domingo, 25 de febrero de 2018

No se aburre...nosotros sí!



Redaccion

Gaspar Llamazares tiene el horizonte puesto más allá de 2019, a pocos meses de la recta final de una legislatura en Asturias que está por saldarse con grandes desacuerdos en la izquierda. El portavoz de IU es crítico con la coalición de Unidos Podemos y analiza cuál podría ser el camino elegido por su partido Izquierda Abierta en un escenario de elecciones generales.
--Lo dijo cada año y de forma especial el último diciembre, sin acuerdo de la izquierda en los presupuestos se podría dar la legislatura «por perdida». Y no hay presupuestos, ¿está perdida?--Hombre sin presupuesto las expectativas de cambio político son más complicas, ahora bien no vamos a dar la legislatura por perdida, estamos ante la negociación de una prórroga y en ese sentido probablemente tengamos más restricciones pero estoy convencido de que hay que aprovechar el tiempo y no darla por amortizada. Es verdad que las expectativas iniciales, los mimbres que había para el cambio  eran muy importantes, creo que pocas veces ha tenido la izquierda una mayoría más sólida en el parlamento asturiano y, sin embargo, pocas veces ha tenido la izquierda más dificultades para entenderse. Y, en consecuencia, más dificultades para responder a las demandas urgentes de los ciudadanos. Y todo eso hace más difícil este tramo final de la legislatura, ha sido y hay que reconocerlo, un tiempo en el que ha primado el bloqueo sobre el cambio pero nosotros vamos a dar la batalla porque determinadas materias cambien aunque sea con menor ambición presupuestaria. Fundamentalmente porque lo que tiene que ver con los derechos sociales y los servicios públicos se consoliden al mismo tiempo del cambio. Si tengo que reprocharle algo al gobierno de Javier Fernández es, por una parte la resistencia al cambio, instalarse en lo que podríamos denominar vivir de las rentas de un pasado glorioso, según ellos, y luego la incapacidad para liderar una mayoría. Esas son las dos asignaturas pendientes o suspendidas del gobierno de Javier Fernández.


--¿En ese bloqueo en el parlamento se reparten las culpas por igual?
--Yo creo que los ciudadanos asignarán culpas. En la evaluación siempre hay un elemento de parcialidad, pero yo diría que las nuestras han sido mínima, por ejemplo en un momento no supimos diferenciar una posición de un voto presupuestario como pasó el año pasado, pero creo que somos la fuerza política que más se ha comprometido con el cambio en Asturias y con que la legislatura salga adelante. Fundamentalmente la responsabilidad es del gobierno y del partido mayoritario, en este caso concreto Javier Fernández y la FSA, pero el otro plato de la balanza es sin lugar a dudas Podemos, que en vez de haber contribuido a un aire nuevo en la Junta General, en vez de contribuir a la construcción del cambio dio por amortizada la legislatura casi desde el principio. Quizá fue en un arrebato de frustración al no haber obtenido una mayoría frente al partido socialista, y se dedican últimamente a disparar a todo lo que se menea. Si aspiras únicamente al desgaste del gobierno y que fructifique en la siguiente legislatura también asumes un coste pero es que los ciudadanos no puedan tener ningún elemento de cambio, con el cambio imaginario y de ficción niegas el cambio posible. A mí me quedan muchas dudas de que eso tenga una rentabilidad electoral, muy al contrario. De hecho en estos momentos tengo la impresión, insisto que subjetiva, de que asistimos al declive de un gobierno, podríamos decir que identificado con un régimen ?aunque se ha deteriorado mucho esa idea, no me refiero a un régimen  dictatorial? sino de que es un gobierno que ha dispuesto del Ejecutivo durante muchos años en esta comunidad autónoma, que no tiene capacidad de reacción en los últimos tiempos, animado por la inercia, pero con un grupo de Podemos que no ha aprovechado el enorme caudal de ilusión que obtuvo en las elecciones y ha desperdiciado un periodo precioso para cambiar la política del país. Todavía están a tiempo de rectificar esa estrategia pero los tres años que llevamos de legislatura no han sido para recordar.--Hay un desencuentro a tres en el parlamento asturiano pero también otro a diferente escala entre a dos, IU y Podemos, incluso compartiendo una coalición para el congreso.

--Podemos ha tenido dos grandes problemas para su principal objetivo que era darle la vuelta al gobierno de la comunidad autónoma, uno ha sido la mayoría del partido socialista y otro el mantenimiento a la alza de IU que para ellos era inesperado. Pienso que no han sabido sobreponerse a la sorpresa y han quedado prácticamente ensimismados en el objetivo que pudo ser y no fue. Así que han tenido muchas dificultades, por una parte para desarrollar una estrategia en esas condiciones, una estrategia pluralista, y también para establecer una política de alianzas al margen de la que viniera impuesta desde el Estado. Además cuando ha habido una política de alianzas ha sido agresiva, en la que a Izquierda Unida no se la veía como un aliado como sino como un problema, y sólo dejaba de serlo si se subordinaba.  Pero IU es una fuerza orgullosa, con presencia relevante en Asturias, en muchos municipios y no se prestó a ese papel de actor secundario así que las relaciones han sido de confrontación. De todas maneras, IU, desde la llegada de Ramón Argüelles, vio la oportunidad de cambiar, de intentar una relación más fluida, y así poder influir en mayor medida en el partido socialista, aquello que decíamos de 14 a 14 (diputados), pero creo que a pesar de nuestros esfuerzos hemos de reconocer que hemos vuelto al punto de partida. Podemos no ha considerado adecuada esa política porque significa un cambio de paradigma, del paradigma del desastre al paradigma de la construcción. Creíamos que era la posibilidad de un presupuesto y de algunos acuerdos estratégicos pero nos encontramos sin presupuesto y no sé si lograremos algunos de esos acuerdos a regañadientes de Podemos. Hay asuntos, como garantías sociales, ley de transparencia u oficina anticorrupción para los que hay condiciones de que se aprueben, incluso yendo más allá de las izquierdas.


--Pablo Iglesias y Alberto Garzón parecen muy seguros de querer repetir la experiencia UP en las municipales pero no veo ese interés en Asturias por parte de ninguno de los dos implicados. Y usted pidió explícitamente concurrir en solitario.
--Yo saludo la llegada de Podemos a la vida política española, ha sido una gran diferencia respecto a otros países de la UE o incluso en EEUU, que la indignación ciudadana se transformó en un giro a la izquierda, hacia políticas sociales y de regeneración democrática. Lo que pasa es que una cosa es lo que dices y otra lo que haces y creo que Podemos no ha sabido aprovechar ese revulsivo. No ha ocurrido a nivel del Estado y en particular no ha ocurrido en Asturias, aquí se ha configurado como un partido frente a todo, se ha instalado en una postura excéntrica, con una deriva inquisitorial, poniendo el foco mucho más en el pasado que en el presente o el futuro. Cuando yo manifesté mis reticencias al acuerdo en la segunda convocatoria electoral no lo hice por una opinión personal sino contrastada con personas, activistas, que representan a colectivos a sectores de opinión, y lo que me transmitían era una lejanía, no aversión, pero sí lejanía a la cultura política de Podemos. Igual que en el momento de la coalición con Almunia, no vi que ese giro tan brusco de dos fuerzas políticas de la confrontación a la alianza, tampoco veía ahora ese paso de dos culturas políticas distintas a la mezcla. Me manifesté contrario, voté en consecuencia en la campaña interna, luego asumí el resultado e hice campaña electoral es verdad que sin mucha convicción. Y respecto a la perspectiva concreta de las elecciones autonómicas y municipales creo que ya deberíamos haber aprendido. Lo pensaba cuando se manifestó Alberto (Garzón) quejándose de la falta de visibilidad de IU, pensé que había una reconsideración positiva pero me da que se ha quedado ahí, en una insatisfacción por la visibilidad pero no hay una reflexión política sobre qué es lo mejor para la izquierda en estos momentos. Yo tengo claro que lo mejor para las próximas elecciones es la vía portuguesa, que cada uno exploremos nuestros propio electorado y colaboremos en el gobierno. Creo que es el planteamiento estratégico que a mí me diferencia de lo planteado en Madrid por parte de Alberto y de Pablo Iglesias. En Asturias, creo que la actual dirección y la mayoría de la organización coincide en que IU, con sus propias alianzas, debe ir a las elecciones para evitar que una parte del electorado se consolide como huérfano. Podemos estar hablando de entre 80.000 y 100.000 personas en Asturias pero a nivel del Estado estamos hablando de un electorado huérfano que puede llegar a los 2 millones. Porque no son sólo los que no votaron la fusión fría sino los que se han ido desenganchando en este proceso por las posiciones de Unidos Podemos, con un gran error que fue no haber facilitado una alternativa a Rajoy, tropezar de nuevo con la misma piedra con la escasa voluntad de acuerdo de ambas fuerzas después de las primarias del PSOE, y la puntilla que ha sido una posición política en torno a la cuestión catalana más cercana a la justificación de la vía unilateral a la independencia que a la defensa del federalismo. Y si ya tenía reticencias por las diferencias de cultura política ahora las tengo respecto a la estrategia y el proyecto político. Yo tengo diferencias de fondo, IU de Asturias las tiene también, probablemente no sean las mismas, pero comparto la decisión de presentarse a las elecciones de forma diferenciada.

--Es un rumor intermitente que Izquierda Abierta podría presentarse por su cuenta en un determinado momento, ¿es así?
--Izquierda Abierta, en este momento, está muy incómoda en la fusión de Unidos Podemos, porque no comparte ni esa fusión ni la política que se hace en concreto y la imagen tan diluida de IU. Lo hemos trasladado y si hay un giro, una rectificación, estaremos cómodos, pero si no es así, si nos excluyen tomaremos las decisiones que haya que tomar. Hoy estamos incorporados como una parte orgánica de IU y nos gustaría que pudiéramos estar en IU. Pero tenemos dudas en estos momentos de que IU se presente como tal a las elecciones, no me estoy refiriendo a Asturias, y tenemos dudas cada vez mayores de que seamos compatibles para un proyecto de fusión con o en Podemos. Ahora han propuesto cambiarle el nombre, pero amortizar el nombre al estilo Batasuna sería una jugada equivocada. No somos Batasuna.

--¿Cómo se ve en la próxima legislatura, activo en la política asturiana, en una candidatura municipal, dónde?
--Todavía es muy pronto, pero yo desde luego me veo activo en política, no voy a dejarlo. Estaré en uno u otro lugar, donde me toque; la realidad del país no me lleva a la depresión, ni a la decepción, sino a una cierta indignación y a la iniciativa política, y lo voy a seguir haciendo con la misma intensidad que en los últimos años. He transmitido mi disponibilidad a Izquierda Unida de Asturias, tengo más dudas respecto al modelo de Unidos Podemos y veo más dudas respecto a la compatibilidad con ese modelo gestual, cada vez más radicalizado, más retórico con lo que es mi tradición de izquierda seria, de diálogo y de acuerdo. En estos momentos es lo que puedo decir, sé que seguirá hablando de qué papel puedo jugar pero el papel por ahora lo tengo en Asturias, pienso en desarrollarlo en Asturias, pero también hacerlo compatible con participar en un proyecto de carácter estatal. Quizá la debilidad que pueda tener IU de Asturias en los próximos meses, la hemos tenido ya, nos viene a veces de IU federal, quien nos abre la espalda en materia de minería, de energía y demás es una posición nada matizada por la dirección federal, que es sumisa y subordinada a lo que dice Podemos, no sé si a lo que dice Equo. IU de Asturias tiene que influir más en la política estatal, por este camino somos débiles y hay que decirlo claramente. Las debilidades de  IU de Asturias no le vienen de sus acuerdos con la FSA o su mochila histórica sino que le viene de fuera, le viene de Madrid y en algún momento tenemos que solucionarlo. Probablemente no en las elecciones municipales y autonómicas, pero antes de las elecciones generales. Otro acontecimiento como el vivido con la exclusión de Manolo Orviz de las listas electorales, de una manera insana, no lo podemos volver a repetir. Tenemos datos para decir que IU en solitario hubiera sacado un diputado además de los dos que hubiera sacado Podemos y, sin embargo, optamos por no tener ningún diputado y que UP tenga dos diputados que no son de UP, son de Podemos, que jamás han coordinado sus iniciativas con IU de Asturias. Al contrario, nos encontramos con desagradables hechos, con votaciones en el Congreso, que son una bofetada a la tradición de IU de Asturias y contra nuestros alcaldes y municipios mineros. Sin ningún tipo de sensibilidad porque podrían tener en cuenta que tienen una aliado con responsabilidades en los concejos y en los sindicatos, pero no se cuida esta diversidad. Uno de los grandes errores de Podemos es pensar que ya toda la pluralidad está ne Podemos e incluso la que está en Unidos Podemos se puede hacer tabla rasa de ella. Si lago aprendí de mi época de coordinador es el equilibrio que hay que hacer en una organización con diferentes sensibilidades, pues en una formación política con 70 diputados más. ¿Cómo vas diciendo que eres la fuerza política que abandera la participación si no eres capaz de reconocer la diversidad en tu seno y consensuar la solución a los problemas? Mientras no se eliminen esas debilidades van a seguir en una dinámica descendente.

--Esas diferencias sobre carbón a uno y otro lado de la Cordillera pasa en otros partidos también. Hay un desencuentro entre energía y medioambinte sin resolver.
--No aprendemos las lecciones, leía hace poco un texto de Richard Ford con una crítica en la acción del partido demócrata por apuntarse a todas causas de la modernidad y olvidarse de la clase obrera y el deterioro de sus condiciones sociales. En la crisis, en los conflictos de clase, la izquierda está apostándolo todo a lo postsocial, donde en un primer plano están las causas, lo social pasa a un segundo plano, además normalmente las causas postmateriales. Hay que estar en esas causas pero la izquierda no estar sólo por sectores de la clase media alta, en sectores ilustrados, en pocas palabras. La izquierda tiene que defender la contradicción capital trabajo, los derechos sociales y laborales, eso es fundamental; por supuesto, para hacerlo compatibles con paradigmas imprescindibles hoy como el feminismo y el ecologismo. Pero eso necesita pasarelas, puentes, mediaciones; ignorando los puentes lo que estamos haciendo es que no nos entienda nadie. Pasamos de una defensa numantina de la minería a un tiempo en que la abandonamos, pero también a la industria, no podemos permitir que la clase obrera se sienta representada por populistas y extremistas como Trump. Es un salto en el vacío promover la liquidación de industria nacional por el cambio climático, es un porcentaje mínimo. Hay un plazo suficiente para respetar los compromisos de París y hacerlo con una transición energética que nos permita también una transición industrial. Creo que es eso lo que se demanda desde Asturias. Pero además da la impresión de que nos hemos apuntado todos a la sociedad de servicios y menospreciamos el debate industrial cuando es una cuestión fundamental en EEUU y la UE porque no podemos ser sólo una sociedad de consumo. En EEUU se ha resuelto de la peor manera con la llegada de Trump y en Europa está tomando también una deriva errónea.

--¿Están ausentes los derechos laborales en el debate en político?
--Sí, mucho. Yo no asimilo la recuperación del empleo a la explotación laboral y a los trabajadores precarios, hay que reivindicar unas condiciones mínimas de calidad de empleo. Falta reflexión u preocupación política por la calidad del empleo. Traumatizados todos por la crisis, nos hemos resignado con un cierto fatalismo que el empleo es cíclico y está al servicio de lo que quieran  las empresas, así los ciudadanos tienen desconfianza por la política, un malestar por la desconfianza en la política económica que es una bomba. En la calle si preguntas quién hace la política económica nos dirán que las empresas, no los partidos ni el gobierno.

--Volvemos así al debate sobre el asturiano con una virulencia que ya no se esperaba.
--Uno no escoge los momentos de los debates y este especialmente delicado. Para Asturias es un debate que tiene que tener lugar necesariamente porque nos jugamos la lengua, nos jugamos una parte esencial de la cultura asturiana, el ser o no ser y lo demuestran las encuestas, su delicada situación y una gran potencialidad en el apoyo ciudadano. Eso obliga a tomar iniciativas y yo creo que la fundamental es la oficialidad. Pero no hay que obviar el contexto; y es que la crisis no sólo ha provocado la huida independentista, también un reflujo autonómico, un cuestionamiento del papel de las comunidades y de la identidad de país o regional. Eso hay que tratarlo con la delicadeza que no tienen los adversarios que están absolutamente desbocados, en particular el PP, que tiene una relación de carácter fóbico con la lengua asturiana, de maltrato y falta de respeto. Tenemos que mantener la tranquilidad, la reivindicación de una oficialidad amable, no me duelen prendas por decirlo y si alguien se pregunta ¿por qué tenemos que poner adjetivos? Porque las condiciones obligan. Seguir por ese camino y lograr al menos en esta legislatura un pronunciamiento político que apunte a la oficialidad aunque tengamos que hacer esa reforma estatutaria más adelante. Pero es un momento decisivo y hay que aprovecharlo. Yo entiendo las incomprensiones, particularmente las que tienen que ver con la deriva independentista de Cataluña y la contaminación que está haciendo el PP con esta cuestión allá donde puede, lo están haciendo en Baleares y en Asturias y es una barbaridad. Y seguramente tiene más que ver con un ataque de encuestas que con una posición política responsable.

--¿El procés fue más un lastre que un revulsivo para la izquierda?
--Lo decían algunos amigos troskistas; muy al contrario, lo que han provocado es una contrarrevolución, una contrarreforma muy preocupante. Me preocupa mucho el futuro territorial del país por la deriva independentista pero prácticamente igual también la reacción en lo que podríamos denominar la sinrazón de estado. Un cierre de filas que se ha producido en torno a un nacionalismo español que siempre ha sido reactivo y eso no se debería olvidar. Ha sido un salto en el vacío y los resultados están ahí, por una parte en una vía muerta que ya veremos cuándo se reconduce aunque ya son conscientes. Hay que retomar la política frente al autoritarismo de los hechos consumados de uno y otro lado. Al margen de la Constitución no se puede plantear una salida a la crisis territorial, es inviable, hay que intentar evitar los agravios, que más ya sería dramático, y recuperar el diálogo. Creo, aunque parezca paradójico, que está más cerca ERC porque no está en una deriva cesarista. La izquierda es necesaria y no está ni en el seguidismo del PSOE ni en la actitud de Podemos seguidista con el independentismo, hace falta una propuesta propia federalista. 

No hay comentarios: