Fuentes próximas a Isolux han confirmado que, en las dos últimas semanas, Banco Santander se ha desprendido de 73 millones correspondientes al Tramo B de la refinanciación homologada judicialmente el pasado 27 de octubre, y aprobada por la junta de accionistas el 14 de diciembre. Dicho tramo ascendía a 550 millones, ampliables hasta 750, y era el pasivo que se consideraba sostenible, de acuerdo con la capacidad de generación de caja de la compañía en su nuevo plan estratégico.
Sin embargo, Santander ha decidido quitarse de encima el riesgo vinculado a la deuda de Isolux, pese a que fue uno de los tres grandes bancos que validaron el plan estratégico y apoyaron la refinanciación. De hecho, el grupo presidido por Ana Botín forma parte junto con CaixaBank y Bankia del denominado G-3, el trío de entidades financieras que lideró la línea de crédito de hasta 275 millones que salvó el primer 'match ball' de la multinacional controlada en ese momento por Luis Delso.

La operación del Santander es lo que ha provocado el hundimiento de la cotización de los bonos en el mercado secundario. Actualmente, cotizan apenas al 20,4% del valor nominal, al mismo precio al que se cambiaban antes del primer rescate. Lo que significa que Isolux está en serio riesgo de caer en concurso de acreedores. Se trata del mínimo histórico desde que los nuevos títulos de renta fija comenzaron a cotizar a mediados de enero. Su rentabilidad se ha disparado hasta el 47%.
La culpa, a KPMG

Estos dos bancos, junto con Bankia, han pedido a Isolux un análisis pormenorizado de la tesorería necesaria para garantizar la viabilidad de la empresa, después de que el grueso informe realizado por KPMG a petición de los acreedores haya resultado poco certero. Curiosamente, el encargado de hacer este estudio es Ignacio Alcaraz, un exdirectivo de Banco Santander y hermano del número dos de CaixaBank, Juan Antonio Alcaraz. El directivo fue nombrado de forma colegiada por los dos bancos para llevar las cuentas de la compañía y supervisar el rescate.
Los bancos, que están comprometidos a salvar a Isolux y dispuestos a dar más dinero, acusan a la consultora de hacer un diagnóstico muy equivocado y desviado de la realidad de la empresa, cuyo modelo de reestructuración había sido vendido como el adecuado frente a los problemas interminables de Abengoa. La situación ahora es crítica, con cerca de 5.000 empleados pendientes de una nueva aportación de capital. La venta de los activos no estratégicos, como los 'parkings' y las líneas de trasmisión de Brasil, no parece que vaya a llegar a tiempo para equilibrar una cuenta de resultados de 2016 cuyas pérdidas finales aún se desconocen.
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