a provisionar un porcentaje mucho mayor de cada hipoteca, con el consiguiente impacto en los resultados de la banca.

Luego está la cuestión de las titulizaciones. Con el modelo que funcionaba hasta antes de la crisis -todavía no se sabe qué pasará a partir de ahora-, bancos y cajas empaquetaban masivamente las hipotecas y las vendían a terceros. Pero esos paquetitos (titulizaciones) también tenían la rentabilidad ligada al Euribor, con lo que, si éste se movía para el hipotecado, el tenedor de ese bono también lo recibía. Pero si se utiliza el bono a 30 años, sus fluctuaciones provocarían fuertes ganancias o pérdidas en los bonos de titulización; de hecho, eso es lo que explica en buena medida las fuertes pérdidas sufridas por las titulizaciones (las famosas MBS o ABS) en EEUU, que provocaron las ingentes amortizaciones adoptadas por la banca internacional.

Un tipo de mercado

Otra idea que se ha planteado es utilizar un tipo medio de mercado al que se están concediendo las hipotecas, una práctica habitual en EEUU. "Pero eso es hacerte trampas en el solitario, porque ¿a qué precio das la primera hipoteca?", plantea Forcada. Lo cierto es que esta polémica no es tan relevante en otros países, donde la mayoría de las hipotecas son a tipo fijo; en España, el histórico proceso de bajadas de tipos con nuestra entrada en el euro provocó que prácticamente todas las hipotecas se hicieran a tipo variable, para beneficiarse de unos descensos que muchos creían que no iban a acabar nunca.

En conclusión, no parece factible sustituir al Euribor. Pero sí es posible hacer más transparente su cálculo, tal como se está planteando muy seriamente en Reino Unido y que conllevaría una mayor intervención en el mercado del banco central. Algo que ya ha solicitado Mervyn King, el gobernador del Banco de Inglaterra.

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