jueves, 8 de enero de 2015

Asturias Demográfica ( 2 )

El Occidente se desangra...
El declive demográfico se ceba en los últimos 20 años con los concejos del Oeste asturiano // Pesoz pierde el 46% de sus vecinos
Ángel Falcón
El Occidente se desangra a un ritmo constante. Los concejos del Oeste asturiano encabezan la última estadística publicada por SADEI sobre población, en la que analiza los cambios experimentados en los últimos 20 años en Asturias. El diagnóstico era previsible, pero las cifras certifican que nueve de los diez concejos que registran porcentualmente una mayor caída poblacional se encuentran allí. En términos absolutos, las Cuencas presentan los descensos más acusados en un fenómeno sociológico que está siendo muy estudiado.
Pesoz, Illano, Boal, Belmonte, Ibias, Villayón. Es el ránking de los municipios más castigados por el éxodo de población, al que se une la baja natalidad y la alta mortalidad. Una bomba de neutrones que trae como consecuencia un desplome demográfico que en el caso de Pesoz alcanza una pérdida del 46% de población en 20 años. Illano (45%) y Boal (41%) tampoco le van a la zaga. Peñamellera Alta es el único de los concejos del Oriente que se mete en el ‘top ten’ de los municipios más afectados. A ellos hay que unir también Grandas de Salime, Santo Adriano, Degaña y Allande. Todos acumulan caídas por encima del 30% de población, una cifra insostenible a largo plazo.
Mieres y Langreo han perdido juntos 22.000 habitantes
En términos absolutos, los grandes concejos mineros son las grandes perjudicados. Mieres pierde 12.300 habitantes y Langreo cae en 9.600. A continuación aparecen San Martín (-6.100), Aller (-5.500), Cangas del Narcea (-5.200) y Tineo (4.200). Lena y Laviana resisten mejor el declive demográfico. Caso aparte es Avilés, con un descenso de casi 7.000 personas hasta llegar al actual censo de 81.600 habitantes. Por comarcas, la del Narcea acumula la mayor caída (-29%), seguida de Caudal (-24%) Eo-Navia (-20%), Nalón (-18%) y Oriente (-11%)
La economía puede explicar todos esos movimientos poblacionales. Especialmente en una región que vivió en las últimas décadas una triple reconversión: industrial, minera y agroganadera. Si el Oriente ha conseguido mayor rentabilidad económica al sector turístico (apoyado en unas mejores comunicaciones) y ha podido atenuar el proceso, el Occidente aún no ha encontrado la tecla. La desaparición de la minería y el insignificante efecto de los fondos mineros para transformar las comarcas son claves para interpretar la sangría demográfica de las cuencas. En conjunto, concejos en los que no hay oportunidades para fijar población, con el empleo como principal punto de fuga.

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