miércoles, 30 de noviembre de 2011

Un Picasso en plenitud.....


Última cita con Picasso antes de la Guerra Civil

El pintor impulsó en 1936 desde París una muestra itinerante de su obra

J. M. MARTÍ FONT - Barcelona - 30/11/2011 

Eran tiempos agitados... en todos los sentidos. El 13 de enero de 1936 se inauguró en Barcelona una exposición de Pablo Picasso compuesta por 25 obras realizadas entre 1908 y 1935, que incluía pinturas, pasteles, acuarelas y papier-collés. Era un conjunto extraordinario que había seleccionado el propio artista, que ya llevaba tres décadas viviendo en París y quería que su obra se conociera en España. La mayoría de las piezas eran de su propiedad y el resto de coleccionistas de su entorno, como el galerista Pierre Löeb -que jugó un papel determinante pues fue en su local donde se reunieron las obras-, Maurice Raynal, Tristan Tzara, Christian Zervos y Marie Cuttoli.

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      La exposición, organizada por la muy activa asociación de Amigos del Arte Nuevo (ADLAN), viajó a Bilbao en febrero y a Madrid en marzo. Se intentó que llegara también a Málaga y Tenerife, pero no fue posible. Luego volvió a París sin que se hubiera vendido ni una sola pieza. Reconstruirla sería ahora imposible; de alguna tela incluso se desconoce su paradero. Lo que sí es posible es buscar las trazas que dejó. Esto es lo que ha hecho ahora el Museo Picasso de Barcelona en la muestra titulada Picasso 1939, las huellas de una exposición, que recoge todas las pistas que dejó aquel evento, aunque no estén los cuadros.
      Fue la sala Esteve de la capital catalana la escogida para acoger la controvertida y polémica obra del genio malagueño. Era una nueva galería que apostaba por las vanguardias. El nieto de uno de los propietarios, Claudio Hoyos, ha conservado el fondo documental de aquella muestra, adquirido recientemente por el Museo Picasso. Con ese material ha sido posible reconstruir una especie de making of de la exposición de 1936, así como de sus repercusiones en el mundo cultural y social extraordinariamente activo de aquel momento, que pocos meses después sería barrido por el estallido de la Guerra Civil.
      Picasso viajaba entonces a menudo a Barcelona, pero no acudió para la exposición. De hecho ya nunca volvió a pisar España. La presentación la realizó su amigo el poeta Paul Éluard, que pronunció varias conferencias. En Barcelona, el 13 de enero de 1936, se escucharon alocuciones, grabadas en 11 discos, de Jaume Sabartés, Salvador Dalí, Joan Miró, Juli González y Luis Fernández. El acontecimiento fue retransmitido por Radio Barcelona y también por una emisora parisiense, lo que permitió a Picasso seguir el acto en directo.
      Ahora, 75 años más tarde, estos discos, más los catálogos, los recortes de prensa, las facturas de todo tipo, la correspondencia y todo el material que puede llegar a generar una muestra de este tipo ha tomado forma en el Museo Picasso de Barcelona, que junto con una serie de instalaciones multimedia de carácter interactivo permiten reconstruir el momento y sus implicaciones culturales y personales. La muestra, que se podrá ver hasta el 19 de febrero, ha servido también para presentar el nuevo centro de documentación del museo, que le permite asomarse a la plaza trasera de los palacetes de la calle de Montcada. También, como despedida de su director, Pepe Serra, que se hará cargo del Museo Nacional de Arte de Cataluña.

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