Desde que estalló la crisis económica, nuestros políticos han pronunciado decenas de eufemismos para mitigar el impacto político de la misma sobre los cerebros de los sufridos ciudadanos. ¿Es usted un dirigente y no puede cambiar a mejor la realidad? No se preocupe: siempre podrá cambiar el lenguaje que usamos para describir la realidad.
Si bien la metáfora de los "brotes verdes", cortesía de la socialista Elena Salgado, ha pasado ya a la historia (cómica) del lenguaje democrático español, no es menos cierto que la carrera por decir el eufemismo más desafortunado ha estado muy reñida.
Si hablamos de eufemismos que han logrado sacar de sus casillas al personal, sería injusto no mencionar las legendarias palabras de la Secretaria de Estado de Inmigración, la conservadora Marina del Corral, en noviembre de 2012: "Considero desvirtuados los discursos que sostienen que la salida de trabajadores cualificados españoles está estricta y únicamente vinculada a la situación de crisis". ¿Cuál sería entonces la causa real por la que los jóvenes habrían decidido salir en masa de España? Su "espíritu aventurero", según Del Corral. O el exilio como juerga hedonista.
Icíar Bollaín, directora de 'En tierra extraña'Icíar Bollaín, directora de 'En tierra extraña'
Y en esas se presenta hoy en el Festival de San Sebastián la nueva película de Icíar BollaínEn tierra extraña, documental que viaja a Edimburgo a preguntar a los jóvenes exiliados cañís si están ahí por "espíritu aventurero" o por algún otro motivo.
La película es una sucesión de testimonios de licenciados que, incapaces de encontrar trabajo en España, han acabado en Escociafregando platos, limpiando wáteres y haciendo camas, así que ya se pueden ustedes imaginar lo que piensan de Marina del Corral, de Elena Salgado, de sus madres y del sistema político español que les ha "expulsado" a otras latitudes. 
"A mí me hubiera gustado hacer esta aventura con 20 años, pero no con 37, una hija de cuatro y toda una vida que he dejado en España...", cuenta Sonia, de 37 años, administrativa reconvertida en limpiadora.
"Creo que me han obligado, que me han sacado a patadas... yo no me merecía esto", afirma Mariví, de 50 años, comerciante en paro.
"Hemos hecho lo que teníamos que hacer,  nuestros padres se han esforzado muchísimo por nosotros y ahora... gano más aquí limpiando en un hotel que como ingeniera química en España", clama María José, de 30 años, ingeniera química que ahora trabaja de limpiadora.
"Más que perdida somos la Generación Frustrada... estamos como en un limbo", espeta Miriam, de 26 años, licenciada en psicología reciclada en camarera y limpiadora.
A mí me hubiera gustado hacer esta aventura con 20 años, pero no con 37, una hija de cuatro y toda una vida que he dejado en EspañaOyendo todo esto, dan ganas de llorar. Otra salida sería tirar de humor negro: el único exiliado español que trabaja de lo suyo es un biólogo de aves que ha acabado currando en un Kentucky Fried Chicken... El chiste sale de un monólogo teatral satírico de Alberto San JuanAutorretrato de un joven capitalista español, al que Bollaín recurre varias veces para meter cemento político. San Juan, como se pueden ustedes imaginar, no deja títere con cabeza en su repaso al periodo que va de la Transición a la recesión.
En otra época, un documental como este quizás se hubiera limitado a echar la culpa del exilio al gobierno de turno, en este caso el de Mariano Rajoy. Pero en los últimos tiempos asistimos a un bombardeo de artefactos culturales dedicados a impugnar lo que podríamos denominar "el régimen del 78". En tierra extraña no es una excepción.
Entre entrevista y entrevista, Bollaín intercala un esclarecedor montaje de hitos propagandísticos del milagro económico español. Como esas inolvidables imágenes del entonces presidente José Luis Rodríguez Zapatero anunciando al mundo que España había entrado en la "Champions League" de la economía planetaria (en efecto, fue decirlo y desmoronarse espectacularmente el PIB celtibérico).
Resumiendo: la pelīcula no se caracteriza por su sutileza política, pero golpea fuerte donde más duele: en la incapacidad de un país para garantizar una vida digna a sus jóvenes.