Un Misterio...
El primer día de pánico bursátil de la década
@Lara Fernández - 11/09/2010 06:00h
Fue la primera crisis bursátil de la década y del siglo XXI. Aquel ‘martes negro’, además de llevarse por delante vidas humanas, causó una herida mortal en la economía estadounidense. Nueve años han pasado desde entonces, desde que el pánico se desató en los mercados y se apoderó de los inversores, cuya aversión al riesgo se multiplicó rápidamente. Fue el 11-S bursátil.
El día del atentado terrorista contra las Torres Gemelas, Wall Street cerró sus puertas durante cuatro días, algo que no ocurría desde la II Guerra Mundial. El entorno de incertidumbre, el peor para hacer frente a una crisis ya que deteriora la actividad económica, derivó entonces en un colapso del mercado el 17 de septiembre cuando reanudó su actividad.
Pese a las llamadas a la "compra patriótica" de acciones lanzados tras el 11-S, el miedo escénico provocó que las cotizaciones se derrumbaran hasta el punto de que el Dow Jones se desplomó un 7,13% el 17-S. El principal indicador de la Bolsa de Nueva York no fue el único que se hundió. El Standard & Poor’s lo hizo un 4,9% ese día. El Nasdaq sufrió algo más: cayó un 6,8%.
Podía haber sido peor. Wall Street retomó su actividad con relativa entereza. El mercado vivió dos semanas de caídas, de ventas masivas (de hecho, entre el 10 y el 21 de septiembre el Dow Jones perdió un 14,2%, la peor caída de los últimos 70 años, el S&P un 11,6% y el Nasdaq un 16%), pero las tres siguientes fueron de bruscas subidas.
Los estadounidenses respondieron con una oleada de ‘compras patrióticas’ dentro y fuera del mercado. Acudieron en masa a consumir a la ciudad, lo que provocó que la economía se recuperara de una forma más rápida, mucho más que cuando tuvo lugar el crash del 19 de octubre de 1987, que se prolongó durante dos largos años.
El pánico se contagió al resto de bolsas
España se vio arrastrada por el pánico. La volatilidad aumentó a niveles raramente vistos. La historia recordaba al crash de octubre de 1997: el caos y el libre albedrío reinaron, los especuladores huyeron… y el nerviosismo se apoderó del mercado. La bolsa española no vivió una situación similar hasta un ‘jueves negro’: el del 11 de marzo de 2004.
En EEUU, el pánico volvió 7 años después, cuando cayeron los grandes bancos estadounidenses (Lehman Brothers, Fannie Mae, Freddie Mac). El desplome fue entonces peor.
Una fractura en la economía de EEUU
Justo antes del 11-S, el país asistía al comienzo del estallido de la burbuja tecnológica y a una economía deteriorada que se esforzaba por levantar cabeza. La economía de Nueva York se debilitaba: el Departamento de Trabajo de dicho estado había presentado un informe esa misma semana sobre la tasa de paro, que saltó del 5% al 5,8% en agosto, un nivel no visto desde mayo de 2000.
El atentado, que se dirigió contra los símbolos de poder económico (World Trade Center) y militar (el Pentágono en Washington), provocó una oleada de desconfianza y de desempleo recorrió a partir de entonces casi todos los sectores económicos.
Las pérdidas económicas se cifraron entonces entre los 150.000 y 200.000 millones, lo que representaba entre el 1,5% y el 2% del PIB estadounidense (hay que tener en cuenta que Nueva York contribuye a la economía de EEUU en un 5%).
También el dólar, divisa universal desde la II Guerra Mundial, comenzó entonces a perder la confianza que mantenía en el pasado, pues los inversores musulmanes repatriaron cerca de un billón de dólares por el miedo a la persecución. Mientras, la banca internacional recomenzó el cambio a euros en lugar de a dólares. Además, las organizaciones terroristas trasladaron sus actividades de lavado de dinero a Europa
Todo ello provocó una huida masiva del dólar. Desde el inicio del mandato de Bush, el billete verde llegó a perder más del 50% de su valor, desde los 0,82 de octubre de 2000 hasta los 1,5 en que se manejaba a finales de 2009.
Entre tanto, la herida en la economía se agravaba: el sector turístico caía en picado, los taxistas, muchos de ellos inmigrantes, temieron volver al trabajo. Por poner un ejemplo, las aerolíneas fueron penalizadas, de media, 4 veces más que cuando entró en erupción el volcán islandés Eyjafjöll, según un reciente informe del banco de inversión japonés Nomura.
Las autoridades activaron planes de ayuda
Había que insuflar optimismo a la economía. El Gobierno y los bancos centrales acudieron en auxilio de los mercados. La Administración Bush logró sacar en pocos días un plan de rescate destinado a rearmar al país ante la amenaza terrorista: inyectó 0,5 billones de dólares, principalmente para la industria militar y armamentística (una de las que más empleo genera). El incremento del gasto militar permitió que la recesión fuera menor.
Con todo, EEUU se embarcó en su ‘guerra contra el terror’ en octubre de 2002. Mientras, la Fed, presidida por Alan Greenspan, había comenzado a rebajar los tipos desde 2001-posteriormente lo haría Europa-. En dos años pasó del 5% al 1% en EEUU, su nivel más bajo desde la guerra de Corea. La inyección, junto a la barra libre de liquidez para los bancos por primera vez, al principio generó un crecimiento económico (la bajada de tipos siempre contrarresta las crisis globales), y el PIB de EEUU se disparó a más del 6% a finales de 2001.
Esa brusca bajada del dinero, unida al largo tiempo en el que se mantuvieron bajos, colocó a EEUU en un punto económico clave para entender la crisis actual, pues generó una burbuja en multitud de activos, sobre todo de crédito, inmobiliaria y de materias primas, que estallaría años después. Para entonces, el Gobierno pondría en marcha mecanismos similares (aunque con un desembolso mayor: de 5 billones de dólares).
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