Crítica: I due Fígaro, en el Teatro Real
I due Fígaro, de Saverio Mercadante, en el Teatro Real, con dirección escénica de Emilio Sagi y dirección musical de Riccardo Muti.
El interés de Riccardo Muti por la recuperación de obras poco conocidas sin duda ha propiciado su venida a Madrid tras el hallazgo de I due Figaro. Se añade a ello que la pieza es de escuela napolitana, de la que Mercadante es el último representante, y que el gran director es originario de aquella tierra. Además, el compositor representa el eslabón entre Rossini y Verdi. Desde el comienzo nos arrebata una música sublime, como si el embrujo de los ecos españoles (fandango, bolero, etc.) hubiera contagiado al Rossini que entreoímos en el preludio y sobre todo porque la Orquesta Giovanile Luigi Cherubini interpreta esta partitura con rara sensibilidad. Los sobresalientes resultados deben todo a la autoridad de una magistral dirección que extrae una rica gama de matices de cada uno de los compases, ofreciendo un sonido fascinante, arrollador. Su virtuosismo se nota en los acompañamientos, en losconcertati. Es una dirección musical soberbia que obtiene una sonoridad refinada, un timbre camerístico en los momentos más íntimos, para desatarse en otras escenas como al final del primer acto, donde el concertato es una brillante e inolvidable construcción musical. Es una musicalidad que recuerda a Mozart, Bellini, Rossini, pero al mismo tiempo resulta sorprendentemente nueva y fresca. Nacido para la ópera, el maestro es extremadamente atento al detalle, al control individual de los instrumentos y simultáneamente a la dirección de los cantantes, cuyas voces exalta sin permitir que el acompañamiento los sobrepase acústicamente. Bueno el Philharmonia Chor de Viena, pero no superior al Coro Titular del Teatro Real. El elenco de cantantes, todos muy jóvenes, como los orquestales, en general expertos en el belcanto. Destacan Eleonora Buratto que luce también dotes actorales como Susanna, Asude Karayavuz en el papel de la condesa y Antonio Poli como el conde de Almaviva. La dirección escénica de Emilio Sagi nos ofrece un ambiente refinado que recuerda los magníficos montajes goldonianos de Strehler. En los patios andaluces, repletos de flores y naranjos se mueven los cantantes, los figurantes y el coro con un vestuario de tonos pasteles perfectamente adecuado a la época representada sin caer nunca en el tipismo: una dirección impecable con gran sentido de la mesura. El triunfo fue extraordinario con el público en pie aclamando a los cantantes y prorrumpiendo en ovaciones en especial a Riccardo Muti. ¡Una noche redonda e inolvidable! Magda Ruggeri

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