domingo, 10 de enero de 2010

El Gilitodólar...

En poco se llamará, Chindólar.

El vínculo entre el petróleo y el dólar se resquebraja

La actual posición hegemónica del dólar como moneda de referencia en el comercio del petróleo va a debilitarse a lo largo de los próximos años, reflejando el creciente peso de la Unión Europea y China como segundo y tercer consumidores mundiales y la solvencia de sus respectivas divisas | Aunque Estados Unidos es el primer consumidor, el mayor peso de la UE y China erosiona al dólar

MARIANO MARZO | Barcelona | 09/01/2010 | Actualizada a las 00:05h | Economía
A principios de octubre, The Independent publicaba que los países del Golfo se habían reunido en secreto con China y Francia para analizar la posible sustitución del dólar estadounidense como moneda de referencia en el comercio mundial de petróleo. La afirmación fue rápidamente desmentida por todas las partes implicadas. Sin embargo, la noticia no pasó desapercibida en los mercados, que reaccionaron con una caída del valor del dólar frente a otras divisas, como el yen y el euro, así como frente al oro.

La idea de sustituir el dólar por una cesta de divisas en las transacciones comerciales de petróleo puede resultar impracticable por el momento –incluso durante el periodo de nueve años a los que aludía la noticia comentada–, pero los inversores, analistas y ejecutivos de la industria petrolera han empezado ya a preguntarse por cuánto tiempo conservará el dólar su actual posición de primacía absoluta.

Este tema preocupa al Gobierno de EE.UU. El petróleo es el producto básico más importante comercializado internacionalmente y cualquier pérdida de influencia del dólar tendría un innegable efecto político, pues podría ser interpretado como un síntoma visible de la disminución del poder de EE.UU.

El sistema actual de fijación de precios del petróleo se remonta a una época de incontestable supremacía de EE.UU. Según datos de BP, en 1965 producía el 28% del crudo mundial, un porcentaje mayor que el de todo Oriente Medio. Asimismo, consumía el 37% de la producción mundial, siete veces más que Alemania o Japón. En estas circunstancias, habría sido absurdo que la fijación de los precios del petróleo no se hiciera en dólares; pero las mismas fuentes estadísticas revelan que en el 2008 el panorama había cambiado sustancialmente. EE.UU. sigue siendo el mayor consumidor mundial, con un 23%, pero sus rivales más cercanos han ganado terreno: la zona euro contabiliza el 13% y China el 10%. Y, por otra parte, la contribución de EE.UU. a la producción mundial ha caído al 8%, por detrás de Arabia Saudí y Rusia.

Todo apunta a que no pasará mucho tiempo antes de que este nuevo mapa de la producción y el consumo se traduzcan en una presión por parte de los productores para que el comercio se efectúe en otras monedas, además del dólar. Si esto sucediera, la economía de EE.UU. se resentiría negativamente. La caída de la demanda de dólares presionaría a la baja la divisa y los bienes importados serían más caros para las empresas y los ciudadanos, incluyendo, claro está, al crudo. Por otro lado, los países productores de petróleo tampoco se sentirían muy motivados a comprar productos de EE.UU., debido a que sus reservas ya no estarían sólo repletas de dólares.

Conscientes de la nueva situación, muchos analistas se muestran convencidos de que más pronto que tarde los acuerdos petroleros entre OrienteMedio y China se llevarán a cabo en yuanes en vez de en dólares.

Los planes del Gobierno chino para internacionalizar el yuan dieron un significativo paso adelante en septiembre, cuando el país utilizó su propia moneda para aportar el equivalente a 50.000 millones de dólares al fondo de emergencia del FMI, lo que significa la introducción de yuanes por primera vez en las tesorerías de los bancos centrales de todo el mundo. En cualquier caso, más allá de la voluntad política de dar visibilidad y de hacer un hueco al yuan en el mercado del petróleo, China sabe que debe gestionar conmucha habilidad los tiempos. A fin de cuentas, como titular de las reservas de dólares más grande del mundo (alrededor de 1,2 billones), lo último que desea es que esta divisa se devalúe.

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