Un corazón.
Aunque en los pasados años se han
realizado grandes avances en el conocimiento de las causas de los
ataques cardiacos y cómo prevenirlos, muchas personas mantienen falsas
creencias sobre los factores de riesgo de la enfermedad cardiaca o sobre
la enfermedad en sí misma. Desde el blog de la Escuela de Medicina de
Harvard dirigido a la población los facultativos estadounidenses
presentan cinco falsas creencias que se mantienen entre la población
junto con algunos consejos que evitan caer en estos errores comunes y
mantener así nuestro corazón sano.
Mito 1: 'Si tienes enfermedad cardiaca necesitas bajar el ritmo'
"Para la mayoría de personas con enfermedad cardiaca, ser sedentarios
es una mala idea. Esto puede conducir a coágulos sanguíneos en las
piernas y a un declive de la condición física global", señala el doctor
Richard T. Lee, cardiólogo y profesor de la Escuela de Medicina de
Harvard. La actividad física ayuda a fortalecer el músculo cardiaco,
mejora el flujo sanguíneo al cerebro y mejora la salud y el bienestar
general. La recomendación de Lee es que consultemos con el médico qué
clase de ejercicio es el más apropiado para nosotros y cuánto deberíamos
hacer. La mayoría de personas puede caminar y hacerlo, por poco que
sea, beneficia al corazón.
Mito 2: 'Es normal tener hipertensión cuando eres mayor'
La presión sanguínea tiende a subir con la edad pero el hecho de que
esta tendencia sea común no significa que sea buena. Se produce porque
las paredes arteriales se vuelven rígidas con la edad. Las arterias
rígidas fuerzan a que el corazón bombee más fuerte. La presión sanguínea
contra las paredes arteriales las daña con el tiempo. Con ello, el
sobreesfuerzo del músculo cardiaco se hace menos efectivo y bombea
incluso más fuerte para cumplir con las demandas de sangre del
organismo. Esto daña más las arterias e 'invita' a la grasa a las
paredes arteriales. De esta manera la hipertensión aumenta el riesgo de
ataque cardiaco e ictus. Lo mejor frente a estos efectos del
envejecimiento es controlar la presión arterial. Si está por encima de
140/90, pregunta a tu médico qué puedes hacer para que baje.
Mito 3: 'Puedes reducir el riesgo de enfermedad cardiaca con vitaminas y suplementos'
Las vitaminas antioxidantes E, C y el betacaroteno son un factor en
la reducción del riesgo de enfermedad cardiaca. Sin embargo, los ensayos
clínicos con suplementos de estas vitaminas han fallado en la
confirmación de estos beneficios o se realizaron de tal forma que no se
pudieron extraer conclusiones. La Asociación Americana del Corazón ha
afirmado que no existen evidencias científicas que muestren que estos
suplementos prevengan o traten la enfermedad cardiaca. El organismo
absorbe y utiliza las vitaminas y minerales mejor cuando éstos proceden
de los alimentos. Para asegurarnos de tomar las vitaminas y minerales
necesarios, es mejor dejar los suplementos y comer una amplia variedad
de alimentos nutritivos de todos los colores.
Mito 4: 'La enfermedad cardiaca es en realidad un problema masculino'
Los datos en Estados Unidos muestran que desde 1984 han muerto cada
año por causa de la enfermedad cardiaca más mujeres que hombres. La
enfermedad cardiaca es la principal causa de mortalidad entre las
mujeres mayores de 65 años, como sucede en el caso de los hombres.
'Hacia la edad de la jubilación, el 70% de los hombres y mujeres tienen
alguna forma de enfermedad cardiovascular, lo que incluye enfermedad
arterial coronaria, fallo cardiaco, ictus e hipertensión', apuntan los
facultativos estadounidenses. El riesgo continúa en ascenso y hacia los
80 años el 83% de los hombres e incluso un porcentaje superior en las
mujeres (87%) están afectados. Con independencia de tu sexo, deberías
pedirle a tu médico pasar por un examen cardiaco elemental que incluya
pruebas del colesterol y de la presión sanguínea. Después, tras tener
los resultados de las prueba, sigue las indicaciones del facultativo.
Mito 5: 'Si tienes enfermedad cardiaca, deberías comer la menor cantidad posible de grasa'
Es verdad que se debe comer una dieta baja en grasas saturadas y
evitar por completo las grasas trans. Pero otras grasas, sobre todo las
grasas insaturadas de los aceites vegetales y otros alimentos, son
beneficiosas. De hecho, comer pescado alto en ácidos grasos omega-3,
como el salmón, dos veces por semana puede reducir el riesgo de
enfermedad cardiaca. La recomendación de los expertos es incluir en la
dieta productos lácteos bajos en grasa, pescados grasos, frutos secos y
aceite de oliva. "Si comes carne, asegúrate de que es un corte magro y
elimina la piel de las aves", señala.
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