miércoles, 9 de octubre de 2013

A los Vivítopes....


Pasión por el blanco

El bodeguero Rafael Palacios ha convertido As Sortes en un blanco de fama internacional, vino refinado y multipremiado, 100% gallego.
Rafapalacios
Según Rafael Palacios, “el vino lo es todo”. No sólo nació dentro de una de las familias bodegueras más importantes de La Rioja, sino que la pasión por el oficio le llevó a dejar la comodidad de la consolidada empresa paterna y buscar su propio camino lejos de casa. Del tinto, se pasó al blanco. Y de Alfaro, a Galicia. Podría haberse pegado un batacazo, pero Palacios fue uno de esos emprendedores que arriesgan y ganan. La primera creación de su aventura en solitario, As Sortes 2004, fue Vino Revelación del Año en los Premios Sibaritas y, en la siguiente edición, Vino del Año, algo insólito para un blanco.
“Aquello fue una revolución” –recuerda con entusiasmo–. “Era la primera vez que un blanco quedaba por encima de los grandes tintos y encima resultó premiado dos veces seguidas”. Desde entonces, los reconocimientos le han llovido en España y el extranjero, en The Financial Times o en la Guía Peñín. Su reto es “seguir trabajando para ofrecer cada vez productos con más entidad” y “consolidarlos como uno de los blancos más importantes del mundo”.
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Bodegas Rafael Palacios, que hoy elabora los caldos As Sortes, Bolo, Louro y Sorte O Soro, se enclava en el Valle del Bibei, en Galicia, dentro de la Denominación Valdeorras. Palacios llegó allí de nuevas hace diez años, atraído por el carácter atlántico de la variedad autóctona Godello, recuperada en la zona a partir de los setenta. Sus viñedos crecen en bancales y pequeñas parcelas entre los 600 y los 720 metros de altitud. No les aplica herbicidas ni tratamientos de síntesis, sino “compuestos de la propia naturaleza” igualmente efectivos. El terreno es inclinado y difícil, por lo que cultiva con técnicas manuales y maquinaria adaptada.
Todo tradicional. Disfruta “haciendo un trabajo de calidad”, algo que se nota en sus refinadísimos blancos, “estupendos para acompañar pescados grasos, platos de cuchara o un buen sushi”. Lo suyo, asegura, “es un tema pasional”. Sus vinos “cuentan con una identidad propia, una mezcla especial de volumen, frescura y, sobre todo, salinidad. Son muy largos en el paladar, gracias a la mineralidad horizontal del suelo de granito”, explica.
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El multipremiado As Sortes nace en cepas de entre 35 y 92 años de antigüedad, con 100% de Godello, y le ha dado muchas alegrías. “Más allá del éxito, es como un hijo para mí, uno de los vinos que más me conmueven. Fue el primero que hice en Galicia y lo llamé así en honor a la gente mayor de la zona”, afirma. As Sortes significa “sorteo” en gallego, el método por el que los viejos viticultores conseguían sus pequeñas parcelas de viñedos. Cuando Palacios llegó a este rincón de Ourense, fue comprando y arrendando terrenos “que se estaban perdiendo”. Hoy tiene más de 22 hectáreas en propiedad y otras arrendadas. Su principal orgullo ha sido “ubicar el municipio de O Bolo en el mapa mundial del vino, un paisaje con una tradición viticultora de siglos que hace diez años sólo estaba explotado al 5%”. Haber contribuido a enriquecer la historia de esta zona es algo que le emociona mucho.
Sorte O Soro, su última apuesta, se ha elaborado en la mejor parcela por separado y está levantando pasiones. “Queríamos hacer un vino único y lo hemos conseguido. En el momento en que entra en el paladar es explosivo, pero luego viene el volumen en fruta y ese lado del terruño, muy fresco y prolongado, que lo hace diferente. Emociona”, sentencia con el mismo arrebato con el que se mudó a Ourense junto a su mujer y a sus hijos.
As Sortes 2011
Bodegas Rafael Palacios es un proyecto joven que ha triunfado desde el primer momento. Sin embargo, detrás de ese éxito inmediato que le “animó a perseverar” se esconde toda una vida consagrada al vino. Como noveno hijo de José Palacios Remondo, fundador de la bodega riojana del mismo nombre en 1948, Rafael nació y creció entre viñas y “largas colas de remolque”. Recuerda especialmente “el olor a vendimia que subía por la escalera” hasta la vivienda familiar. “No recuerdo unas vacaciones al uso, siempre las pasábamos atendiendo al personal. Mi padre nos hacía entender lo que era el trabajo”, rememora. Más tarde vino su formación como enólogo en Burdeos y Saint-Émilion y, finalmente, su flechazo con el vino blanco en Australia, donde aprendió sus secretos.
De allí regresó a casa con un gran bagaje técnico, fama de manitas y la misión de “modernizar la bodega”. Plácet, su primer blanco propio, de variedad Viura, se convirtió en aquel momento en el vino más exitoso de la bodega familiar. “Me permitió encontrar mi espacio y ganar confianza”, cuenta. Cuando murió su padre, en 2000 pensó que “había llegado el momento de volar en solitario”. Acertó. Bodegas Rafael Palacios es ya una marca con eco internacional y él asegura haberse “encontrado a sí mismo”.

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