domingo, 31 de agosto de 2008

Y vá de casitas...o son casazas?

Los indios de la India están que se salen.
La poderosísima y desigual economía India, con punteros sistemas de investigación y sus habituales y fortalecidas empresas de materias primas, produce algún millonetti esperpéntico como este.


La casa más cara del mundo



Mukesh Ambani junto a su mujer, Nita
Es otro oasis para las nuevas fortunas de la caótica India. En el acaudalado suburbio de Malabar Hill, en Bombay, reina la tranquilidad entre setos recortados milimétricamente y coches de lujo. Pura ostentación, que se culmina con el hogar de 27 plantas que Mukesh Ambani se está haciendo sin ningún atisbo de humildad como refugio para descansar de los quebraderos de cabeza que le crean su condición de magnate de los negocios.


Ambani está considerado como el quinto hombre más rico del mundo. Y parece que no se conforma con este puesto, ya que la vivienda en cuestión será el hogar más caro del mundo cuando finalicen las obras.

Mil millones de dólares le habrá costado levantar Antilia, como así lo ha bautizado. A este empresario de 51 años y con una fortuna valorada en 43.000 millones de dólares, le gusta aparecer en prensa. Probablemente no le queda más remedio, pues es el presidente de la mayor empresa en manos privadas de la India, Reliance Industries, cuyos principales beneficios provienen de la industria petroquímica.

Pocos temas han dado más carnaza a la prensa india como las peleas con su hermano menor Anil, con quien se enfadó tras la muerte de su padre. La división de la inmensa herencia no pudo ser pacífica y eso que a Anil se le considera el sexto hombre más rico del mundo tras la partición.

Otras veces son sus desmesurados gastos los que saltan a la primera página. El año pasado se rumoreó que Mukesh le había regalado a Nita, su mujer, un jet privado de 60 millones de dólares por su cumpleaños. Y es cierto que compró un Airbus 319 debidamente personalizado, pero no está claro si era para su esposa o su empresa.

Motivos fraternales
Probablemente sea la disputa entre hermanos la que le ha llevado a Mukesh Ambani a construirse el polémico edificio. Tras la muerte del patriarca, la familia ha seguido conviviendo en Sea Winds, una residencia de 14 plantas que ha sido escenario de las tan cacareadas peleas. Ya harto, Mukesh parece que ha buscado un hogar alternativo donde pueda sentirse a sus anchas sin aguantar malas caras. Se espera que a comienzos del próximo año, Sea Winds aloje únicamente a Anil Ambani y su familia.

Consecuentemente, la nueva casa de Mukesh ha dado pie a titulares de todo tipo en la India. Una mudanza así no puede dejar indiferente a nadie. Hay quien piensa que es el culmen de una carrera personal carente de modestia.

Un periódico local escribió que es "un edificio a la altura de su ego", pues a muchos les resulta escandaloso semejante exhibición de riqueza en una ciudad donde seis millones de personas viven en la indigencia y el 65 por ciento de su superficie está cubierta de chabolas.

Oficialmente, los detalles del proyecto, diseñado por un estudio de arquitectura de Chicago, permanecen en secreto. Claro que la información que se ha filtrado basta para dar rienda suelta a la imaginación. Un artículo en el Mumbai Mirror desvelaba que los seis primeros pisos de la torre estarán reservados a un aparcamiento con capacidad para hasta 168 coches y el séptimo funcionará como un taller para tenerlos a punto.

Encima se levantará una zona de ocio con una sala de baile coronada por una cúpula plateada y un cine con aforo para 50 personas. En el piso inmediatamente superior habrá un jardín, seguido de tres plantas con sus repectivos balcones, cada una con su propio diseño de terraza. El piso noveno tendrá una sala de emergencia por si fuese necesario desalojar el edificio, y en los dos siguientes se instalará el gimnasio y el spa. Los invitados de los Ambani se alojarán en las dos plantas de más arriba.

Helipuerto
En el último bloque del edificio vivirá Mukesh con su mujer y sus tres hijos, y según se dice, una de las cuatro plantas se reservará para su madre, Kokilaben, que parece ponerse de parte del mayor en la disputa familiar. Por último, el tejado servirá de helipuerto para un máximo de tres helicópteros. En total habrá nueve ascensores y cerca de 600 empleados para atender las necesidades del quinto hombre más rico del mundo.

La concepción del edificio podría estar basada en el vaastu, una tradición india similar al feng shui. Se comenta que el cerebro detrás de todo el proyecto es la señora Ambani, quien habría ordenado que tanto el diseño como los materiales de cada una de las 27 plantas sean diferentes.

El vecindario es un corrillo de opiniones sobre el hogar de los Ambani. A unos les preocupa el ruido que provocarán los helicópteros y otros se preguntan por qué es necesario una casa tan grande para albergar a una familia de sólo cinco miembros.

Cuando el periódico Mumbai Mirror publicó su diseño a toda página, los articulistas de la versión en Internet se preguntaban por qué dedicaba el industrial una parte tan importante de su riqueza a este proyecto cuando en su país natal, la India, hay tanta gente sumida en la pobreza.

Un colaborador de la web escribió que "es una verdadera vergüenza que la gente culta y rica de nuestra gran nación no piense en otra cosa que en elevarse a sí mismos a mayores alturas, en lugar de considerar las necesidades básicas de tantas personas necesitadas. No alcanzo a entender por qué es tan importante para usted gastarse tanto en su vivienda cuando hay tanto que podría hacer para los pobres de este país".

La sombra de la corrupción
Otros incluso se cuestionan el derecho de Mukesh Ambani a ocupar el terreno sobre el que se está levantando el polémico edificio. En una demanda que ha llegado hasta el Tribunal Supremo de Bombay, se argumenta que el solar, antes ocupado por un orfanato musulmán, fue concedido indebidamente al magnate en el año 2002 por las autoridades locales.

Pero el señor Ambani no va a dejar que nada se interponga entre él y la construcción de su casa, que vendría a satisfacer su viejo anhelo de poseer una "vista completa del mar Arábigo". El terco empresario, que también posee el equipo de críquet de la ciudad, no suele echarse atrás ante ningún desafío, ya provenga de la competencia o de su propia familia.

Justo antes del verano se enzarzó junto a su hermano Anil en una pelea sobre la fusión prevista entre la compañía de éste, Reliance Communications, y la sudafricana MTN.

Mukesh argumentaba que si la compañía de su hermano iba a vender una participación tan importante estaba obligada legalmente a ofrecérsela primero a él. Anil, un elegante pero austero vegetariano que no fuma ni bebe y que sale a correr casi todas las mañanas por el paseo marítimo de Bombay, respondió en una declaración que la sugerencia de su hermano era "legal y objetivamente insostenible".

Una relación fraternal complicada
No era la primera vez que Anil y Mukesh se mostraban en desacuerdo con un arrebato tan poco fraternal. Los dos hermanos, que heredaron la fortuna de su difunto padre, Dhirajlal, un antiguo director de gasolinera en Yemén que levantó un imperio corporativo a partir de la fabricación de fibras sintéticas en la India, han mantenido una relación difícil y competitiva desde la muerte de su progenitor en el año 2002, lo que finalmente les llevó a dividir entre ellos el suculento negocio.

Anil encabeza un imperio con el que está diversificando los habituales campos de interés de la familia, mientras que su hermano mayor sigue centrado en el sector petroquímico, con cada vez mayores intereses en la prospección, extracción y distribución de petróleo y gas, pero sin olvidar la marca textil Vimal con la que se hicieron millonarios.

Enemigos o no, son la familia más adinerada del mundo, superando incluso a los dueños de Wal-Mart, los Walton.

Mukesh, por cierto, está empeñado desde hace dos años en crear el Wal-Mart indio, mientras el original norteamericano se enfrenta a todo tipo de trabas legales para entrar en el país.


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