lunes, 25 de marzo de 2019

Una de encuestas....

El PSOE necesitaría a los nacionalistas para gobernar y la derecha no lograría mayoría

El PSOE necesitaría a los nacionalistas para gobernar y la derecha no lograría mayoríaGráfico

Los liberales se estancan mientras Podemos y la extrema derecha se disputan el cuarto puesto y los independentistas y nacionalistas mejoran

RAMÓN GORRIARÁN MADRID.
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A casi un mes de las elecciones generales, el PSOE mantiene su marcha ascendente y sería el partido más votado el 28 de abril, con casi el 31% de los votos y entre 131 y 134 escaños en el Congreso. El PP mejora sus expectativas, pero se vería perjudicado por el declive de sus previsibles aliados, Ciudadanos y Vox. Los populares estarían entre los 94 y 99 diputados y casi el 22% de los sufragios, pero los liberales y la extrema derecha se quedarían entre 37 y 38, y 24 y 27. El retroceso también alcanzaría a Unidas Podemos, que caería a 27 diputados.
De acuerdo a los resultados de una encuesta de GAD3 para EL COMERCIO, la gobernabilidad después del 28 de abril será un rompecabezas porque ninguna de las alianzas previsibles alcanza la mayoría absoluta, con la excepción de la suma de los partidos que apoyaron al socialista Pedro Sánchez en la moción de censura contra Mariano Rajoy. Pero esa coalición es bastante poco probable que se repita por las reticencias de los independentistas catalanes, sobre todo de Junts per Catalunya capitaneada por Carles Puigdemont, a reeditar la experiencia. Sin ellos, los números no dan porque Esquerra obtendría 12 escaños y los de Puigdemont, seis. La alianza llamada Frankenstein por PP y Ciudadanos sumaría entre 186 y 189, y sin los independentistas se quedaría entre 167 y 171.


Del mismo modo, la conjunción de fuerzas entre PP, Ciudadanos y Vox estaría lejos de alcanzar la investidura (la mayoría absoluta es 176). Entre los tres partidos sumarían entre 157 y 166 asientos en el Congreso. A los que habría que sumar los dos de Suma Navarra, coalición electoral de UPN, PP y Ciudadanos.
Serán unas elecciones binarias, con el tridente conservador por un lado, y los socialistas con la constelación de fuerzas de izquierda, nacionalistas e independentistas por otro. Los acuerdos transversales, añorados desde algunas instituciones y por importantes representantes de las finanzas y de las empresas, tienen difícil concreción. El más evidente, el del PSOE con Ciudadanos, ha topado por ahora con la negativa de Albert Rivera a entenderse con «quien quiere romper España de la mano de (Quim) Torra». Los números, por otra parte, tampoco cuadran aunque se acercan. La suma de los socialistas y liberales podría quedarse solo a entre cuatro y ocho escaños de la mayoría absoluta. Habrá que esperar a que pasen las elecciones para despejar la incógnita porque la dureza verbal de la campaña puede desmoronarse con el pragmatismo de los resultados.
Pero si las posiciones se mantienen incólumes, no se puede descartar una repetición de las elecciones generales como ocurrió hace tres años porque nadie reunió los apoyos para conseguir la investidura.

Tercera fuerza hace un año

Los socialistas parecen consolidados en esa primera posición. Una mejoría hasta cierto punto sorprendente porque hace justo un año en los sondeos del CIS, cuando estaba aún la administración de Rajoy y su metodología no estaba puesta en cuestión, el PSOE era la tercera fuerza con el 22% de los votos y se veía superado por Ciudadanos, 22,4% y PP, 24%. «No hay nada como el BOE», dijo hace un tiempo un veterano de la transición. Desde la moción de censura de junio de 2018, los socialistas no han parado de subir, y sus expectativas de voto superan hoy en más de ocho puntos a los resultados que tuvieron en las generales de junio de 2016. Entonces cosecharon el 22,6% de las papeletas y 84 diputados.
Los socialistas, además de beneficiarse de su paso por la Moncloa, han concentrado el voto de la izquierda disperso por Unidas Podemos y la abstención. Es, sin duda, el voto útil progresista. En la dirección del PSOE asumen con satisfacción estas expectativas, pero también temen que tenga un efecto desmovilizador entre el electorado al dar por hecha su victoria.
El PP, pese a su notable mejora en las últimas semanas (el último sondeo de GAD3 le daba 87 escaños), sigue bajo mínimos. De obtener los 94-99 asientos proyectados sería su peor resultado desde la refundación del partido en 1989. En las elecciones de aquel año, capitaneados por José María Aznar, sumaron 107. Los populares, sin embargo, pueden revertir la situación si mantienen la tendencia alcista. En el entorno de Pablo Casado lo dan por descontado, y aunque no se atreven a decir que superarán al PSOE, aseguran que sus números serán mejores que los que predicen las encuestas. Por ahora pierden once puntos y en el entorno de los 40 diputados respecto a junio de hace tres años.
Ciudadanos se mantiene como tercera fuerza, pero estancada y con un leve sesgo a la baja. De celebrarse ahora los comicios obtendrían el mismo porcentaje de votos que en las generales de 2016 y entre cinco y seis escaños más por la distinta distribución de los sufragios. Parece claro que el trasvase de votos liberales hacia Vox se ha frenado, pero también se ha taponado la hemorragia de electores del PP hacia los naranjas. Crecer, por tanto, va a depender de su capacidad de hacerse atractivo en otros caladeros.
El cuarto puesto está reñido entre Unidas Podemos y Vox. El partido que lidera Pablo Iglesias no deja de retroceder y ha perdido dos puntos en intención de voto respecto a las últimas generales y 18 escaños. La sangría, además, puede ir en aumento tras el fracaso de las negociaciones para reeditar las confluencias con Compromís y En Marea en la Comunidad Valenciana y Galicia. El retorno del líder, una vez concluida su baja por paternidad, es de las pocas bazas que pueden jugar para revertir la situación y a ella fían sus esperanzas.
Vox ha visto frenada su irrupción, y ha perdido medio punto en intención de voto y entre nueve y doce escaños en relación al anterior estudio de GAD3. Con todo, iguala a Unidas Podemos. Lo que ya no hace el partido de Santiago Abascal es fagocitar el voto del PP. Los populares perderían entre 38 y 43 diputados respecto a 2016, pero la extrema derecha alcanzaría entre 24 y 27.
Los independentistas ganarían un escaño respecto a las últimas generales y sumarían 18, pero repartidos de otra forma. Esquerra Republicana sumó nueve diputados en 2016 y ahora llegaría a los 12, mientras que Junts per Catalunya perdería dos y se conformaría con seis. Sus votos serían vitales para Sánchez si pretende reeditar la mayoría de la moción de censura, aunque no es la opción preferida del líder socialista ni tampoco los soberanistas parecen estar por facilitar esa alianza si no hay un giro de 180 grados en la estrategia hacia Cataluña.
El PNV mejoraría su presencia en el Congreso con un diputado más y reforzaría su papel de partido clave en cualquier negociación. Bildu mantiene su representación con dos asientos, igual que Coalición Canaria con su escaño. El sondeo prevé el retorno del Bloque Nacionalista Galego al palacio de la carrera de San Jerónimo y apunta a un revés extraño para Compromís, que pasaría de tener cuatro actas a una sola.

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