Cortina: «Los partidos políticos tienen que declarar muy bien su fuente de financiación»
MARTA MOREIRA / VALENCIA
Día 09/07/2013 - 02.23h
La escritora y catedrática de ética defiende en su último libro la rentabilidad económica, política y social de la ética para ciudadanos e instituciones
En estos tiempos de desasosiego generalizado y creciente desapego a la instituciones, es más necesario que nunca que los ciudadanos sepamos porqué sigue siendo necesario -acaso más que nunca- adaptar nuestras actuaciones individuales y colectivas a unos principios éticos comúnmente aceptados. Así lo suscribe la catedrática de la Universitat de València Adela Cortina en su último libro, «¿Para qué sirve realmente la ética?» (Paidós).
Apoyándose en mitos clásicos, tradiciones filosóficas y paradigmas sociológicos, Cortina evalúa el «coste de la inmoralidad» de las sociedades contemporáneas y propone fórmulas para «transitar del egoísmo estúpido a la cooperación inteligente».
-Apunta usted que la ética es rentable y abarata costes. Pero ¿cómo se aplica?
-Mi propuesta es que, en lugar de recortar, el ahorro hay que buscarlo en el establecimiento de relaciones de confianza. Si los ciudadanos se pudieran fiar de los políticos, los clientes de los productores, los alumnos de los profesores, y los pacientes de los médicos, se ahorraría muchísimo dinero. También si no hay corrupción y se gestionan bien las cosas, lógicamente. El dinero que queda se debería emplear en lo que de verdad vale la pena (la educación, la sanidad, etcétera), porque es lo que hace que las personas sean felices.
-Esa tesis está en el ADN de la economía del bien común, una corriente que gana fuerza poco a poco en España.
-Sí, aunque es muy similar a la economía social, que en España tiene una tradición muy amplia en las cooperativas universitarias, de consumo o de educación. Es muy interesante la idea de medir la rentabilidad de la empresa no solo desde punto vista monetario, sino también de los valores, y la de tratar de reinvertir de nuevo en la empresa.
-Critica el «triunfo de la razón instrumental» y la confusión entre el valor y el precio de las cosas ¿Nos han ido acercando esas ideas a un modelo de sociedad de siervos y esclavos?
-Una sociedad que solo vive de las mercancías es una sociedad poco inteligente. La gente se cree que es muy lista; cree que sabe cómo comprar e invertir, pero no valora suficientemente a las personas, sino que las instrumentaliza. Cuando la realidad es que hay cosas que valen demasiado como para ponerles ningún precio.
-¿Cómo interpreta el recorte a la ayuda a la dependencia y las pensiones?
-Que los que parece que no pueden dar nada a cambio (que no está tan claro, porque todo el mundo tiene algo que dar) son los excluidos del sistema. Eso es lo más dramático de nuestras sociedades, y es muy peligroso.
-¿Es la incapacidad para afrontar un pago suficiente razón para sacar a una persona de su casa?
-En absoluto. Tiene que estar muy bien estudiado para que no se hagan trampas, pero éticamente no puede justificarse dejar en la calle a una persona que lleva mucho tiempo en su vivienda pagando y a la que se ha suscitado a comprometerse con algo que difícilmente podía cumplir.
Estado del bienestar
-¿El Estado del bienestar es un lujo que ya no podemos permitirnos?
-El estado del bienestar tiene un núcleo social que lo convierte en un estado de justicia, y se caracteriza por la protección de los derechos de los ciudadanos (civiles y políticos, económicos, sociales y culturales). Es un núcleo que no se puede perder nunca y no se puede discutir. La pregunta no es si hay que hacerlo, sino cómo lo amoldamos a las nuevas circunstancias.
-¿Qué incentivo tienen los ciudadanos para regirse por unos principios éticos que no asume una parte significativa de la clase política?
-Siempre se encuentran razones para ser éticos cuando se aprecia a los seres humanos porque valen por sí mismos y se toma conciencia de que es junto a otras personas con las que hay que conquistar la libertad, y que uno no puede ser feliz en un mundo de desgraciados. En cuanto a los políticos, es necesario elaborar una ley de reforma de partidos. Algunos estamos tratando de promoverlo a través de diversas plataformas civiles. En la Constitución se les da a los políticos poderes muy amplios, y luego su funcionamiento está siendo muy… deprimente.
-¿Qué propone para garantizar el ejercicio ético de la política?
-Los partidos políticos deberían cambiar internamente. Tienen que declarar muy bien sus fuentes de financiación y su funcionamiento interno debe ser democrático; se debería instaurar el sistema de listas abiertas (que sabemos que no es la solución del mundo, pero le quita fuerza a los aparatos), y a los partidos no se les debería permitir ganar elecciones desacreditando al contrario.
Movimiento 15-M
-Desde el punto de vista de la política ciudadana ¿Es justa la indignación de movimientos como el 15-M?
-El que no se indigna ante malas situaciones no tiene sentido de la justicia. Y en las circunstancias actuales, la indignación en España me parece una auténtica virtud moral. Una vez ya funciona como un motor, viene el momento del compromiso, y tiene que venir acompañada de propuestas concretas. Por medio de plataformas, recabando firmas para que una iniciativa pase a las Cortes, etcétera. También son necesarias las reivindicaciones dentro de ámbitos concretos, como la universidad o los hospitales, aunque a veces es lo más difícil.
-La reforma de la ley educativa ha tenido varios aspectos polémicos. Uno de ellos es que se le ha quitado peso a materias humanísticas y se han reorientado los estudios hacia el mercado laboral.
-En el primer borrador de la LOMCE se decía algo terrible: que la educación es la clave de un país para que la sociedad sea competitiva. En el tercer borrador han cambiado notablemente esta primera apreciación. Yo creo que el tono economicista de la ley es excesivo y tendría que saberse que la educación está para formar ciudadanos justos, personas que aspiran a la felicidad y profesionales y gentes de oficios competentes, responsables y honrados. En este sentido, las materias de humanidades son importantísimas, porque son las que indican hacia qué metas debería ir encaminada una sociedad, una profesión, cuál es el sentido de nuestra historia, etcétera. Han quedado especialmente lesionadas la filosofía y la ética, que era una asignatura que no molestaba a nadie, al pasar a ser una alternativa a la religión. No me parece bien, porque entiendo que todos los alumnos deberían aprender a construir una sociedad democrática con unos principios comunes, mientras que la religión debería ser optativa. Por otra parte, las tradiciones filosóficas son importantes porque nos ayudan a reflexionar, a tener capacidad critica y a no dejarnos convencer por dogmatismos y fundamentalismos.
-En este reparto de responsabilidades dentro de la sociedad actual, ¿cómo valora la actuación de los medios de comunicación en los últimos tiempos?
-Los medios son fundamentales en la sociedad democrática y deberían hacer el esfuerzo de convertir en noticia las cosas positivas de la vida cotidiana. Hay muchos padres que se desvelan por sus hijos, políticos y empresarios que lo hacen bien, pero lo extravagante y lo raro es noticia, y no ayuda a la sensación de desmoralización que se vive en España, que es totalmente perniciosa. Comprendo que es difícil convertir en noticia lo cotidiano, pero ahí debería estar el arte del periodista.

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