martes, 7 de julio de 2015

Al enemigo ni agua!

Lo que ningún debate político en España ha conseguido unir, Grecia está a punto de lograrlo. El Gobierno del Partido Popular y el PSOE como primer partido de la oposición han identificado un mismo ideario para cerrar un acuerdo que ponga fin a la crisis del país heleno sin que ello suponga ninguna concesión adicional a los planteamientos de la troika, formada por la Comisión Europea, elBanco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional. En definitiva y sin que sirva de precedente, el bipartidismo menguante se revela por primera vez con un acuerdo tácito entre las dos primeras formaciones del país para ajustar las cuentas a Grecia y, lo que es más importante, impedir que la deriva de los acontecimientos en Europa termine por disparar la cotización de Podemos en el gran mercado electoral abierto en España.
La atmósfera sofocante del día más caluroso de año se respiraba ayer con parecida intensidad en los cuarteles de Génova y también en los de Ferraz. Cada uno por su lado, los dirigentes de ambos partidos discernían los elementos claves del discurso más adecuado para hacer de la necesidad virtud y provisionar en términos políticos las peores contingencias que puede deparar la crisis de Grecia. En realidad, nadie se atreve a certificar con plenas garantías que lo peor sea realmente enemigo de lo malo, pero lo que todos tienen muy claro es la necesidad de evitar a toda costa un escenario que satisfaga directamente las aspiraciones populistas de Syriza y, por ende, de Podemos.
Las conversaciones con el Gobierno griego para un acuerdo de rescate siguen abiertas, como no podía ser de otra manera y como acaba de asegurar el ministro de Economía, Luis de Guindos. A partir de esta premisa es necesario entender la legitimación de cada una de las partes para llegar a un pacto sin vencedores ni vencidos y para reforzar su posición negociadora en los próximos días. Syriza considera que el triunfo del 'no' en el referéndum del domingo le otorga un poder especial, pero precisamente esta misma convicción debe alertar a los líderes europeos para rechazar un riesgo moral que dejaría claros efectos nocivos en todos los países comprometidos a capa y espada con la estabilidad presupuestaria que reclama la Unión Europea.

Temor a la política de apaciguamiento

España figura por méritos propios en la cabeza de los manifestantes que tienen más derecho a reclamar una actitud de firmeza por parte de Bruselas. De lo contrario, el mensaje resultante podría ser demoledor para todos los contribuyentes patrios que, dentro de cinco meses, pasarán a convertirse por un día, probablemente el 13 de diciembre, en electores del futuro Gobierno de la Nación. La cólera de los sufridos ciudadanos griegos puede también contagiarse a los no menos castigados votantes españoles, que empiezan a observar con más estupor que resignación el desarrollo de los acontecimientos en Atenas. La consecuencia puede resultar nefasta para los llamados partidos tradicionales en la misma medida que dará alas a los nuevos grupos emergentes, con Podemos como principal beneficiario.
Para el PSOE la situación podría no parecer tan dramática, pero eso no puede servir de consuelo para Pedro Sánchez y su flamante gobierno en la sombra. Disipada la sombra de Susana Díaz, el líder socialista se juega en las próximas elecciones algo más que la opción de formar gobierno porque, si malo es salir derrotado contra el PP, mucho más grave puede ser hacerlo frente a Podemos.La hegemonía de la izquierda se ventila también de aquí a finales de año y el PSOE tiene pánico ante la posibilidad de perder la franquicia sustraída al PCE hace más de treinta y cinco años. Llevada a sus últimas e insospechadas consecuencias, la crisis de Grecia puede ser la tumba del Gobierno, pero no por ello dejaría de ser también un clavo en el ataúd político del actual PSOE.  

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