domingo, 26 de noviembre de 2017

Manualillos de Inversión ( 1 )

Los inversores conservadores están obligados a asumir riesgo no solo para ganar dinero, sino para preservar el capital en un contexto de tipos bajos y alto riesgo en la deuda pública.
Un inversor/a acude a su asesor financiero o, en su defecto, a su oficina bancaria. Quiere saber qué opciones tiene ahora que su depósito vence y que lo que ofrecen por renovarlo no pasa -y eso con suerte-, del 0,19 por ciento de TAE. Dice que su perfil de inversión es conservador, ergo no, no está dispuesto a perder ni un solo euro de lo invertido pero, eso sí, espera que le ofrezcan algún producto que le dé rentabilidades del 8 por ciento. ¿Increíble no? No tanto si se tienen en cuenta los resultados del último estudio global de inversión que acaba de publicaR la gestora británica Schroders. En él se ve que los inversores españoles tienen "unas expectativas sobre las rentabilidades de inversión desproporcionadamente elevadas", ya que esperan conseguir a lo largo de los próximos cinco años una rentabilidad del 8,7 por ciento. Cifras que, según las estimaciones de rentabilidad que realizan para este plazo gestoras como Robeco o BlackRock, la mayor gestora de activos del mundo, no se alcanzarán ni siquiera invirtiendo en el activo que más papeletas de revalorización tiene en este periodo, la renta variable emergente, para la que pronostican ganancias anualizadas del 6,25 y 7 por ciento respectivamente. Pero es que, además, muchos de esos españoles, un 60 por ciento de los encuestados por Schroders de los que quieren tener un 8 por ciento de rentabilidad anual de aquí a 2021, "no quieren tomar demasiado riesgo en sus inversiones debido al contexto geopolítico". La frustación para ellos está asegurada, ya que si en algo coinciden todos los expertos es en que, en un contexto de tipos de interés al 0 por ciento como el actual y que al menos se mantendrá durante todo el año 2018 -no hay ningún analista según Bloomberg que prevea alzas a lo largo de todo el año que viene-, los conservadores tienen que mover ficha si no quieren perder dinero. "Las únicas posibilidades que hay hoy son asumir rentabilidades del 0 por ciento o incluso negativas, u optar por incluir riesgo en la cartera", resume Santiago Satrústegui, socio de Abante Asesores. Y es que no es casualidad que los productos más demandados por los inversores conservadores históricamente, el depósito y el bono alemán, estén dando rendimientos cercanos al 0 por ciento, lo que deja a ambos con rentabilidades reales negativas, ya que la estimación de inflación en Europa es del 1,7 por ciento para el año que viene. Es decir, ya no es que con este tipo de inversión ultraconservadora no se vaya a conseguir ese 8 por ciento que se espera, sino que además no se va a lograr el objetivo que todo inversor, conservador o no, persigue: el de preservar su capital. "Los inversores conservadores tienen todo un reto ante sí, ya que una simple subida del 1 por ciento en los intereses puede acacerrear una caída en precio del 9 por ciento para quien tenga bonos alemanes", advierte Eusebio Díaz, presidente de EDM.

Un poco de bolsa...

Ante esta situación, los inversores con más aversión al riesgo tienen dos posibilidades si quieren al menos preservar su capital: subir un escalón de riesgo si no se quieren salir del universo de la renta fija o ampliar su plazo de inversión para dar cabida en su cartera a la renta variable. "Hoy es vital que el inversor conservador tenga algo de bolsa en la cartera porque hay más riesgo en la renta fija que en la renta variable, por lo que podemos recomendar invertir de un 10 a un 15 por ciento en bolsa", apunta Ignacio Perea, director de Inversiones de Tressis. No en vano, según explica Fernando Luque, editor en España de Morningstar, "hay que tener en cuenta que lo que persiguen los bancos centrales con sus políticas expansivas es que los inversores asuman cada vez más riesgo". Y vaya si lo están consiguiendo ya que, según se desprende de la última encuesta a gestores de Bank of America Merrill Lynch, un 16 por ciento de los gestores reconoce que están asumiendo más riesgo de lo normal en sus inversiones en este contexto, la cifra más alta desde que se publica esta encuesta.
Este viraje, aunque sea mínimo, a activos de riesgo ya se está materializando en los inversores de fondos, ya que tras años en los que los productos best sellers no salían del universo de garantizados o productos con objetivo de rentabilidad, hoy el 30 por ciento de todo el dinero nuevo que ha entrado en la industria de fondos este año ha ido a parar a fondos mixtos, que combinan la inversión en renta fija con la que realizan en renta variable.
Desde Tressis recomiendan dar este primer paso en el universo de renta variable sobre todo a aquellos inversores que no tengan un plazo de inversión muy cortoplacista, ya que son partidarios de la idea de que no hace falta siempre cambiar el perfil de riesgo para conseguir más rentabilidad, sino que se trata más de cambiar el horizonte de inversión. "Creo que el perfil de riesgo debería cambiar en función del ciclo de la vida, pero no en función de lo que haga el mercado en cada momento", afirma Perea, lo que se traduce en que a mayor plazo de inversión, más porcentaje de la cartera invertido en bolsa. Desde atl Capital se muestran de acuerdo con esta idea y, de hecho Jacobo Zarco, director de Planificación de la entidad, recomienda "asumir riesgo en función del plazo en el que desea invertir, ya que los cálculos demuestran que a medida que se aumenta el plazo, la rentabilidad es más positiva". Así, según sus cálculos, la rentabilidad real de todas las carteras en los últimos 15 años ha sido positiva con una sola excepción: quien invirtiera todo su patrimonio en activos monetarios, que han perdido dinero por el efecto inflación.

...o al menos, renta fija más atípica

Sn embargo, lo cierto es que el perfil del inversor en España rara vez es largoplacista. De hecho, según el Barómetro del Ahorro de Inverco, la mayoría de los inversores establece su horizonte de inversión entre uno y tres años y de ellos la amplia mayoría se define como conservadores, por lo que quizá la posibilidad de invertir parte de su dinero en bolsa igual les suena a ciencia ficción. Es para estos casos cuando surge una segunda posibilidad, la de aumentar el riesgo -y por tanto la expectativa de rentabilidad- de su cartera de renta fija. Al fin y al cabo, Ignacio Rambaud, de Fidelity, recuerda que "incluso siendo un inversor conservador la expectativa debe ser la de batir a la inflación y para ello habrá que tener o renta variable, o fondos multiactivos, o renta fija flexible o retorno absoluto, ya que si no, no se va a conseguir".
En este contexto, la búsqueda de rentabilidad en renta fija no será tarea fácil, y muchos expertos destacan que lo más sensato es invertir en fondos flexibles de renta fija, que no están ligados a un índice y, en resumen, tienen libertad para poder adoptar estrategias muy diferentes y poder adaptarse a este entorno complicado para la deuda. Eso sí, dentro del jardín de la renta fija, que en este momento está descuidado, con una enorme cantidad de malas hierbas en el mercado europeo, los productos flexibles no son la única alternativa que tiene ahora el inversor: fondos de duración negativa, bonos ligados a la inflación, bonos flotantes, deuda corporativa y algunos tramos de la deuda estadounidense y de emergentes, también son interesantes para los analistas. El atractivo de los fondos flexibles es que pueden acudir a todos estos tipos de activos con facilidad. "Es fundamental disponer de la libertad que confiere no estar limitado por ningún índice", explican desde Nordea AM.
Otra opción es decantarse por fondos de renta fja que tengan duraciones negativas; es decir, productos que aprovechan las caídas en los precios de la renta fija y que consiguen que el inversor gana cuando se producen fuertes ventas de deuda en el parqué. En España, en enero de 2017, surgió el primer fondo de duración negativa constante: CaixaBank RF Duración Negativa. Pocos meses después, Mutuactivos siguió sus pasos, lanzando el Mutuafondo Duración Negativa, que mantiene una duración negativa media de 7,5 años. Desde Mutuactivos destacan que el vehículo está diseñado para "aprovechar la subida de tipos de la curva, sin tener que entrar a través de derivados". Eso sí, no creen que sea una buena idea que este tipo de fondos sean la base de la cartera de un inversor, sino que recomiendan que se utilicen como "una cobertura natural" para la inversión que ya se tiene en renta fija, teniendo en cuenta el contexto actual.
Otra de las opciones que ha ganado adeptos en un contexto de inflación al alza, aunque aún sea incipiente, son los fondos de bonos ligados a la inflación. Se trata de títulos que reparten un cupón fijo, pero que, al vencimiento, devuelve el principal con un aumento, que variará en función de cómo se haya comportado la inflación durante el tiempo en el que se ha tenido el bono en cartera. Eso sí, si hubiese inflación negativa durante todo este periodo, nunca devolvería menos del principal invertido. Desde Credit Suisse Gestión, consideran que entrar ahora en este tipo de títulos "puede ser una buena alternativa, fuera de la zona euro", ya que, "en Europa, a pesar del rally de las materias primas a lo largo del último año y los datos positivos de crecimiento, la inflación se sigue revisando a la baja". El propio BCE ha reducido durante los últimos meses sus expectativas de inflación para los siguientes años, estimando un avance de los precios del 1,5 por ciento para el año 2019, por debajo del objetivo del 2 por ciento.
Cifras que si bien no meten prisa a los bancos centrales en lo que a subida de tipos se refiere, sí son suficientes como para que mantengan su hoja de ruta de normalización monetaria, y de ahí que cada vez más expertos incluyan bonos flotantes en sus carteras. Estos títulos funcionan de forma similar a una hipoteca: los intereses que se cobran van cambiando periódicamente, porque están referenciados a una tasa, como es el caso del euríbor. Así, en un contexto de subida de tipos de interés por parte de los bancos centrales, estos títulos tienden a ser interesantes.
La última posibilidad es rotar la cartera hacia renta fija corporativa, ya que sus emisiones suelen dar cupones por encima de la deuda pública a cambio de asumir, junto con el riesgo de tipos de interés, el riesgo de solvencia crediticia. "Tenemos unas tasas de inflación que siguen a nivel global a niveles moderados, y esto, combinado con los crecimientos positivos, cercanos al 2 por ciento en desarrollados y al 6 por ciento en emergentes, establece condiciones favorables para la deuda corporativa. Las empresas mejoran los beneficios por el crecimiento, y la inflación positiva, pero moderada, es algo que permite a estas compañías subir los precios y mejorar los márgenes", apuntan desde M&G Investments. Para esta gestora, los sectores más interesantes ahora son el de las telecomunicaciones y el financiero, donde ven valor incluso en Europa, ya que "los bonos emitidos por bancos no forman parte del programa de compras de deuda del BCE, y las valoraciones están menos ajustadas". Un paso más allá sería salir de la zona euro. Ya sea dirigiéndose a Estados Unidos, donde el ciclo de política monetaria va por delante del europeo, u optando por el universo emergente. "En EEUU se puede encontrar crédito no financiero con grado de inversión a corto plazo por encima del 2 por ciento de rentabilidad, con un riesgo muy reducido", apuntan en Credit Suisse.

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