domingo, 8 de septiembre de 2013

Personajes con Seny....

Eduardo Punset: "Los amigos y la familia son mejores que cualquier fármaco"


 Ana Tagarro - XL Semanal
Punset se ha lanzado a escribir ficción. Una novela científica, eso sí. No podía ser de otra forma. 'Apadrina' también el primer libro de su hija Carolina, política y ecologista.primir
Un hombre sabio y una joven ávida por aprender nos conducen por los grandes hallazgos científicos. Punset les ha dado vida y ha dejado parte de la suya en ellos. «Porque la realidad siempre supera la ficción. Pero la ficción, a menudo, es tan solo la cara oculta de la realidad».
Así es 'el sueño de Alicia', la primera incursión en la novela de Punset, que la editorial Destino pone a la venta el 17 de septiembre. Poco después de tomarse las fotografías de este reportaje, Eduardo se sintió indispuesto y tuvo que ser hospitalizado. Un proceso viral. Le debieron de sentar mal las vacaciones a alguien acostumbrado a no parar. Se ríe. «Sí, eso debe de ser». Se le nota cansado, pero eso no afecta un ápice a su entusiasmo con su nuevo libro; como si fuera el primero.
XLSemanal. ¿Por qué se ha pasado a la ficción?
Eduardo Punset. Porque es una forma de 'revelación' para el lector. Es bueno recurrir a ella cuando se quieren explicar determinados asuntos que tienen que ver con la vida íntima de una persona. Hay muchos buenos ejemplos de novela histórica, pero no los hay de novela científica, entre otras cosas porque la ficción estaba demasiado alejada de la comunidad científica, casi por definición. Pero creo que hay una necesidad de novela científica. Y he escrito una.
XL. Es la suya una novela científica que, en todo momento, defiende la intuición como medio de conocimiento tanto como la razón. Tampoco me parece que eso esté muy bien visto en la comunidad científica...
E.P. Pero es así. La neurociencia ha demostrado que la intuición es una herramienta cognitiva tan válida como la razón. La gran sorpresa del mundo actual es descubrir que el inconsciente, al que tanto se había postergado y condenado, encierra la mayor parte de los secretos del consciente. Lo que cuenta de verdad es el inconsciente. Lo que pasa es que no controlamos los medios para poder analizarlo bien. Pero lo que sí sabemos es que su incidencia es tremenda. Ahora bien, eso no significa que no haga falta una preparación consciente para entenderlo. Al contrario. Hace falta un cierto aprendizaje para interpretar el inconsciente.
XL. Dice usted que esto es reciente, pero en realidad parece muy antiguo, precientífico, si me lo permite.
E.P. Aceptar la importancia del inconsciente es algo de hace diez años. Bueno, en realidad empezó con Freud. Solo que a Freud no se le hizo caso porque estaba equivocado en la mayoría de sus conclusiones. Pero lo que es evidente, y ya lo dijo él, es la importancia del inconsciente. Luego ha habido que pulir esa afirmación, claro.
XL. En su libro vuelve a insistir en la importancia de la infancia y el aprendizaje...
E.P. La casi totalidad de los neurólogos admiten ya que lo genético puede evolucionar de manera diferente a como se espera. Es decir, que se puede alterar a través de la experiencia, de las vivencias y, en especial, de las que tenemos en nuestros primeros años de vida. La experiencia individual puede incidir en el comportamiento genético. Eso no se creía antes. Ahora se sabe. Es verdad que estamos sujetos a lo genético, pero solo hasta cierto punto.
XL. O sea, que somos dueños de nuestro destino.
E.P. Yo diría que somos dueños de nuestro destino por el poder de la inteligencia emocional recién descubierta.
XL. Esa es una de sus grandes y constantes reivindicaciones: el aprendizaje emocional. La otra, de nuevo presente en su libro, es su defensa de la incertidumbre.
E.P. Una de las cosas que más me han influido han sido los planteamientos de los físicos cuánticos de comienzos del siglo XX. Ellos fueron los primeros que asentaron cierta incertidumbre respecto a los grandes postulados, cuestionando la divulgación científica. Desde los físicos cuánticos no se puede andar por el mundo diciendo 'a' es 'a' y 'b' es 'b'. Ya es hora de renunciar al dogmatismo y aceptar el principio de incertidumbre como práctica cotidiana.
XL. Otra de sus grandes afirmaciones, de sus 'mandamientos', como los llama, es la siguiente: «Es mejor un amigo que un fármaco».
E.P. Eso es así. Lo son. Mi generación, tengo 77 años, creo [ríe], es una generación que ha estado obcecada por sobrevivir. Nace con la Guerra Civil, vive sus estragos... no ha tenido la oportunidad de dejarse influir suficientemente por la familia, por los amigos. Lo que contaba era el trabajo, la ideología... y una de las grandes contribuciones de la psicología moderna a la vida actual es justamente poner de manifiesto la importancia del amigo o de la amiga, de ese tipo de relación.
XL. ¿Hasta el punto de decir que son determinantes en la salud emocional, que los amigos pueden 'curar'?
E.P. Claro. Somos seres sociales por naturaleza, necesitamos la compañía y el afecto de los demás para sentirnos bien. Las relaciones satisfactorias nos hacen sentirnos felices.
XL. Sin embargo, se critica mucho que ahora los vínculos familiares o amistosos son más débiles. Son muy numerosos, gracias a las redes sociales, pero efímeros.
E.P. Yo no creo que eso sea así. Eso lo dicen por criticar las redes sociales... ¡pero si no se sabe nada todavía sobre las redes sociales! Estamos al principio de ese impacto. Es un campo que está en plena formación. Pero estoy seguro de que será positivo.
XL. Usted siempre tan optimista, convencido de que cualquier tiempo pasado fue peor, ¿no?
E.P. Por supuesto. Mira, la esperanza de vida sigue aumentando desde el siglo pasado dos años y medio cada década. No lo celebramos nunca, pero deberíamos.
XL. Su hija Carolina se ha unido al clan familiar de divulgadores y publica ahora un libro.
E.P. Es fantástico. Hasta ahora hemos estado acostumbrados a que el ecologismo era un tema ideológico y solo se podía ser ecologista desde el mundo de la izquierda. Y Carolina ha demostrado en la práctica que es algo abierto a todo el mundo, que es tan importante que no puede atribuirse a unos u otros. Y lo cuenta muy bien. Conciliando entretenimiento y conocimiento, que, como siempre digo, en el trabajo o en la política es la única forma de innovar y ser productivos.
XL. Los protagonistas de su novela se definen por su curiosidad, sus ganas de aprender. ¿Un mensaje a los jóvenes?
E.P. Muchos jóvenes creen que lo importante es descubrir su elemento, lo que les gusta. Y sí, eso es importante, pero lo es más llegar a controlar ese elemento. Esa es la gran aportación de Ken Robinson, posiblemente el mejor educando que existe hoy. De lo que se trata es de profundizar en el conocimiento, de llegar a controlar nuestro elemento mediante el esfuerzo. Para ello hay que estimular el talento, la creatividad, dejar de jerarquizar las competencias de forma que siempre la física puntúe más que la danza. Depende. Esa es la verdadera reforma pendiente del sistema educativo.
XL. Leo en su libro una afirmación que puede ser polémica: «Solo se consideró la prohibición de las drogas, no los beneficios». ¿Es una defensa de la legalización de las drogas?
E.P. Mi explicación es puramente científica. No entro en la conveniencia de su legalización o no, aunque se podría hablar, sino en la conveniencia de su investigación. David Nutt, que fue presidente del Comité Científico sobre Drogas del Reino Unido, que asesoró al gobierno sobre las leyes, tenía toda la razón. La sigue teniendo, pero no le hicieron caso. Él decía que las drogas actúan sobre sustancias químicas que ya están en nuestro cerebro. La heroína imita a la endorfinas, la cocaína libera dopamina, el cannabis imita a la anandamida... Lo que él quería era que se investigasen esas drogas porque, por ejemplo, el éxtasis podía ser útil con el estrés crónico; la psilocibina, con las migrañas; y el LSD, con los pacientes moribundos, para ayudarlos a enfrentarse a la muerte. Y todo eso debería considerarse. Eso digo.
XL. Por cierto, en este libro hay una reflexión interesante sobre la muerte.
E.P. La cuestión es hasta qué punto se ha sopesado la importancia de la muerte con relación a la pervivencia de lo genético. La genética está llena de milagros permanentes. Y son los que me embargan. La muerte propiamente dicha no tiene contenido, no es muy interesante.
XL. Cuando habla de la pervivencia de lo genético, se refiere a que la vida continúa, aunque uno se muera, ¿no?
E.P. Claro. Es que aquí se ha producido un error: dar una importancia exagerada a la muerte con relación a la permanencia de la Vida, con mayúscula, que es la que importa, no tanto la vida de uno mismo...
XL. ¿Cree usted en el más allá?
E.P. Yo creo en el más acá.
Carolina Punset: "La ecología no es de izquierdas, es de todos"
Abogada de formación, es ahora política y ecologista y está absolutamente convencida de las bondades de ambas actividades. Lo que, en los tiempos que corren, no es fácil. Pero ella lo tiene claro y por eso ha escrito el libro No importa de dónde vienes, sino adónde vas (editorial Espasa).
«Yo siempre quise hacer política. Me puede su lado bueno, es lo que te permite alimentar un idealismo tenaz, casi utópico, que te hace pensar que puedes cambiar las cosas». Esa máxima que rige su vida es también el optimista y estimulante eje de su libro: «No hay que abandonar la ambición de transformar el mundo». Pero Carolina Punset va incluso más allá cuando afirma: «Se gobierna para hacer más felices a los ciudadanos». ¿De verdad cree que los gobernantes tienen eso en mente cuando ejercen? Todos no, es evidente, pero eso es lo que debería ser y lo que algunos, como ella, hacen.
Desde 2006 lidera en Altea (Alicante) una plataforma ciudadana ecologista independiente. Ha participado en el equipo de gobierno del Ayuntamiento como concejala de Agricultura, Sanidad, Participación Ciudadana y Urbanismo. Lo ha hecho pactando con quien fuese necesario, en un principio el PSOE, luego el PP. «Es fundamental ser pragmático. Se deben pedir reformas radicales, pero deben ser abordables en la práctica y financiables. Cuando lo que se pide son utopías irrealizables, se deslegitima la participación ciudadana».
Su objetivo es que la ecología deje de verse como una cuestión de izquierdas. Defiende la ecología política como una alternativa real a los partidos clásicos, al margen de siglas. «Confundir lo verde con lo rojo es daltonismo político». Cree que la defensa de la naturaleza es algo tan importante, tan básico, que tiene que estar por encima de partidos y de ideologías. Para ello reivindica la acción local e independiente de los ciudadanos. «El debate político se ha abreviado de tal manera que ha quedado reducido a unos pocos lemas de campaña. Básicamente, todos estamos condenados a ser de un bando o del contrario, del Barça o del Madrid, rojos o fachas; todos, borregos de un rebaño. Pero el libre pensamiento, el espíritu crítico, la opinión propia son incompatibles con la pertenencia a un rebaño». Sabe que no es fácil: «En nuestro país, la independencia no se tolera bien y siempre se andan buscando razones ocultas para denostarla».


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