9 de
Junio de
2016
PÚBLICO
Comienza otra campaña decisiva. Así que, con la
información demoscópica disponible vamos a intentar leerle las tripas.
Ojo. Cualquier persona medianamente informada sobre el material que
producen las encuestas sabe que lo que haremos a continuación es una
actividad de alto riesgo. Por eso, os agradecemos por adelantado que nos
perdonéis. Comencemos:
1. La cifra mágica para las alianzas, PP-Ciudadanos o
PSOE-UP, está en los 170 escaños. A partir de ahí, al menos, se puede
negociar la investidura con el PNV, el socio aparentemente más aceptable
que va a quedar (y ya nos imaginamos en qué condiciones). Sin embargo,
al arrancar la campaña ninguna de estas alianzas tiene al alcance esa
cifra. PP y Ciudadanos la tuvieron en marzo y abril, pero la cosa se
torció, y mucho, después de que se sellara el acuerdo electoral entre
Podemos e IU. A día de hoy, parece que, de nuevo, el escenario más
probable es el de un empate.
Proyección de escaños a partir de los promedios de las encuestas publicadas
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20D
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Enero
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Febrero
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Marzo
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Abril
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Mayo
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Junio
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PP + Ciudadanos
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163
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163
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167
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170
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171
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168
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162
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PSOE + UP + confluencias
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161
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160
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156
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153
|
153
|
157
|
161
|
2. Pero vayamos a lo importante: el mantra generalizado es
que tendremos unas generales con baja participación. Los principales
perjudicados por dicho escenario serían el PSOE y Ciudadanos. Los
electores de ambos se muestran claramente más reacios a dejarse ver en
las urnas. Por tanto, a PP y a Podemos les convendría esta movilización
“limitada”. Las cosas, sin embargo, no son tan sencillas.
3. En el centro derecha, la situación está realmente
complicada. La suma de Ciudadanos y PP, a día de hoy, no alcanza los 170
escaños ni con alta ni con baja participación. El saldo sería todavía
peor con alta, ya que ahí el PP tiene más probabilidades de dejarse
escaños que Ciudadanos de ganarlos. Si este panorama se estabiliza, las
estrategias para contrarrestarlo serían básicamente dos:
Una primera sería propiciar un voto útil hacia el PP. Si
tuviera impacto, obviamente, habría consecuencias positivas para los de
Génova. Pero ¿es una vía expedita para llegar a los 170 escaños? Solo si
capta algo de la abstención, el partido de Rivera queda reducido a una
mínima expresión y la mayoría de las pérdidas naranjas migra
disciplinadamente hacia el PP. En definitiva: harto improbable.
Otra vía es propiciar la desmovilización de la izquierda.
Pero cuidado. Los ataques a Unidos Podemos con polémicas venezolanas y
tramas policiales no parecen tener ese efecto y, además, comienzan a
exasperar a los electores. Tampoco nos resulta fácil imaginar cómo
desmotivar (aún más) a los votantes socialistas. En definitiva, no
parece una estrategia muy esperanzadora. Así que, lo único que parece
seguro a estas alturas para Rajoy es salir de nuevo a empatar el
partido, quedar en el primer puesto y confiar en que la subsecuente
crisis interna del PSOE le abra las puertas de la investidura por la vía
de una gran coalición más o menos disimulada.
4. En el flanco izquierdo tampoco encontramos una lectura
clara. Si los votantes del PSOE se mantienen poco movilizados, Unidos
Podemos se aseguraría el famoso sorpasso. Sin embargo, por esta
vía, el resultado conjunto no tiene asegurados los 170. Existen
numerosos escenarios donde no se alcanza esa cifra (cuidado con el
optimismo en este punto). La hipotética investidura dependería de
conjugar a un PSOE post-Pedro Sánchez con formaciones como ERC y EH
Bildu. Algo inconcebible en Ferraz. En cambio, si el PSOE reactiva su
músculo y moviliza finalmente a los suyos, rescataría más escaños de
manos del PP que de Unidos Podemos (los conservadores tienen más
probabilidades de perderlos), situando al conjunto PSOE-UP más cerca de
la gobernabilidad.
Por tanto, Iglesias y Garzón no pueden tenerlo todo: se
incrementan las probabilidades de hegemonizar la izquierda, pero también
las de quedarse en la oposición. Si finalmente el resultado es más
equilibrado, la vía para formar gobierno se despeja, pero con un PSOE
cuya primera opción fue Ciudadanos y cuya vieja guardia no quiere ni en
pintura un ejecutivo con Podemos
Si realmente la prioridad de ambos fuera la de un gobierno
progresista (y viviésemos en un mundo ideal) veríamos a Pedro Sánchez
declarar abiertamente que, si suman, intentará formar un gobierno a
medias con Iglesias, le pese a quien le pese en su partido. Y a Iglesias
lo veríamos diciéndoles a los electores: “Votadnos, pero por favor, si
no os gustamos, al menos no dejéis de votar al PSOE”. Obviamente, en el
mundo en que vivimos, estas cosas no suceden.
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