El instinto animal de Bill Frisell queda recogido en su nuevo disco, «Big Sur»
IGNACIO SERRANO @ABC_CULTURAL
Día 04/06/2013 - 19.54h
Bill Frisell presenta «Big Sur», un disco cuya inspiración surgió durante una estancia de ocho semanas en el homónimo paraje natural, alejado de todo contacto con la civilización
En el corazón del Big Sur, un territorio de incalculable valorpaisajístico y natural que dio título a una de las novelas más famosas deJack Kerouac, hay un enclave llamado Glen Deven Ranch, al que muchos músicos «folkies» de la zona se refieren como «el paraíso». Los novecientos acres de este idílico rancho de la costa californiana fueron gestionados con mimo durante décadas por la escritora Virginia Muddy su marido, hasta que en 2001 decidieron donar todo el terreno a la fundación Big Sur Land Trust (BSLT) con una sola condición: debía convertirse en refugio para la creación artística, especialmente la musical.
El BSLT estableció entonces el programa «Artist-in-Residence», que consiste en la cesión de una cabaña, un pequeño estudio de grabación y víveres para ocho semanas, durante las que el músico es libre de hacer lo que le dé la gana en su búsqueda de la inspiración. En realidad, las opciones para distraerse son pocas, pues no hay teléfonos móviles, ordenadores, televisión ni mucho menos coches. Sólo largos paseos por los acantilados y ocasionales encuentros con otros compositores en mitad del bosque. De esta experiencia surgen discos tan maravillosos como el que ahora nos presenta unBill Frisell rendido a la misma fascinación que conquistó a Kerouac.
Sin correo electrónico
«Oh, amigo», exclama el guitarrista cuando se le pide que describa el paraje. «Es lo más espectacular que hayas visto en tu vida. Está al borde del mar, donde rompen las olas del Pacífico, y la felicidad parece ascender por las rocas con la espuma salada arrastrada por el viento. Sólo hay una carretera, que se adentra en un bosque antediluviano salpicado de pequeñas cabañas, y serpentea hacia lo alto hasta que llega a una cima imponente, desde la que contemplas belleza en todas direcciones».
La idea de escribir una nueva partitura de esta manera nació unas millas más al norte, en Monterrey. Su histórico festival de jazz le propuso crear piezas originales para ser interpretadas en la edición de este año, y recomendó solicitar plaza en Glen Deven Ranch para su composición. Frisell reconoce que al principio sólo le pareció «una idea curiosa, divertida», pero no tardó mucho en percatarse del alcance que aquello tendría no sólo sobre su modus operandi, sino también sobre su filosofía vital. «Cuando pasaron unos días, la conjunción de soledad y espacios abiertos tuvo un fuerte efecto en mí –asegura–, empecé a encontrar todo un universo de sensaciones en mi interior. Y lo que es más importante: me di cuenta de que ese universo estaba completamente oprimido por la vida moderna. Sin correo electrónico, ni atascos, ni «smartphones», empiezas a mirar dentro de ti instantáneamente, y es realmente increíble lo que puedes encontrar».
En «Big Sur» también caben el jazz, el country y hasta un poco de «rock’n’roll»
De la atenta observación, escucha y reflexión surgieron títulos de lo más gráfico como «Hawks» («Águilas»), «Cry Alone» («Llorar en soledad»), «A beautiful View» («Una vista preciosa») o «Walking Stick» («Bastón para caminar»), entre los que, con mucho sentido, aparece «We all love Neil Young» («Todos queremos a Neil Young») como homenaje al paradigma del compositor naturalista. «Sólo iba a ser una exclusiva para el Festival de Monterrey, pero el resultado fue tan gratificante que finalmente decidimos grabarlo para su publicación».
Con gracia y metodología
En «Big Sur» –grandísimo álbum para viajes en carretera, por cierto– no sólo suena «folk» de violines etéreos y arpegios ensoñadores a ritmo de vals, también caben el jazz, el country y hasta un poco de «rock’n’roll», que se entremezclan con gracia y también con metodología, al haber tres o cuatro melodías que se repiten a lo largo del disco a modo de variaciones.
Ahí da su puntada ese espíritu jazzístico influido por Miles Davis, más evidente en otras grabaciones de Frisell (aquí el guiño manifiesto está en «Gather good things»). «Toda mi vida me ha costado expresar mis sentimientos con palabras, pero con la música es diferente. En ese sentido, Davis ha sido una gigantesca influencia para mí, me siento identificado con su lenguaje basado en el instinto animal».
Bill Frisell
«BIG SUR»
Sony Music. Jazz-Folk
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