Hubo un tiempo no muy lejano en que al Sporting se le consideraba un equipo empeñado en alfombrar las victorias del Barcelona con onces plagados de suplentes. Un entreguismo que adulteraba la Liga porque al parecer había calado entre el resto de rivales. Así que debieron ser precisamente los chicos de Preciado, no se sabe si titulares o reservas, qué más da, quienes revitalizaran esa competición tan 'tramposa'. Fue con un empate en El Molinón ante el líder, basado en un descomunal esfuerzo físico, un temprano gol de Barral y el apoyo de la grada. También en la casi nula inspiración azulgrana, donde sólo la vaselina de Villa evitó catástrofes mayores. [Narración y estadísticas (1-1)]
En Gijón se truncó la racha de 16 triunfos consecutivos del Barcelona en Liga, de nuevo abierta a la espera de la visita del Madrid a Cornellá. Un resquicio de luz para el campeonato y una pista para el porvenir de Guardiola, que reservó a Pedro, Busquets y Abidal ante la inminencia de la Champions. No existió el Barcelona en el primer tiempo y debió conformarse con un punto. El resto, el honrado sudor y las toneladas de emoción en cada refriega, fue patrimonio del Sporting, que trabó el partido sin recurrir a la violencia, como sugieren ciertos gurús.
Correr, correr y volver a correr
Antes del descanso, el Sporting apenas llegó al 30% de la posesión y se limitó a cinco faltas. Sin embargo, lo hizo todo perfecto y bien que mereció el 1-0, al cuarto de hora, fruto de una potentísima diagonal de Barral desde la izquierda. Su humilde propuesta fue juntarse y emplearse al límite en cada refriega. Un trabajo de cíclope que abortó el juego azulgrana, limitado a una simplona circulación por el centro. Sólo Iniesta, con dos disparos desde la izquierda, creó inquietud en Cuéllar durante el primer tiempo. Sin ritmo de balón, desconectado Messi, todo lo demás fue impotencia.
No funcionó en absoluto la primera titularidad de Afellay, sin influencia en el perfil derecho, para tranquilidad de José Ángel. Las ayudas de André Castro y Nacho Cases, pareja debutante en el mediocentro, y las aventuras de Miguel de las Cuevas, hacían feliz al estadio, al que algunos llaman El Templo. Hasta el final, sólo había que seguir corriendo e implorar el perdón divino de Messi. No poca cosa, por cierto.
Sin embargo, por una vez en ni se sabe el tiempo, Leo pareció un delantero de carne mortal. Tres días después del amistoso en Ginebra, tropezó más de lo conveniente y se quedó seco ante Cuéllar. Sólo dejó un par de paredes con Xavi y dos zurdazos al comienzo del segundo acto, coincidentes ambos con los mejores minutos del Barça. El portero atajó un disparo a bocajarro de Xavi e interpuso el pecho en otro de Alves.
La última, de Pedro
Superado el trance a duras penas, siguió afanándose el Sporting, metidito atrás y sin más recurso que el pelotazo. Algo le ayudó la novedad de Canella por la izquierda. También la incipiente desesperación de un líder invicto desde el pasado 11 de septiembre. Cuando más se retorcía el bigote Preciado, llegó de la nada el 1-1, fruto de la salida en falso de Cuéllar y el distinguido toque de Villa.
Con 10 minutos por delante, el Sporting se miraba frente a frente con el horror al vacío. Cada vez más fatigado, expuesto a cualquier genialidad del rival, la derrota no parecía una injusta quimera. Guardiola prescindió de Iniesta para recurrir a Bojan, aunque sólo Pedro rozó el milagro con un remate en plancha en el segundo palo tras preciso envío de Alves. En el fondo, por primera vez en mucho tiempo, el campeón daba por bueno el reparto. Si algún culé o madridista esperaba palmaditas en la espalda en Gijón, apañado iba. Las mentiras siempre tienen las patas cortas.
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