CITI
Integración financiera internacional
05/03/2012 - 19:20

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Todos somos conscientes de que parte de los problemas actuales son un producto de más de dos décadas de globalización descontrolada, integración financiera poco regulada y pobremente supervisada y de la sobredimensión de los mercados financieros. Y si aún no lo somos, en un futuro sin duda tendremos que pensar sobre ello. La crisis actual es consecuencia de todo esto, pero con una dinámica propia que la lleva a ser autodestructiva. Los bancos centrales son en estos momentos los únicos que pueden limitar el daño, aunque está por ver que realmente puedan dar un giro de 180 grados a la situación. De hecho, una de mis pesadillas es que no haya suficiente dinero, nuevo, para hacerlo. Pero muchas de las pesadillas no se hacen realidad.
“Así pues, la enseñanza que puede extraerse de la literatura económica sobre la integración financiera y los flujos de capital transfronterizos es que, para poder cosechar los frutos de la integración financiera mundial se necesitan políticas macroeconómicas estables y sostenibles, que permitan a los países atraer entradas de capital estables y equilibradas, conducentes al crecimiento a largo plazo de la economía. Además, es necesario que las políticas económicas se armonicen cuidadosamente con el objetivo de la sostenibilidad externa, ya que, en ausencia de unas políticas internas económicas, monetarias y cambiarias orientadas a la estabilidad, la volatilidad inherente a los flujos de capital transfronterizos puede tener un impacto significativo sobre la volatilidad de las variables macroeconómicas del país”.
El párrafo anterior es parte de la conclusión de un pequeño análisis que publica el ECB en su último informe mensual. Es un buen momento éste para hablar de la inversión internacional, valorando sus beneficios tanto para el país que la recibe como para aquel del que parte. En algunos países escuchamos riesgos de nacionalización de compañías, en otros se retoman los controles de capitales, la repatriación de activos es sabia nueva para muchas entidades con problemas de capital, y resultados, en sus países de origen. Ya pocos hablan de las ventajas de la apertura comercial, del libre comercio en un mundo, el actual, donde todos los países buscan aprovecharse de la demanda internacional ante la debilidad de sus demanda internas. La presidenta de Brasil alude a la irresponsabilidad de los bancos centrales en los países desarrollados, cuya política de generar liquidez corre el riesgo de deteriorar la industria de los países emergentes a través de la guerra de divisas.
Mientras, en los países desarrollados se habla de aumentar el peso de la base industrial ante el riesgo de convertirse en meros recuerdos de lo que fueron. Hace poco escuche con mucha atención una discusión entre cuatro “creadores de opinión” sobre la pérdida de importancia (económica, financiera y política) de los países desarrollados frente a los emergentes. De sentido común; pero con un coste, al menos a corto plazo, que podría llevar a decisiones poco racionales. ¿Lo es el proteccionismo? ¿lo es el nacionalismo?.
El ECB defiende la integración financiera mundial en cuatro interesantes puntos:
1.- Permiten a las economías compartir el riesgo asociado a sus propios ciclos económicos nacionales
2.- También es fundamental para dirigir el capital mundial hacia las áreas en las que pueda ser utilizado de forma más productiva
3.- La presencia de inversores extranjeros eleva el nivel de productividad del país receptor de la inversión
4.- Un efecto colateral de la inversión internacional es la disciplina que conlleva en la gestión de la política económica, el propio gobierno del país y de las empresas
Pero, volviendo al inicio de esta nota, quizás todo ha ido demasiado rápido en las dos últimas décadas. Los beneficios en términos de crecimiento han sido evidentes. Y de riesgos asumidos, cuyo ajuste nos llevará en el mejor de los casos una década. Es fácil en este proceso que surjan cantos de sirenas que prometan atajos en los ajustes, pero sacrificando parte del camino andado en la integración financiera internacional. Espero que nuestras autoridades puedan evitarlos, aunque la tentación de buscar atajos será enorme.
El párrafo anterior es parte de la conclusión de un pequeño análisis que publica el ECB en su último informe mensual. Es un buen momento éste para hablar de la inversión internacional, valorando sus beneficios tanto para el país que la recibe como para aquel del que parte. En algunos países escuchamos riesgos de nacionalización de compañías, en otros se retoman los controles de capitales, la repatriación de activos es sabia nueva para muchas entidades con problemas de capital, y resultados, en sus países de origen. Ya pocos hablan de las ventajas de la apertura comercial, del libre comercio en un mundo, el actual, donde todos los países buscan aprovecharse de la demanda internacional ante la debilidad de sus demanda internas. La presidenta de Brasil alude a la irresponsabilidad de los bancos centrales en los países desarrollados, cuya política de generar liquidez corre el riesgo de deteriorar la industria de los países emergentes a través de la guerra de divisas.
Mientras, en los países desarrollados se habla de aumentar el peso de la base industrial ante el riesgo de convertirse en meros recuerdos de lo que fueron. Hace poco escuche con mucha atención una discusión entre cuatro “creadores de opinión” sobre la pérdida de importancia (económica, financiera y política) de los países desarrollados frente a los emergentes. De sentido común; pero con un coste, al menos a corto plazo, que podría llevar a decisiones poco racionales. ¿Lo es el proteccionismo? ¿lo es el nacionalismo?.
El ECB defiende la integración financiera mundial en cuatro interesantes puntos:
1.- Permiten a las economías compartir el riesgo asociado a sus propios ciclos económicos nacionales
2.- También es fundamental para dirigir el capital mundial hacia las áreas en las que pueda ser utilizado de forma más productiva
3.- La presencia de inversores extranjeros eleva el nivel de productividad del país receptor de la inversión
4.- Un efecto colateral de la inversión internacional es la disciplina que conlleva en la gestión de la política económica, el propio gobierno del país y de las empresas
Pero, volviendo al inicio de esta nota, quizás todo ha ido demasiado rápido en las dos últimas décadas. Los beneficios en términos de crecimiento han sido evidentes. Y de riesgos asumidos, cuyo ajuste nos llevará en el mejor de los casos una década. Es fácil en este proceso que surjan cantos de sirenas que prometan atajos en los ajustes, pero sacrificando parte del camino andado en la integración financiera internacional. Espero que nuestras autoridades puedan evitarlos, aunque la tentación de buscar atajos será enorme.

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