Ver la oscuridad
A lo largo del siglo XX la física alcanzó algunos hitos, desde la teoría de la relatividad general hasta el desarrollo de la mecánica cuántica, pero también aparecieron algunos enigmas aún por resolver, como la materia oscura

Vista del cielo y las estrellas desde el Observatorio Interamericano de Cerro Tololo, en Chile. R. HAHN. FNAL
Una mañana tormentosa de 1936 Salvador Dalí se despertó y se dirigió como un autómata hacia su estudio. Allí buscó un lienzo pintado 10 años antes en el que había representado la costa que se divisaba desde su casa familiar de Cadaqués. Tapó las rocas más cercanas y la figura de una bañista con un escenario blanco, y sobre él pintó una cama y una butaca, ambas deformadas por el hueco de una persona. Tituló el cuadro Composición surrealista con figuras invisibles. Remarcaba así aquello que solo podemos intuir o inferir pero jamás ver u observar directamente: lo invisible cuyas huellas contribuyen a configurar nuestra percepción de la realidad.
Lo que no podemos ver, o mejor dicho, lo que no percibimos directamente con los sentidos, aquella parte escurridiza de la realidad que se mantiene en el dominio del misterio, ha cautivado desde hace siglos la imaginación de creadores y pensadores: desde el mito de la caverna de Platón, que suponía una realidad de la cual solo se entreveían las sombras, hasta las figuras invisibles de Dalí y el mismísimo hombre invisible de H.G. Wells, cuyo caminar dibujaba una secuencia de huellas que aparecían sin más sobre la nieve. Así como al ver el cuadro de Dalí se interpretan los huecos en la cama y la butaca como figuras invisibles, las observaciones indirectas han sido siempre una de las principales fuentes de conocimiento científico. A pesar de que nadie haya visto jamás un protón o un electrón, hoy sabemos que el mundo que nos rodea está hecho de átomos y que estos átomos están formados por un núcleo de protones y neutrones rodeado de electrones. A su vez, los protones y neutrones están formados por dos tipos de otra partícula diminuta llamada quark. De manera que con tres partículas basta para responder una de las preguntas fundamentales de la ciencia: ¿de qué está hecho lo que vemos?
Lo que no podemos ver, o mejor dicho, lo que no percibimos directamente con los sentidos, aquella parte escurridiza de la realidad que se mantiene en el dominio del misterio, ha cautivado desde hace siglos la imaginación de creadores y pensadores: desde el mito de la caverna de Platón, que suponía una realidad de la cual solo se entreveían las sombras, hasta las figuras invisibles de Dalí y el mismísimo hombre invisible de H.G. Wells, cuyo caminar dibujaba una secuencia de huellas que aparecían sin más sobre la nieve. Así como al ver el cuadro de Dalí se interpretan los huecos en la cama y la butaca como figuras invisibles, las observaciones indirectas han sido siempre una de las principales fuentes de conocimiento científico. A pesar de que nadie haya visto jamás un protón o un electrón, hoy sabemos que el mundo que nos rodea está hecho de átomos y que estos átomos están formados por un núcleo de protones y neutrones rodeado de electrones. A su vez, los protones y neutrones están formados por dos tipos de otra partícula diminuta llamada quark. De manera que con tres partículas basta para responder una de las preguntas fundamentales de la ciencia: ¿de qué está hecho lo que vemos?
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