La bomba de relojería de la Sareb ha terminado estallando. El director general,Walter de Luna, y el director de activos financieros, Luis Moreno, no aguantan más. Los números dos y cinco de la cúpula directiva del 'banco malo' abandonarán en breve la entidad, según varias fuentes conocedoras de la situación. Su salida obedece a las profundas discrepancias que mantienen con la presidenta, Belén Romana, que ha derivado en una situación insostenible. Ahora la entidad se enfrenta a un grave problema de imagen en plena recuperación del apetito por España de los inversores internacionales. Y los grandes bancos presentes en el consejo de la misma no tendrán más remedio que tomar cartas en el asunto.
Las tensiones entre la presidenta, con un marcado rol político, y el número dos de la sociedad, procedente del sector financiero, han sido constantes casi desde su nacimiento, aunque alcanzaron su máxima temperatura el verano pasado, como informó El Confidencial. Entonces, la intercesión del Ejecutivo logró que la sangre no llegara al río, pero sólo por cuestión de meses. Todo tiene un límite y el cierre del ejercicio ha provocado un clima irrespirable que ha forzado la salida de Walter De Luna y de Luis Moreno, que han preferido irse a su casa antes de continuar bajo las órdenes de Romana. Tan sólo se han respetado las formas hasta elegir a los sustitutos, de manera que no se genere un vacío de poder.
Walter de Luna fue propuesto por los bancos (propietarios de un 51% del capital de la Sareb) como contrapeso a Belén Romana, una mujer de claro perfil político, amiga personal del ministro Luis de Guindos y con una formación estrictamente financiera (fue directora general del Tesoro conRodrigo Rato), pero sin pasado en el negocio inmobiliario. El director general, en cambio, aportaba su experiencia como histórico gestor de fondos inmobiliarios de ING en el mercado español, al igual que el resto del equipo gestor que elegió para formar parte de la Sareb, como Miguel Garicano, también procedente de ING, que abandonó su cargo como director de Procesos y Reporting de la Sareb en julio de 2013.
 La presidenta de Sareb, Belén Romana. (EFE)La presidenta de Sareb, Belén Romana. (EFE)La prematura salida de Garicano, sólo siete meses después de su incorporación, ya estuvo a punto de romper la estructura directiva de la Sareb. La bicefalia existente se reveló imposible por el afán de control absoluto de Romana, que ha cuestionado desde el principio las decisiones profesionales de De Luna e inclusó dio marcha atrás en algunas de ellas. Por ejemplo, encargó en febrero a KPMG un nuevo plan de negocio en vez del elaborado por Álvarez & Marsal, igual que hizo en junio al tumbar la política más conservadora adoptada y apostó por aplicar mayores descuentos en los precios respecto a los establecidos. Al final, el banco malo cerró su primer ejercicio con ventas por más de 1.000 millones de euros.
Cada vez más, estos episodios hicieron insostenible la relación entre Walter de Luna y las personas a su cargo. En ese sentido, la marcha de Garicano supuso un punto de inflexión que dejó roto cualquier posible reconciliación. Fue entonces cuando Romana, tras considerarlo con algunos de los accionistas de referencia, puso en marcha un restringido proceso de selección para fichar a un nuevo número dos de la Sareb. Esta vez, sin embargo, ella misma se encargará de dar el visto bueno final y cerciorarse de que su futura mano derecha dentro del 'banco malo' obedece al perfil que requiere. No en vano, el nombre de la persona seleccionada se conocerá en breve, según fuentes financieras.
Oficialmente, desde la Sareb se mantiene un silencio administrativo al respecto. Sin embargo, fuentes próximas al consejo de administración aseguran que la incompatibilidad entre Romana y De Luna ha llegado hasta las cuestiones más formales de relación. "Walter es una persona muy tranquila, que se toma las cosas con calma, con visión de largo plazo, mientras que Belén es todo lo contrario, un carácter muy dominante, sin ninguna empatía con su equipo o con el consejo, proclive a dar órdenes y a imponer su criterio a todo el mundo". En este contexto, era sólo cuestión de tiempo que todo saltara por los aires. Además de diferencias profesionales, la incompatibilidad de caracteres era manifiesta.