miércoles, 5 de abril de 2023

El Naranco necesita un...Mosaico.

“Para construir paisajes que no ardan es fundamental la actividad ganadera” Verónica Sánchez e Irene García, especialistas en agroecología, defienden una alianza entre el ecologismo y el mundo ganadero. Por Ismael Juárez Pérez 5 abril 2023 Irene García y Verónica Sánchez. Foto: David Aguilar Sánchez Recomendados Sumar: entre el optimismo y la preocupación 5 abril 2023 NORTES consolida su crecimiento y roza ya las 10.000 visitas diarias 5 abril 2023 “Para construir paisajes que no ardan es fundamental la actividad ganadera” 5 abril 2023 Podemos, Sumar y el principio de conservación de la energía 4 abril 2023 Ismael Juárez Pérez Ismael Juárez Pérez Es periodista. Verónica Sánchez e Irene García no están de acuerdo con la polarización ni el señalamiento indiscriminado que se está haciendo a los ganaderos a raíz de los incendios que han arrasado Asturias en los últimos días. Hace unos años se conocieron en un Máster de Agrocología, ámbito donde Irene además cuenta con un doctorado, a través del cual llevaron a cabo una investigación en la que se realizaron numerosas entrevistas a diferentes actores del medio rural. Esta visión se vio complementada con la posterior publicación del libro “Rastro del Fuego, sobre los usos tradicionales del fuego en el medio rural”. “El problema de los incendios no se puede centrar solo en quién prende la mecha”, afirma Irene poco antes de comenzar la entrevista. Ambas coinciden en que “ahora viene muy bien culpar de todo al sector ganadero”, pero tienen claro que “más allá de las responsabilidades individuales, culpar al sector ganadero es reduccionista”. ¿Por qué es reduccionista? IG: Es injusto culpar al sector ganadero sin tener en cuenta problemas como el despoblamiento, las políticas de desarrollo rural, la matorralización del monte, la pérdida de pastos, caminos, espacios, el aumento del combustible. Esto no quiere decir que no haya responsabilidades individuales ni que quemar el monte esté bien. Pero simplificar lo que es de hecho un conflicto socioambiental, en el cual somos todos responsables, y que además tiene una trayectoria histórica, y que además es síntoma de una guerra cultural y económica, parece demasiado cómodo. VS: Las personas del ámbito rural han venido manteniendo un paisaje de mosaico, es decir, un paisaje compuesto por caminos, veredas, prados, huertas, montes, majadas de montaña, con espacios destinados a distintos usos y fines, todos ellos espacios vivos, no arrasados. Y ese mosaico hacía de cortafuegos, pero ya no. En el momento en el que los matorrales inundan las diferentes zonas, se acaba el mosaico y el fuego corre a sus anchas. Y a esta situación de desorden hemos llegado por la vía del desmantelamiento y ha desembocado en esa guerra cultural y económica. “Las personas del ámbito rural han venido manteniendo un paisaje de mosaico” ¿En qué consiste esta guerra? IG: La sociedad solo se acuerda del monte cuando el monte se quema. Y todas las décadas de desmantelamiento del mundo rural, con la pérdida de la capacidad de decidir y de los vínculos del territorio en el mundo rural no se nombran. VS: Cuando hablamos de guerra pensamos en una conflicto de baja intensidad en el que se van sucediendo episodios que quedan silenciados, pero que van generando un gran poso de enfrentamiento. Hay que darse cuenta que hay una práctica tradicional que consiste en hacer quemas en invierno, de ahí que los problemas se agudicen entre octubre y marzo, para beneficiar a unas especies herbáceas frente a otras arbustivas y que las primeras sean pasto para el ganado. Por supuesto que las quemas tienen autores, que la mayoría son ganaderos, ahí están los datos, pero hay un trasfondo histórico que ha tenido que ver con esa desapropiación de los montes y con la capacidad de gestión de los pueblos y también con la prohibición del uso tradicional del fuego. ¿De qué forma la tradición ha usado el fuego? VS: El fuego es una herramienta de gestión forestal. No en todos los ecosistemas ni en todo el mundo, pero sí en muchos. En nuestro libro recogimos información de personas que habían recibido ese conocimiento de sus padres y abuelos, de cuando no estaba prohibido. Hablan de dos tipo de quema. En primer lugar de la quema “matu a matu”, que consistía que cuando ibas pastoreando las cabras y ovejas se quemaban los pequeños matos y arbustos o de pequeñas cuestas. Eso se hacía periódicamente, no todos los años, según se iba necesitando. También se ha utilizado la quema de rastrojos, de restos forestales, de las podas para generar ceniza, para que fertilice. Un usos campesinos complejos que han sido atesorados a través de la práctica durante cientos de años. Eran personas que querían proteger el suelo y favorecer otras especies. Cuando el suelo está mojado y la parte aérea de las plantas está seca, puedes quemar la superficie y no la raíz, de esta forma no destruyes el suelo. Esa es la idea. Que eso pueda seguir vigente con el cambio climático que estamos sufriendo es algo que está todavía a debate. Pero insisto en que la base de está práctica no hay que situarla en la irracionalidad de las gentes del campo. Aquí hay una cultura. ¿Por qué hay una visión tan enfrentada de lo que hay que hacer entre los ecologistas y los ganaderos? VS: Podríamos hablar en varias claves. En primer lugar, en el origen del problema entre la colisión de las sensibilidades, la ecologista y la ganadera. En segundo lugar, en el devenir y la situación actual. En el origen del problema tenemos que darnos cuenta de que cuando un ecologista y un pastor ven, por ejemplo, los Lagos de Covadonga, donde el ecologista ve naturaleza, el pastor ve cultura. Para los campesinos no existe el mito de la naturaleza intocada y salvaje. Para ellos, por ejemplo, existen cuestas que se han mantenido con prácticas campesinas. La sensibilidad ecologista es muy posterior al campesinado y surge a partir de la destrucción del medio ambiente vista desde un contexto más urbano e industrial. Ambas, con raíces muy distintas, son absolutamente respetables. “El fuego es una herramienta de gestión forestal” ¿Pero cómo se ha establecido un diálogo entre ambas visiones? VS: No se ha establecido. De hecho, en muchas ocasiones la capacidad de los ecologistas de influir en las normativas ha sido mucho mayor que la de la sensibilidad campesina. Por esto, el campesinado ha percibido muchas de esas normativas como impuestas. Lo curioso es que tanto el ecologista como el campesino han sido muy críticos con la lógica imperante del capitalismo, pero desde dos ópticas distintas y sin saber encontrarse. Esta falta de consenso ha derivado en una polarización que se manifiesta muy objetivamente en las redes sociales y en los medios de comunicación, algo que pasa en otros ámbitos, pero que en este está cada vez más radicalizada. Y esto no ayuda, al contrario, aleja las posturas cada vez más. Desde nuestra visión, además, creemos que el debate está masculinizado, que se lleva al terreno de la guerra donde un bando reconoce a los ecologistas como los buenos y a los ganaderos como los malos, y el otro demoniza a los ecologistas y santifica a los ganaderos. Lo cierto es que el cambio climático, el deterioro del medio ambiente, la pérdida de biodiversidad y agrodiversidad no se deben ni a la ganadería extensiva ni a los ecologistas. Se deben a un sistema económico y social que les arrincona y les mete en esta lógica de la guerra de la que hablamos. Ojalá se convirtieran en aliados, deberían ser aliados naturales. ¿Y qué papel juega en todo esto la administración? VS: En esta guerra queda muy oculta la responsabilidad de la administración. Además de no ser el árbitro de las disputas, encima no asume responsabilidades que la propia administración ha contraído. Por ejemplo, llevar adelante la Estrategia de Prevención y Lucha contra los Incendios Forestales (EPLIFA). Son grandes negligencias que de repente cuando llegan los incendios todo el mundo se pone a tuitear o hacer noticias sobre lo malos que son los ganaderos. Pero sobre los problemas que estos están sufriendo todo el mundo se lava las manos. Hay que darse cuenta que hay un problema estructural. “Muchas veces se queman zonas donde se habían pedido quemas controladas y que no se han llegado a hacer por los plazos o por la burocracia que se requiere” IG: También hay que hablar del nuevo Plan Forestal de Asturias que pretende aumentar las superficie para eucaliptos y pinos, algo que hay que tener en cuenta al pensar en la prevención de incendios. ¿Podemos hablar de soluciones concretas? IG: Es complejo. No hay una guía de soluciones. Pero hay muchas experiencias concretas que están teniendo o tuvieron éxito y sería interesante que se pudieran replicar teniendo en cuenta las características y especificidades de cada lugar. Por ejemplo, lo que está haciendo Proyecto Roble, cuya labor se podría llevar a otras partes de Asturias. En Castilla y León existió una experiencia llamada Plan 42 que fue muy exitosa para prevenir los incendios forestales. No existen recetas nuevas para este tema. Todo tiene que partir de un debate democrático donde participen todas las personas que se ven afectadas incluyendo sobre todo a las personas de los pueblos y del medio rural. En primer lugar deberíamos señalar lo erróneo de las políticas que se aplican muchas veces indiscriminadamente en diferentes comunidades autónomas, o en el oriente y el occidente asturiano, cuando la realidad es que las condiciones, la orografía, el número de habitantes y otros factores obligan a manejar diferentes tipos de solución. Hay que fomentar el pastoreo con cabras y ovejas, que está aprobado, y que es muy eficaz como prevención. Hay que afrontar los desbroces, las quemas controladas, los límites a la extensión del suelo dedicado a eucaliptos y pinos. Hay que gestionar el territorio de forma integral, no como si fueran trozos desconectados. Y también hay que crear los llamados paisajes ignífugos. Y lo cierto es que para construir paisajes que no ardan fácilmente es fundamental la actividad ganadera. Por último, es importante aumentar también los recursos de investigación de incendios y de vigilancia. ¿Y qué pasa con los permisos para las quemas? IG: Habría que desburocratizar las quemas controladas. Incluso organizar quemas con la gente del mundo rural, algo que puede resultar polémico, pero que cuanto menos debería entrar en el debate. Hay que darse cuenta de que si la mayor parte de los incendios en Asturias tiene que ver con la regeneración de pastos, es obvio que en la regeneración de pastos hay un problema. En las entrevistas que realizamos había muchas quejas sobre la burocratización y lo difícil que es conseguir permisos para quemar. El hecho de que las quemas controladas las tengan que hacer un equipo técnico en determinadas condiciones meteorológicas con una gran cantidad de recursos económicos y humanos hace que todo sea difícil para tener acceso a esas quemas controladas. Muchas veces se queman zonas donde se habían pedido quemas controladas y que no se han llegado a hacer por los plazos o por la burocracia que se requiere. Y ahí hay un problema. Tal vez no sea el problema principal, pero sí hay que tener en cuenta esta circunstancia. Si no es el problema principal, ¿cuál lo es? VS: Un problema fundamental de la ganadería extensiva son las rentas del campo. La actividad no permite a la gente vivir de ella con dignidad. En los años ochenta había en Asturias 50.000 agricultores a título principal. Ahora hay alrededor de 7.000. El desmantelamiento en este sector ha sido mucho mayor del que se ha dado en el sector del metal. Cosas como esta deberían hacernos reflexionar. Las cosas están difíciles, hay una guerra, y los incendios son solo una cosa más que ahonda en la dificultad de mantener unos pastos comunales, por todos esos problemas, por la normativa, por el despoblamiento. El problema de los incendios se da en terrenos abonados por pequeñas y grandes dificultades que han ido haciendo que el sector prácticamente desaparezca. Un sector que además no es solo eso eso, un sector, es una forma de vida y cultural integrado con el paisaje. Una forma de vida que se siente amenazada y que está desapareciendo. ETIQUETASactualidad_cabeceraecologismofuegoganaderíaincendiosmonte Artículo anterior Podemos, Sumar y el principio de conservación de la energía Artículo siguiente NORTES consolida su crecimiento y roza ya las 10.000 visitas diarias Actualidad NORTES consolida su crecimiento y roza ya las 10.000 visitas diarias 5 abril 2023 Podemos, Sumar y el principio de conservación de la energía 4 abril 2023 Covadonga Tomé responde con las bases al pre-expediente frente a la sede de Podemos 4 abril 2023 DEJA UNA RESPUESTA

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