España sigue siendo el polvorín de Europa
10.11.2010 Richard Barley 1
Irlanda parece haber perdido la confianza de los mercados y, a raíz del último incremento de la rentabilidad de sus bonos, Portugal va por el mismo camino. Cabe preguntarse si las autoridades pueden aislar a España de la crisis.
Aunque el programa de rescate extraordinario de la eurozona puede hacer frente a los 117.000 millones de euros de financiación que, según HSBC, necesitarían Irlanda y Portugal de aquí a 2013, tendría dificultades en suministrar los 351.000 millones de euros que necesitaría España sin que el resto de la eurozona quede dañada. Por el momento, el efecto contagio parece estar contenido, pero el destino de España depende tanto de Berlín como de Madrid.
Hasta ahora, las oscilaciones en la rentabilidad de la deuda española han sido relativamente moderadas. Desde la última colocación de deuda importante, a mediados de octubre, el diferencial a diez años ha aumentado 0,4 puntos porcentuales hasta el 4,4%. En cambio, los bonos a diez años de Irlanda y Portugal han subido 1,8 y 1,2 puntos porcentuales respectivamente. Según algunos indicadores, las perspectivas de España, de hecho, están mejorando. En 2010 debería cumplir su objetivo de déficit presupuestario, situado en el 9,3%. Además, ha aprobado unos presupuestos para reducir hasta el 6% el déficit del PIB en 2011.
En los últimos meses, los bancos del país han reducido su dependencia de las ayudas del Banco de España. Aun así, la recuperación es tremendamente lenta; de hecho, podría estancarse en el tercer trimestre, después de haber registrado un crecimiento de entre el 0,1% y el 0,2% en los dos trimestres anteriores. Eso ha elevado las dudas sobre el objetivo del 1,3% para 2011, fundamental para reducir el déficit. Berlín sigue desempeñando un papel fundamental en las esperanzas de España de salir de la recesión. Las demandas alemanas para la creación de un nuevo mecanismo de reestructuración de la deuda soberana para la eurozona, en el que los tenedores de bonos privados se responsabilizarían de parte de las pérdidas, han provocado la inquietud de los inversores.
Aunque se tarden años en poner en práctica estas propuestas, el mero hecho de mencionarlas ya ha provocado un aumento de los costes de financiación de la deuda. Éste no es un proceso que responda a una lógica: de la noche a la mañana, la confianza de los inversores se desmorona, como ocurrió en Grecia. De hecho, son estos temores, más que la evolución de los propios países, los que explican la pérdida de confianza en Irlanda y Portugal. Al igual que las autoridades, los inversores deberían vigilar de cerca la rentabilidad de los bonos españoles. Si sigue aumentando, será difícil de contener.
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