viernes, 14 de diciembre de 2012

Absurdos Categóricos....


MISION IMPOSIBLE

MISION IMPOSIBLE
A principios de diciembre hemos vivido un nuevo episodio en el interminable culebrón de la deuda griega, con el acuerdo de última hora entre el FMI y los europeos para reducir la deuda de Atenas del 190% al 120% del PIB entre el 2012 y el 2020, sin recurrir, como pedía el FMI, a una nueva quita de su valor. Aunque ello requiere una reducción de la deuda de 40.000 millones de euros, estaríamos aún en un endeudamiento doble del 60% requerido por los criterios de Maastricht.
Ha sido Alemania la que más se ha opuesto a una nueva reestructuración de la deuda griega, y se puede comprender ya que es el principal acreedor de Atenas. Pero lo que se ha acordado después de meses de bloqueo es una reestructuración encubierta, puesto que si bien no se reduce el nominal de la deuda, lo que hubiese sido demasiado explícito para los contribuyentes alemanes, se acepta reducir los tipos de interés y alargar los periodos de amortización lo que financieramente equivale a lo mismo.

Pero en las últimas horas, hasta Merkel parece convencerse de que Grecia no saldrá del agujero si no se borra una parte muy importante de su deuda y no se limita su carga sobre el Presupuesto griego. A fin de cuentas es lo que los aliados aceptaron hacer con las reparaciones de guerra de Alemania en los años 50 para evitar que su pago la ahogara financieramente.

El respaldo total que ha obtenido la Canciller en el Congreso de la CDU le permite asumir el riesgo político que ello representa, a menos de un año de las elecciones. Cierto que esa posibilidad no es para mañana, sino en el 2014-2015 y en todo caso después de las elecciones alemanas. Pero hemos pasado del tajante “la reestructuración de la deuda griega no es una solución” al “puede serlo si se cumplen determinadas condiciones”.

Europa avanza a este ritmo desesperadamente lento, que no es el de los mercados financieros. Pero estos no tienen que convencer a unos cuantos millones de electores, sobre todo cuando se trata de sus impuestos. 

Y mientras, en España ya está claro que en el 2012 no cumpliremos los objetivos de déficit acordados con Bruselas. Ni siquiera sacrificando la última promesa electoral de Rajoy, la de conservar el poder adquisitivo de las pensiones, y después de haber incumplido todas las demás .Y tampoco los 37.000 millones de euros solicitados para recapitalizar la banca serán suficientes. Harán falta un par de miles de millones más, como Guindos ha tenido que reconocer cabizbajo en Bruselas añadiendo un escalón más en las dudas sobre la situación real de nuestras cuentas. 

Pero no se puede pedir más a la sociedad española. Pretender reducir el déficit 2,6 puntos del PIB mientras el PIB cae 1,4 puntos y el paro alcanza el 25 % es un absurdo categórico, una misión imposible que no se conseguirá por más sacrificios que se impongan. 

Hoy en esta Europa nuestra parece como si solo importara conseguir la cifra mágica del 3% de déficit en el 2013. A este realismo mágico erigido en norma suprema, se subordina todo lo demás. El paro supera el 10% en Francia y el 25% en España, en todos los países mediterráneos la renta real de las familias ha caído al nivel de antes de la entrada en vigor del euro en el 2000. Difícil recordar a los 18 millones de parados la promesa de prosperidad que en los tiempos de Maastricht se atribuyó a la moneda única. Pero nada de eso importa más que conseguir un déficit público del 3% del PIB en el 2013, como si eso abriese la puerta de una solución milagrosa.

El euro debía dar a Europa el instrumento necesario para su soberanía monetaria frente a los mercados financieros y la fuerza para tratar de tú a tú al dólar. Pero los gobiernos europeos se comportan hoy como los de 1930, que hundieron a sus países en una recesión mortal para mantener a cualquier precio la paridad de cambio con el patrón oro. Ahora lo que cuenta es mantener, cueste lo que cueste, un objetivo de déficit y de endeudamiento que la recesión hace imposible conseguir, como la realidad se encarga de demostrar. Así, el euro se ha convertido en una camisa de fuerza tan restrictiva como lo fue en su época el patrón oro.
Josep Borrell

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