miércoles, 23 de noviembre de 2011

Un época tristísima.....


PENSAMIENTO | Presentación

Intelectual: (adj.) Que denota pesadumbre

  • Jordi Gracia critica el prestigio cultural del pesimismo en su nuevo ensayo
Fotografía: Efe
Fotografía: Efe
Las razones para inquietarse por el estado de la cultura sobran. Desde las ineficacias del Plan Bolonia o la pérdida de nivel académico de muchas casas de estudio, a la proliferación de la zafiedad en la mayoría de las manifestaciones de la industria cultural. Desde la dudosa calidad literaria de mucho de lo que se publica y, más aún, de lo que se lee, hasta la confusión y el desconcierto que siembran la red y las nuevas tecnologías en un acelerado cambio de paradigma digital. Pero de allí a diagnosticar sin más la bancarrota de la cultura occidental para quedarse cruzado de brazos al amparo de los versos de Jorge Manrique hay un abismo.
Abismo contra el que se rebela el catedrático y crítico literario Jordi Gracia (Barcelona, 1965) desde el convencimiento de que en temas culturales la melancolía es una perniciosa impostura porque el lema es justamente el contrario: cualquier tiempo pasado fue peor. "No soy tan miope como para no ver las transformaciones cruciales del presente, pero si en verdad estamos frente al abismo tampoco, se trata de remar a favor", aclara.
Y ese diagnóstico catastrofista harto repetido en los últimos años es contra el que dispara con inusual virulencia en su último trabajo: 'El intelectual melancólico' (Anagrama), un contundente ensayo breve que lleva el subtítulo de 'Un panfleto', aunque en rigor cabría hablar de una diatriba. No en vano, "el origen de la obra está en la irritación que siento frente a la proliferación de discursos sobre el descalabro y la desjerarquización de la vida cultural", explica.
El blanco de Gracia es una tipología de intelectual muy precisa, la del nostálgico que ha caído en un "reaccionarismo post progresista" porque "frente a la sensación de caos y desorden que le provoca el presente, opta por la descalificación general". "El problema más grave es que el intelectual melancólico deroga el presente y veta el camino para una crítica fértil y enriquecedora", señala el autor de 'La resistencia silenciosa, Fascismo y cultura en España'. Para Gracia, la del melancólico no es más que "una confesión de impotencia". "Su manera de acercarse al presente es defensiva", explica, "se siente hostigado o atacado por lo nuevo simplemente porque no lo conoce". "Falto ya de energía, de rigor o de autoexigencia para emitir un diagnóstico sobre el presente, porque el presente te obliga a reeducarte, recurre a una proyección sentimental", añade. Proyección en la que intervienen "el resentimiento", "las heridas narcisistas" y la cerrazón.
Aunque Gracia tiene la delicadez o la elegancia, según cómo se mire, de no dar ningún nombre propio, las referencias a la obra 'Adiós a la universidad. El eclipsis de las humanidades', de su compañero catedrático Jordi Llovet, pueden ser evidentes para el lector suspicaz. Incluso puede especularse con otros nombres como posibles blancos de una inminente polémica: Rafael Argullol, Arcadi Espada, Miquel de Palol... "Cada lector hará su propia lista de intelectuales melancólicos, yo no quiero ser cómplice de ese juego", zanja el autor.
Sin embargo, Gracia reconoce la mayor: "Es cierto que en la obra de Llovet encontré un estímulo para escribir sobre una tipología de intelectual muy extendida". Pero "no se trata de una batalla entre profesores universitarios", matiza, sino que va mucho más allá, porque "esa percepción catastrofista del presente abarca al estado cultural del Occidente", señala.
El "enfado" de Gracia lo provoca no sólo "el prestigio de la melancolía", sino "la resonancia social de este discurso y la atracción morbosa que genera en los medios", dice. "En este libro destilo 25 años de desesperación frente a los discursos apocalípticos", enfatiza. Y si ese mensaje alarmista es del todo falso: "Nunca ha habido como ahora tantos indicios institucionales, sociales o literarios que permitan ver con satisfacción lo que ha ocurrido en la vida cultural española de los últimos 30 años", afirma; el prestigio melancólico lleva irremediablemente a la autocompasión, al inmovilismo y a la ineficacia e inutilidad de cualquier crítica.
Gracia no niega que la acelerada "transformación del presente afecta, sobre todo, a las Humanidades y probablemente asistimos a una adaptación de los saberes humanistas", pero no hay por ello razones claras para el pesimismo ni para leer esas mutaciones en clave apocalíptica. "Con la digitalización de materiales y herramientas, la circulación de saberes y accesibilidad de textos, no estamos peor que ayer, sino mejor preparados", explica. Pero sucede que cierta "elite intelectual" no ve con buenos ojos "la masificación de la formación y del consumo cultural". De allí su "deriva final", en las últimas páginas del panfleto, "a una defensa categórica de la socialdemocracia", añade.
Defensa que sin embargo no invalida la crítica, sino que es su condición de posibilidad. "En ningún momento este panfleto se siente solidario de una perspectiva conformista o aduladora del presente", aclara. Pero lo que sí exige es "un cambio de actitud" del intelectual melancólico. Diatriba sarcástica y por momentos cruel con la que el autor ha procurado blindarse a su vez de ese excesivo pesimismo que obnubila a muchos de sus colegas. "He querido conjurar en mí el riesgo de la melancolía como una patología moral e intelectual de la senectud, ser víctima yo mismo de esa flaqueza", concluye.

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