sábado, 22 de abril de 2017

Mañana, Europa temblará....

Las apuestas a 24 horas de las elecciones se suceden. Y en Bruselas, la capital europea, la tensión es palpable. La segunda economía de la eurozona se encamina a la primera vuelta de unas elecciones decisivas, no solo para Francia, sino para toda la Unión. Las encuestas no tranquilizan: en la recta final de la campaña, no hay un candidato favorito claro.
Cuatro líderes muy diferentes entre ellos aparecen en las quinielas: el liberal Emmanuel Macron, la ultraderechista Marine Le Pen, el izquierdista Jean-Luc Mélenchon y el conservador François Fillon. La tensión promete prolongarse más allá de la segunda vuelta que se celebrará el 7 de mayo, porque tampoco está claro qué medidas económicas aplicarán. Pero sus programas, promesas y posturas defendidas en el pasado permiten hacerse una idea de qué sucedería si ganara uno u otro. Y cómo las decisiones tomadas en París marcarían el paso a la Unión.

Marine Le Pen y el fin del euro

Para Marine Le Pen, Francia es lo primero. Quiere un “patriotismo económico”. Y para ello, pretende convocar un referéndum sobre la pertenencia del país en la Unión Europea, si sus socios no aceptan desmantelar parte de las estructuras comunitarias. Propone a los franceses que se planteen seguir los pasos de Reino Unido. O, al menos, abandonar el euro para recuperar la “soberanía monetaria y económica” gala. Pese a las dificultades técnicas y económicas que conllevaría. Y pese a que podría suponer un golpe mortal tanto para la moneda única como para el proyecto comunitario.
Si algo hemos aprendido durante la crisis del euro es que los mercados, los inversores, los ahorradores y muchos consumidores temen los referendos. La incertidumbre nunca favorece a la economía. Y los precedentes no son halagüeños. El mayor momento de tensión de la crisis griega de 2015 se vivió cuando Alexis Tsipras convocó un referéndum sobre las negociaciones con sus socios. La situación desembocó en una huída de capitales masiva que obligó a Atenas a imponer controles de capitales. En solo un trimestre, Grecia perdió un 2% de su PIB. Y volvió a entrar en recesión.
Las banderas de Francia y de la UE penden de un friso de la Asamblea Nacional gala. (Reuters)
Las banderas de Francia y de la UE penden de un friso de la Asamblea Nacional gala. (Reuters)
Incluso la versión más moderada de Le Pen preocupa en Europa. Muchas de sus propuestas “serían muy difíciles de encajar con ninguna de las cosas que la UE fomenta”, explica Pieter Cleppe, analista del 'think tank' Open Europe. El Frente Nacional quiere, por ejemplo, dar marcha atrás a la Unión Bancaria que pusieron en marcha los países del euro al calor de la crisis con el objetivo de evitar que una nueva crisis financiera arrastrase a los Estados a situaciones de insolvencia como la que llevó a España a solicitar su rescate financiero en 2012.
Le Pen también quiere someter el comercio internacional al interés nacional. Cleppe apunta que, en realidad, el "proteccionismo inteligente" que defiende Le Pen -más centrado en proteger sectores estratégicos o aquellos afectados por la competencia desleal, como el siderúrgico- no tendría por qué ser tan distinto de las posturas que adopta la Comisión, cuando impone tarifas anti-dumping en productos como los paneles solares de China. Pero está por ver qué sintonía podrían mantener París y Bruselas, y si los intereses de Le Pen coincidirían con los del resto de sus socios.

Mélenchon: un Tsipras francés

“Mélenchon es el equivalente no racista a Marine Le Pen”. Así define Gregory Claeys, investigador del 'think tank' Bruegel, al candidato que ha sorprendido durante la campaña. Partiendo de ideologías radicalmente enfrentadas, Mélenchon comparte algunos preceptos con la ultraderechista, como la preocupación por recuperar la soberanía francesa. O el deseo de impulsar el proteccionismo. Pero su postura sobre la Unión Europea no es tan hostil como la de la política ultraderechista.
Mélenchon comparte algunos preceptos con Le Pen, como recuperar la soberanía francesa o el deseo de impulsar el proteccionismoEl problema, para el candidato de izquierdas, no es el proyecto en sí, sino las políticas liberales y conservadoras que se impulsan desde Bruselas y las capitales. Por lo que en un principio trataría de convencer a sus socios de reorientar los pasos de la Unión. Por ejemplo, dejando de lado las reglas de disciplina fiscal europeas -raíz, según sus críticos, de las políticas de austeridad que ahondaron la recesión durante la crisis del euro-. Un punto en el que se encontraría la oposición frontal de países como Alemania u Holanda. Si no lograse un cambio, entonces sí, amenaza con salir del club comunitario. Una postura que de nuevo trae ecos de drama griego.
Francia importa “porque es Francia”, como diría el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. Y si se llegara al extremo en el que Mélenchon planteara sacar al país de la eurozona o la UE, el impacto sería aún más fuerte que durante los envites protagonizados por Alexis Tsipras. Francia es la segunda potencia de la eurozona -y lo será también de la UE una vez que Reino Unido abandone el barco-, mientras que Grecia apenas representa el 1% del PIB comunitario. Si el agujero heleno se ha tragado ya miles de millones de euros, un pánico bancario en Francia que pusiera en riesgo de caída a sus bancos supondría un serio riesgo, no ya para la eurozona, sino para el sistema financiero mundial.

Macron: el europeísta

En los pasillos de Bruselas, en las reuniones entre políticos, economistas, empresarios y analistas, estos días se habla de lo que podría pasar en Francia si las elecciones “salen bien”. Ni siquiera es necesario que se pronuncie el nombre de Emmanuel Macron para saber que el Brutus de la política francesa es el candidato favorito en Bruselas. Tanto como para haber logrado apoyos públicos como el del comisario europeo de Economía y Finanzas, Pierre Moscovici, en detrimento de su colega socialista Benoît Hamon, quien ha quedado completamente eclipsado durante la campaña.
Motivos, hay muchos. El candidato independiente supone una síntesis entre los postulados liberales, los conservadores y los socialistas que encaja bien con la dinámica de equilibrios políticos comunitaria. Y Macron es, además, abiertamente pro-europeo. Tanto como para agitar la bandera azul con doce estrellas doradas en sus mítines. Y quiere aligerar la carga fiscal que soportan las empresas francesas, tal y como defiende Bruselas. Propone reformas en el sistema de pensiones, en el mercado laboral con cambios en las ayudas a los desempleados para incitarles a no rechazar ofertas de trabajo y pretende reducir los gastos públicos, lo que permitiría controlar aún más el déficit público, tal y como favorecen las reglas europeas de disciplina fiscal. Medidas, todas ellas, vistas con buenos ojos desde la capital comunitaria.
Macron abraza la globalización como algo inevitable, un fenómeno ante el que adaptarse y no tratar de de huir volviendo la vista hacia el pasado. Una postura apreciada por los defensores del orden liberal internacional, en un momento en el que se ve mermado por decisiones como el Brexit o el proteccionismo de Donald Trump. Macron defiende el libre comercio, pero también busca poner en marcha un sistema que respalde a los “perdedores de la globalización”. Por ejemplo, ayudándoles a reconvertirse si son despedidos. La teoría de este alumno aventajado de una de las principales escuelas francesas es buena. Pero queda por ver si en la práctica esta y otras ideas son aplicables en una sociedad y un sistema tan complejos como los franceses.
Emmanuel Macron, lider de ¡En Marcha!, durante un acto de campaña en París. (Reuters)
Emmanuel Macron, lider de ¡En Marcha!, durante un acto de campaña en París. (Reuters)


Fillon, tras los pasos de la 'Dama de hierro'

“Nunca he tenido problema en ser comparado con una persona que ha salvado a su país”. Así responde François Fillon a los que le asimilan a la exprimera ministra británica Margaret Tatcher. Aunque supone continuidad, el candidato conservador se convertiría en el presidente más alineado con la derecha liberal de la historia reciente de su país. El antiguo primer ministro, que pese a los escándalos que le han acompañado esta campaña figura entre los candidatos presidenciables, propone emprender “el esfuerzo más grande que se haya hecho en la historia contemporánea de Francia”. Y pone cifras: 110.000 millones de euros de ahorro en los próximos cinco años, la mitad en recortes al Estado y las regiones -por ejemplo, reduciendo en medio millón de empleados el cuerpo de funcionarios- y la otra parte restante a través de una reducción del gasto en políticas sociales como las pensiones, la sanidad o el desempleo.
Todas estas políticas tienen cabida en la Unión Europea, que, mientras se respete el déficit público, no interviene en las políticas presupuestarias nacionales. Incluso si desde hace unos meses Bruselas defiende que los países adopten unas políticas más expansivas y menos centradas en la austeridad. Lo que, sin embargo, gusta menos en Bruselas es la postura distante de Fillon respecto a la Unión Europea, que podría dificultar nuevos avances en la construcción comunitaria en un momento fundamental en el que se está decidiendo el futuro de la Unión.

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