Mireia Belmonte se cae de la
final de los 200 m estilos
- La nadadora española confirmó las malas sensaciones que dejó en las preliminares
- y firmó un crono de 2:13.33
–Es que no es tan fácil, la verdad. No lo es. Quien ahora habla es Jose Belmonte. Lo hace desde la grada del Aquatic Olympic Center, la piscina de Río. Allí donde compite su hija.
Desde que lograra aquel agónico bronce en los 400 m estilos, el otro sábado, Mireia Belmonte (25) no funciona del todo bien. El domingo se vio apeada en las semifinales de los 400 m libre. Y ayer lunes, en los 200 mestilos, tampoco estuvo fina del todo. Ya había ido justa en las eliminatorias de la mañana. Y por la noche no pasó el último corte. Hizo el 16º tiempo. 2m13s33.
Belmonte, el padre, que es quien le lleva la representación a Mireia, dice que la chica está cansada.
–Esto es un tute –dice. Y Paqui García, la madre, sentada a su lado, asiente.
Esta es la lista de cosas que tiene que hacer Belmonte cada vez que compite: descalentar (es decir, nadar un buen puñado de largos como terapia de descompresión). Pasar por el control antidopaje, lento y farragoso como casi todas las gestiones aquí en Río. Visitar al fisioterapeuta. Y caminar hasta el autobús que la conducirá a la villa de los atletas (casi nunca sale a la hora. Ninguno lo hace).
Cuando Belmonte se acuesta, son las tres de la noche. Y al día siguiente, de vuelta al ruedo.
Belmonte está inscrita en seis pruebas. Lo han decidido ella y su entrenador, Fred Vergnoux, que no se va a bajar del burro: –Cuantas más pruebas dispute más posibilidades de éxito. En parte, tiene razón.
Si Belmonte hubiera pinchado en los 400 m estilos, y si no dispusiera de más tiros en la recámara (y en particular los 200 m mariposa, que arrancan hoy mismo), ahora habría llantos en su casa de Badalona. El pinchazo en los 200 m estilos entraba en los pronósticos. Al menos, relativamente.
Tal vez euforizado por las sensaciones del primer día, Vergnoux se había atrevido a pronosticar que Belmonte recogería un podio en todas las pruebas en las que compitiera.
Lo que pasa es que, en algunas distancias, sus limitaciones son evidentes. Por ejemplo, en los 200 m estilos. Los de ayer. –Se le quedan cortos –contaba un analista en estos días. Alguien que prefería conservar el anonimato.
Nada que ver, por ejemplo, con Katinka Hosszu (27). Esta mujer ha alcanzado Río hecha un coloso. De hecho, tal y como se había conjurado con Shane Tusup, su marido y su entrenador.
Tusup es ambas cosas a la vez –el marido y el entrenador de Hosszu– desde el 2012. Desde aquel día en el que la muchacha, aburrida y furiosa, había salido del Centro Acuático de Londres hecha un trapo.
Ye Shiwen, una voluminosa niña china de 16 años, le había desmontado el castillo de naipes. La había arrollado en los 400 m estilos. No sólo porque había volado hasta el récord del mundo, sino porque la había dejado cuatro cuerpos más atrás, a cinco segundos de distancia. Cuarta. (Hoy ya casi nadie habla de Ye: ha ido pasando por Río sin dejar un mísero recuerdo. Fue apeada en los 400 m estilos y ha avanzado con más pena que gloria hacia la final de la distancia inferior).
Hosszu nunca ha digerido bien una derrota, y por eso le había pedido a Tusup, entonces su novio, que le echara un cable. Ansiaba la gloria olímpica.
Tusup le dio el ok, pero le cambió algunas cosas. Dijo que la forma física se gana a base de competiciones. A más carreras, menos zona de confort. Más capacidad de mejora. “Si encuentras otro que pueda entrenarte mejor que yo, entonces no pasa nada. Puedes irte con él”, le ha dicho a Hosszu en público, más de una vez.
La fórmula funciona.
Hosszu batió el récord del mundo de los 400 m estilos el sábado. Y desde entonces, ha nadado prácticamente en todas las sesiones del Olympic Aquatic Center. A veces, con un margen de recuperación muy escaso. Ayer, por ejemplo, apenas transcurrió una hora y cuarto entre su final de los 100 m espalda y su semifinal de los 200 m estilos, allí donde se medía a Belmonte.
Le importó un pimiento. No hubo quien le parara los pies. Voraz, ofreció una fabulosa remontada en el último largo de los 100 m espalda para lograr su segundo oro en Río (58s45), y no tuvo problema alguno en alcanzar la final en la segunda.
Belmonte, mientras, salió del Aquatic Center a la carrera.
Ya ha hecho algunas cosas maravillosas en Río, y eso lo celebran sus padres, que duermen en Barra, a veinte minutos en coche del anillo olímpico. Pero ahora, va a sentir de nuevo la presión. Hoy es el turno de los 200 m mariposa. Una prueba que maneja como nadie. Lo avala su plata en Londres.
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