En vez de eso, se dedica a reivindicar sus álbumes grabados en el siglo XXI (un repertorio tremendamente irregular) y a ofrecer versiones poco reconocibles de sus grandes himnos de siempre (marca de la casa desde hace décadas). Los dos aplausos más grandes de la noche llegaron cuando apareció en escena y cuando pronunció las palabras Tangled Up In Blue, que permitieron al público reconocer este clásico del torrencial Blood On The Tracks (1975).
Desconectado de su tiempo
Nadie duda de que Dylan cuenta con músicos de primer nivel, capaces de crear la atmósfera necesaria en cada pieza. Tampoco se cuestiona que atesora material para tocar dos horas y cuarto con la máxima intensidad. El problema es que anda empeñado en vender que su última etapa es tan buena como cualquier otra y eso no acaba de ser cierto, ya que sus álbumes recientes son dignos, correctos y elegantes, pero bastante inferiores a los que le hicieron grande (Time out of mind, su última obra mayúscula, es de 1997, aunque después ha mantenido un digno nivel).
A medio gas
Tampoco es que no haya nada que rascar: Bob Dylan es un icono mayor de la música popular del siglo XX y resulta imposible que se suba a un escenario sin que surja algún momento disfrutable. Por ejemplo "Full Moon and Empty Arms", "Workin’ Man Blues #2" y Autumn Leaves, la pieza con la que el público de pista se animó a levantarse de sus asientos y arrimarse al borde del escenario.Prohibido hacer fotos
En general, sonó mucho más sustancioso cuando ocupaba el centro del escenario que cuando se retiraba al piano. ¿Lo más decepcionante? Los dos bises: la tremenda Love Sick sonó inofensiva y el clásico Blowin’ In The Wind quedó descafeinado. Por lo menos, está vez se molestó en cantar el estribillo, no como en aquel concierto en Alcalá de Henares en 2004 cuando dejó ese trabajo al público (y aún así aquella vez sonó con mucha más garra).A lo largo de la noche, se imponía la pegajosa sensación de que no estábamos allí para recibir una descarga musical, sino para poder decir que habíamos estado en el mismo recinto que una leyenda del Olimpo rockero. Es algo que queda claro desde que entras por la puerta y te encuentras un puesto de merchandising con programas de mano a 15 euros y camisetas de manga corta a 35. O cuando anuncian la salida de la estrella con un sonido de gong. O cuando algunos espectadores se pasan la noche mensajeando a sus amigos para contar donde están y solo dejan de atender a la pantalla para aplaudir sonoramente.
Abrieron el concierto Los Lobos, veterana banda de rock latino de los Ángeles. Sin quitar mérito a su excelente repertorio, pierden fuelle cuando se entregan a virguerías instrumentales y contagian cuando se arriman a lo popular, por ejemplo su cita al clásico Volver, volver o el empalme de la tradicional La Bamba (que hizo famosa Richie Valens) con Good Lovin (The Young Rascals). También sonaron preciosas Will the wolf survive?, Ay te dejo en San Antonio y Chuco's Cumbia. No hay duda: mejor cuanto más sencillos y populares.
No hay comentarios:
Publicar un comentario